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El secretario personal de Benedicto XVI, Georg Gänswein

El secretario personal de Benedicto XVI, Georg Gänswein, ante el cuerpo sin vida del PontíficeGtres

«Vi dolor en su corazón»: Gänswein revela el impacto de la restricción de la misa tradicional en Benedicto XVI

El que fuese secretario del Papa alemán asegura en una entrevista a il Giornale que Ratzinger sufrió al conocer la revocación de Summorum Pontificum

Con motivo del aniversario de la carta apostólica Summorum Pontificum,– emitida por el Papa Benedicto XVI el 7 de julio de 2007 por el que facilitaba la celebración de la misa tradicional en latín (conocida como rito tridentino o misa de 1962)– , el que fuera secretario personal de Benedicto y actual nuncio en los Países Bálticos, monseñor Georg Gänswein, ha roto su silencio sobre uno de los episodios más amargos de los últimos años del Papa emérito: la restricción de la misa en latín aplicada por el Motu Proprio Traditiones Custodes.

En una entrevista concedida al diario italiano il Giornale, Gänswein describe con crudeza el momento en que leyó a Ratzinger el contenido de Traditionis Custodes, el documento de 2021 que derogó de facto la liberalización del rito antiguo. «Cuando le leí el texto, vi que había dolor en su corazón», confiesa el prelado, subrayando que esa fue la impresión que le quedó de aquel momento.

Un puente hacia los jóvenes

Benedicto XVI promulgó la liberalización del rito tridentino en 2007 con la convicción de que la liturgia antigua tenía el poder de acercar a las nuevas generaciones. Según explica Gänswein, el objetivo de Ratzinger era «devolver la plena ciudadanía» a un rito que nunca había sido abolido y, sobre todo, «traer la paz a la liturgia».

El nuncio destaca que el movimiento litúrgico tradicional ha dado frutos notables, especialmente entre los jóvenes, citando como ejemplo el crecimiento constante de peregrinaciones como la de París-Chartres. Frente a las voces que acusan a estos fieles de ser «anticonciliares», Gänswein afirma: «No es verdad. Quien lo afirma se mueve solo por ideología». Para él, estos jóvenes simplemente se nutren de la belleza de una liturgia que ha sido vital para la Iglesia durante siglos.

A pesar de las resistencias que Benedicto XVI encontró en su día por parte de algunos obispos, el Papa bávaro siempre siguió adelante cuando estaba convencido de que algo era justo para la Iglesia. Gänswein además recuerda que el cisma de Lefebvre fue un «vulnus (herida o lesión en latín) a la unidad de la Iglesia» que causaba un sufrimiento personal a Ratzinger, quien en cierta forma buscaba con su gesto una integración interna satisfactoria.

A la luz de esa preocupación por la unidad, Gänswein lanza un llamamiento directo al asegurar que nos encontramos en el «kairos»—el tiempo propicio— para eliminar las prohibiciones actuales y superar lo que define como un «incidente» representado por las restricciones vigentes. El prelado aboga así por recuperar el espíritu de concordia litúrgica que Benedicto XVI intentó instaurar y evitar que la liturgia sea utilizada como un arma de polémica doctrinal.

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