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Detalle del retrato de Archer M. Huntington, pintado en 1930 por José López Mezquita

Detalle del retrato de Archer M. Huntington, pintado en 1930 por José López MezquitaThe Hispanic Society of America

Huntington, el hispanista que «quería ennoblecer la cultura española en Estados Unidos»

Huntington empezó entrando en los círculos aristocráticos donde conoció al Duque de Alba o al mismísimo Alfonso XIII, del que se haría amigo

Un museo en Nueva York custodia la segunda biblioteca más importante del mundo dedicada a España, después de la Biblioteca Nacional. Detrás de este museo desconocido para muchos, se encuentra la figura de un mecenas visionario que dedicó su fortuna a «ennoblecer» la cultura hispana en suelo estadounidense: Archer M. Huntington. Para conocer la vida de este millonario discreto amigo de Alfonso XIII y Sorolla, converso con Patricia Fernández Lorenzo, socia Of Counsel en Derecho del Arte y Patrimonio Cultural de Ramón y Cajal Abogados. Además de abogada, es doctora en Historia, es profesora universitaria y autora de una exhaustiva biografía sobre Huntington. En el marco de las jornadas sobre El legado de España en Norteamérica, Fernández nos descubre cómo aquellas ideas de la Escuela de Salamanca influyeron después en los hispanistas como Huntington.

Patricia Fernández Lorenzo

Patricia Fernández LorenzoCasa de América

–¿Cómo llegan esas ideas de la Escuela de Salamanca y del hispanismo a esas trece colonias en el siglo XIX?

–Los hispanistas norteamericanos se fijaron en una serie de épocas de la historia española, pero no llegaron a tratar de manera específica la ayuda española a su independencia, ni siquiera se interesaron por el siglo XVIII español. Es decir, focalizaron su interés cultural e histórico en la época del siglo XV-XVI e incluso el siglo XVII a nivel de literatura, pintura. De hecho, hay una carencia absoluta de referencias en todos estos hispanistas a la España del XVIII. Los estudios de la Escuela de Salamanca no se plantean en la historiografía y en el hispanismo norteamericano hasta el siglo XX prácticamente.

–Ticknor y Huntington. ¿Cómo tratan ellos ese hispanismo?

–Por situarlo, en 1818 Ticknor es el primer profesor de la cátedra sobre literatura española y francesa en la Universidad de Harvard. Es la primera vez que en una universidad norteamericana se estudia académicamente el español o la historia de la literatura española. Es un momento imprescindible para entender cómo nace el hispanismo en Estados Unidos. Cuando se plantea el análisis de la literatura lo ven como un reflejo del pueblo español y utilizan la literatura como una lectura moral y, también, como un modelo en el que inspirarse para esa nación recién creada que busca modelos que imitar o evitar. España realmente en su mentalidad se convierte en un otro en el que mirarse.

–¿Quién era Huntington?

–Es un personaje sumamente interesante. Huntington es un hombre de finales del XIX, que nace y se cría en un ambiente de máxima opulencia. Es multimillonario por los negocios de su padrastro. No quiere dedicarse a los negocios familiares y decide dedicarse a la cultura española. Empieza a viajar por España, se queda fascinado y enamorado de esa España que ya habían reflejado esos hispanistas previos: Ticknor con la literatura, Washington Irving y el mito de la España romántica, Prescott y el analizado de la historia la conquista de México, etc. Influenciado por todos ellos, Huntington se dedica a traducir el Cantar de Mío Cid al inglés. Recorre los caminos por el norte de España que había recorrido el Cid, se empapa de toda esa España de finales del XIX. Tarda prácticamente seis años en traducirlo y lo publica en 1903.

Entonces se da cuenta de que hay un déficit en Estados Unidos para estudiar la cultura española. Quiere ennoblecerla en el sentido de que sea un objeto de estudio no folclórico sino algo mucho más serio. Por eso crea la Hispanic Society of America (Sociedad Hispánica de América) en Nueva York, un monumental museo dedicado a España y lo español. Creo que nadie ha hecho una cosa similar en toda la historia. También reúne una biblioteca increíble, la mejor biblioteca sobre la historia nacional fuera de España, de forma que cualquier estudioso que quisiese saber cualquier cosa de la historia, la literatura, el arte de España, tenía y tiene desde 1904 la posibilidad de acercarse y utilizarla. Luego crea un museo con obras de Velázquez, Goya y, por supuesto, Sorolla, pero en sus salas también alberga restos de excavaciones arqueológicas, rejerías, trajes, cerámica de Talavera…

–¿Se preocupó Huntington de investigar ese legado hispano en propio suelo americano?

