Ilustración que representa la entrega del Memorial de Greuges en 1885

Ilustración que representa la entrega del Memorial de Greuges en 1885GRUP EL PUNT

Historia

El fracasado intento nacionalista en el siglo XIX que plantó la semilla del catalanismo político moderno

La historia del Memorial de Greuges, uno de los episodios fundacionales del catalanismo político

El 10 de marzo de 1885, el Palacio Real de Madrid fue testigo de un evento que transformaría la relación entre la periferia de España y el centro. Nos referimos a la entrega que se le hizo al rey Alfonso XII de la Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña, que hoy se conoce como Memorial de Greuges («memorial de agravios»), y que se considera la primera formulación política del catalanismo ante el Estado español.

El citado Memorial destacó por su transversalidad. No fue obra de un solo partido, sino la respuesta de una sociedad civil que se sentía ignorada por el sistema de la Restauración de Antonio Cánovas del Castillo. En enero de 1885 la Lonja de Barcelona reunió a entidades muy contrapuestas como el Centre Català, la Academia de la Lengua Catalana, la Asociación Excursionista de Cataluña o Fomento del Trabajo Nacional.

Era una alianza entre la burguesía industrial y la intelectualidad catalanista. Los industriales temían que un tratado comercial de libre cambio con la Gran Bretaña destruyera el tejido fabril catalán. Por otra parte, los juristas e intelectuales veían con horror como el nuevo Código Civil centralizado amenazaba con borrar siglos de tradición jurídica propia.

El ideólogo del memorial fue Valentín Almirall Llozer, considerado el padre del catalanismo, que utilizó el documento para volcar la tesis que más tarde desarrollaría en su libro Lo Catalanisme (1886). Además, fueron autores intelectuales Mariano Maspons i Labrós, Joaquín Rubió i Ors, Alberto Rusiñol i Prats, Francisco de Paula Rius i Taulet, Ángel Guimerá i Jorge, Manuel Durán i Bas, José de Caralt Sala, o Jacinto Verdaguer Santaló.

¿Elementos irreconciliables?

El memorial argumentaba que España estaba compuesta por dos elementos supuestamente irreconciliables en su forma de gestionar lo público: el elemento castellano, de herencia árabe y centralista, propenso a la abstracción y la uniformidad, y el elemento catalán, de raíz latina y europea, pragmático, individualista y amante de la libertad concreta. Esta doble visión buscaba una España que aceptara su naturaleza plural para ser realmente fuerte.

Los agravios formulados tenían un origen: el Decreto de Nueva Planta que impuso Felipe V después de 1714. En resumen, eran tres: uno económico –exigían al Estado que mantuviera aranceles y denunciaban las políticas librecambistas de Madrid–, uno jurídico –defendía la vigencia del derecho civil catalán– y uno lingüístico, o cultural. El memorial presentaba el catalán como encarnación del espíritu del supuesto país.

La delegación que se trasladó a Madrid no buscaba un enfrentamiento con la Corona. Apelaban a la figura de Alfonso XII como árbitro por encima de las disputas de partidos. Mariano Maspons, el encargado de leerlo, llegó a sugerir una analogía con el Imperio Austro-Húngaro, donde un mismo monarca regía sobre distintos estados con leyes propias. Es decir, buscaban la Unión en la Diversidad frente al modelo de Estado-Nación francés que Madrid intentaba implantar. El texto, entre otras cosas, decía así:

No tenemos, Señor, la pretensión de debilitar, ni mucho menos atacar la gloriosa unidad de la patria española; antes por el contrario, deseamos fortificarla y consolidarla: pero entendemos que para lograrlo no es buen camino ahogar y destruir la vida regional para substituirla por la del centro, sino que creemos que lo conveniente al parque justo, es dar expansión, desarrollo y vida espontánea y libre a las diversas provincias de España para que de todas partes de la península salga la gloria y la grandeza de la nación española.

Lo que nosotros deseamos, Señor, es que en España se implante un sistema regional adecuado a las condiciones actuales de ella y parecido a alguno de los que se siguen en los gloriosísimos Imperios de Austria-Hungría y Alemania, y en el Reino Unido de la Gran Bretaña, sistema ya seguido en España en los días de nuestra grandeza.

Lo deseamos no sólo para Cataluña, sino para todas las provincias de España; y si en nombre de Cataluña hablamos, es porque somos catalanes y porque en estos momentos sentimos como nunca los males que el centralismo nos causa.

A fuerza de trabajo y privaciones sin cuento, nuestros industriales han creado una industria española que en cuarenta años ha progresado y alcanzado altísimo nivel. Esta industria viene siendo atacada de raíz de algunos años a esta parte, y últimamente lo ha sido y lo es por medio del tratado con Francia y del proyecto de modus vivendi con Inglaterra.

Señor: sólo la poderosa iniciativa de V.M., su alta sabiduría y el amor que profesa a nuestro país, puede poner remedio a nuestros males. Rogamos, pues, a V.M. que lo haga, seguro de que no han de faltarle las bendiciones del cielo, y la inmensa, la inmensísima gratitud de los hijos de Cataluña.

Si analizamos el memorial desde la perspectiva histórica, fue un fracaso. El rey Alfonso XII murió pocos meses después, el 25 de noviembre de 1885. La demandas del memorial no fueron atendidas por el gobierno de Antonio Cánovas del Castillo ni por Práxedes Mateo Sagasta.

En contrapartida, el Memorial de Greuges sacó al catalanismo de las tertulias literarias y lo llevó al corazón de la política estatal; proporcionó una base ideológica; y fue el antecesor de las Bases de Manresa de 1892.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas