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Álex Navajas
TribunaÁlex Navajas

La frase de Argüello que ha desquiciado al Gobierno tiene 1.600 años y es de una obra cumbre de la filosofía

«Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo y reparten el botín según la ley por ellos aceptada». ¿Algún parecido con la situación actual?

Act. 10 jul. 2026 - 16:57

San Agustín, autor de 'La ciudad de Dios'

San Agustín, autor de 'La ciudad de Dios'

No es monseñor Luis Argüello un polemista bronco que busca la confrontación y el debate. Tal vez, tras sus palabras de ayer durante la conferencia de clausura del Curso de Verano de la fundación Pablo VI, los que apenas le conocían puedan tener esa impresión, especialmente después de leer según qué titulares. Pero no; el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se caracteriza, precisamente, por su pensamiento sereno, estructurado, argumentado y abierto a la verdad. Ayer, cuando salió a impartir su conferencia, lo hizo sin papeles, y declaró a los que estábamos presentes: «Vengo a hablaros de lo que llevo en el corazón».

Y el arzobispo de Valladolid lleva en el corazón lo mismo que llevaba San Agustín, obispo de Hipona (en el norte de la actual Argelia), cuando contemplaba el lento e inexorable derrumbe del Imperio Romano, asediado por los visigodos de Alarico y las corruptelas internas. Eso fue lo que llevó al doctor de la Iglesia a escribir, entre los años 412 y 426 –se cumplen 1.600 años, por tanto– la frase que tanto ha escamado al Gobierno de Pedro Sánchez y que repitió ayer monseñor Argüello: «Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño?».

La cita se encuentra en el cuarto capítulo del libro IV de La ciudad de Dios, la magnífica obra filosófica y teológica de San Agustín, que se ha convertido en una de las cumbres del pensamiento universal de todos los tiempos. Bajo un epígrafe que ya es lo suficientemente elocuente –Semejanza entre las bandas de ladrones y los reinos injustos–, el de Hipona advertía sobre esas «bandas de ladrones»: «Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada». «Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda», agregaba.

Manuscrito de 'La ciudad de Dios', de 1470

Manuscrito de 'La ciudad de Dios', de 1470

«Con toda finura y profundidad le respondió al célebre Alejandro Magno un pirata caído prisionero. El rey en persona le preguntó: '¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje?'. 'Lo mismo que a ti –respondió– el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo con una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador'»: así concluía San Agustín el capítulo IV, sin desvelar cuál fue el destino del infortunado prisionero, aunque es fácilmente imaginable...

Monseñor Argüello es de pensamiento elaborado, poco proclive al titular breve, contundente, de digestión fácil. Por eso, esta misma mañana, de vuelta en Valladolid, ha respondido a los periodistas que le esperaban a la puerta de un acto que «me remito a mi intervención completa». No porque no piense que nuestro Gobierno se asemeja a la «banda de ladrones» de la que nos prevenía San Agustín (¿acaso no hay suficientes casos, imputados, comisionistas, enchufados, sentencias, tramas, investigados y personajes que aguardan su turno en el banquillo de los acusados?), sino porque esa corrupción no es exclusiva de los gobernantes, sino de todo aquel que ceda a sus cantos de sirena. «No me refería al Gobierno, me refería al Estado, incluyendo a los ciudadanos. Yo incluí en la cita de San Agustín y Benedicto XVI a los ciudadanos que no pagan impuestos, a quienes hacen facturas en negro, a quienes, en diversas otras relaciones de la vida económica o social, defraudan. O sea que, escuchemos, yo me remito a mi intervención completa», ha señalado.

Quizás sea un buen momento para desempolvar La ciudad de Dios y volver a leer lo que ya escribía San Agustín hace 1.600 años...

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