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Estatua de fray Junípero Serra en el 'National Santuary Hall'

Estatua de fray Junípero Serra en el 'National Santuary Hall'Architect of the Capitol

Junípero Serra, a 10 años de su canonización: 10.000 km a pie y más de 1.400 indígenas bautizados

El 23 de septiembre de 2015, el Papa Francisco lo elevaba a los altares en Washington, pero la historia de fray Junípero Serra comenzó mucho antes, en un humilde pueblo mallorquín

Caminando siempre y a pesar de una cojera crónica, un sencillo fraile mallorquín recorrió miles de kilómetros en la costa del Pacífico, fundando misiones que serían semilla de ciudades como Los Ángeles, San Francisco y San Diego, y dejando un legado que todavía hoy marca la historia y la geografía del oeste estadounidense.

Se llamaba fray Junípero Serra, y su vida vuelve a resonar hoy, a diez años de que la Iglesia lo elevara a los altares en la capital del país, donde entregó hasta el último aliento, enseñando el nombre de Cristo y bautizando a más de 1.400 indígenas, a quienes siempre consideró «sus hijos».

De Petra a California

Nacido en 1713 en Petra, Mallorca, en el seno de una familia humilde, Junípero abrazó la vida religiosa a los 16 años. Tomó su nombre en honor a san Francisco de Asís y pronto destacó como maestro y estudioso, alcanzando doctorados en Teología y Filosofía. Su espíritu inquieto lo llevó, ya cercano a los cuarenta, a embarcarse rumbo a América en 1749 junto a veinte compañeros franciscanos.

Lo que siguió fue un camino de sacrificio y entrega: caminó desde Veracruz más de 500 kilómetros hasta la Ciudad de México, llegando a su capital un año más tarde y soportando una lesión que le acompañaría toda la vida. Posteriormente, dedicó casi una década a evangelizar a los indígenas pames en Sierra Gorda, enseñándoles agricultura, ganadería y oficios que transformaron su vida cotidiana.

Pero su misión más conocida comenzó tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Fray Junípero encabezó un grupo de dieciséis franciscanos rumbo a California para sustituirlos, donde fundó nueve misiones que serían la semilla de ciudades como Los Ángeles, San Francisco y San Diego.

A pesar de su dolencia y su cojera crónica, eso no le impidió recorrer por América casi diez mil kilómetros, siempre a pie. Consideró su lesión como un precio por todo lo aprendido en aquel largo periplo, que le permitió comprender mejor la Nueva España, donde desarrollaría su labor hasta el final de sus días.

17 días y 21 misiones

Fray Junípero Serra no solo predicó la fe cristiana; la llevó a la práctica con acciones concretas que transformaron la vida de los indígenas, a quienes llamaba «sus hijos». Les enseñó a cultivar productos mediterráneos como la vid, técnicas de labranza, carpintería y albañilería, además de otras actividades como tejer, guisar o leer y escribir.

Su dedicación fue total: aprendió con esfuerzo la lengua de los pueblos nativos y se volcó en ellos, combinando evangelización y civilización de manera única. Cada misión que fundó fue un centro de enseñanza y desarrollo, y hoy esas mismas misiones se convierten en estaciones del Camino de California, un recorrido que revive su historia y permite a los peregrinos a lo largo de 17 días recorrer 21 de las misiones ligadas al fraile mallorquín, caminando literalmente sobre sus pasos.

Las 17 etapas del Camino de California

Las 17 etapas del Camino de California

Fray Junípero Serra falleció en una de estas misiones que él mismo había fundado: la de san Carlos Borromeo, en Monterrey, el 28 de agosto de 1784, a los 71 años. Sus restos descansan allí, testimonio de una vida dedicada por completo a la evangelización y al bienestar de los pueblos indígenas que guio con fe, esfuerzo y pasión.

Canonizado por el Papa Francisco en 2015 en Washington, fray Junípero Serra se convirtió en el único español con estatua en el Capitolio estadounidense. Como dijo su biógrafo Salustiano Vicedo, fue una «figura colosal de la cátedra, el púlpito y las misiones».

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