–Algunas de las piezas más importantes que tiene son unos mapas de Américo Vespucio y recopiló todos los documentos colombinos que pudo. Tiene una concepción ibérica, es decir, incluye a Portugal, pero también a todas las repúblicas hispanoamericanas, que se habían independizado en el siglo XIX, e incluso Filipinas. Es decir, todos los lugares de habla española que hubiese en el mundo forman parte del interés suyo y están reflejados en la Hispanic Society.

–¿Cómo obtuvo todas esas obras de artes y objetos? ¿Fue un expolio o siguió ciertos trámites?

–Huntington expresa de forma clara en sus cartas que no va a comprar objetos o joyas, diríamos, del tesoro español dentro de España. Prácticamente todas las compras importantes, que están perfectamente documentadas, las realizada en Londres, París o Nueva York. Pero objetos de artes decorativas, rejerías, piezas de cerámica de Talavera, las compra en España, evidentemente, porque no estaba protegido en ese momento. No tiene nada que ver con William Randolph Hearst, que fue el gran expoliador. De hecho, Huntington consideraba que era un personaje deleznable desde su punto de vista, porque compraba todo sin ningún criterio. Huntington fue más respetuoso en ese sentido, en sus cartas hace referencia a la ley que prohíbe sacar todas las piezas de excavaciones arqueológica de 1911, y dice «ya no voy a poder comprar más piezas en España». Es decir, cuando era legal lo hizo, cuando ya era ilegal no lo hizo.

–¿Por qué crees que se desconoce tanto la figura de Huntington?

–Su legado es increíble, en términos de números y en términos de valor cultural. Pero es poco conocido porque era sumamente discreto. La Hispanic Society podía haberse llamado Huntington Gallery, como sucede con otros museos de Estados Unidos, pero nunca quiso poner su nombre a ningún museo. Creó y financió quince museos en Estados Unidos y España.

Luego era sumamente discreto con la prensa, no concedió entrevistas, no le gustaba que le identificasen. Solo concedió una entrevista en 1896, en el contexto de guerra entre España y Estados Unidos. Él estaba en España en aquel momento y un periodista le preguntó que le parecía la actuación de Estados Unidos en la guerra de Cuba. Huntington dio una respuesta muy favorable a España, que le valió una reprimenda importante en Estados Unidos, porque su padre era republicano. Con lo que se prometió a sí mismo que nunca más daría una entrevista, y nunca la dio.

–¿Hizo relación en España con artistas, aristócratas y literatos?

–Estudié su vida en España a través de las cartas y leí más de 500 cartas para identificar a sus amigos españoles y sus contactos. Huntington empezó entrando en los círculos aristocráticos donde conoció al Duque de Alba o al mismísimo Alfonso XIII, del que se haría amigo. Aunque a Huntington lo que le interesaba eran los intelectuales. Amigos suyos con los que se intercambia correspondencia y a los que visitaba: Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca; el doctor Marañón, que era su médico personal; Ortega y Gasset, al que financió algunas revistas; y artistas con Sorolla.

Ayamonte o La pesca del atún (1919). Este es el último de los 14 murales que Joaquín Sorolla realizó para la Hispanic Society de Manhattan.

Ayamonte o La pesca del atún (1919). Este es el último de los 14 murales que Joaquín Sorolla realizó para la Hispanic Society de Manhattan.

–¿Qué relación tuvo con Sorolla?

–Huntington ve la obra de Sorolla en 1908 en Londres, queda fascinado con esa luz y le invita inmediatamente a hacer una exposición monográfica en la Hispanic Society of America. En 1909 se inaugura una exposición de Sorolla que tiene tal éxito que la Hispanic Society está abierta de nueve de la mañana a once de la noche para dar una acogida a más de 160.000 visitantes en un mes. Se desata la Sorollomanía en Estados Unidos. Sorolla lleva allí 350 obras, vende más de la mitad, se hace rico y regresa a Madrid, donde construye la casa que es hoy el Museo Sorolla. Desde entonces comienza una relación de mecenazgo y amistad entre Huntington y Sorolla. La Hispanic tiene hoy en día más de 250 obras de arte solo de Sorolla. Al final, Huntington contribuye de una manera esencial a la internacionalización de la cultura española.

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