Agricultores en pie de guerra

La pregunta es ¿puede Europa quedarse al albur de los países no comunitarios cuando estamos hablando de las cosas de comer?

El mensaje de Fin de Año de la presidenta Prohens fue grabado en Son Quart, una explotación agrícola y ganadera dedicada a la producción de leche y la elaboración de quesos, situada muy cerca de Ciutadella, en Menorca. La elección de este lloc -así se denominan en aquella isla las fincas rústicas- no fue casual, ni mucho menos. Catalina Pons Seguí, titular de la explotación, es la primera mujer menorquina que dirige una finca de este tipo. Parece que cuenta, además, con el imprescindible recambio generacional, así que -en principio- debería avizorar un futuro de esperanza En Menorca, y también en Mallorca, todavía quedan personas empeñadas en vivir del campo y en el campo. No contemplan la agricultura y la cría y engorde de animales como un medio de subsistencia, ellos tienen una visión empresarial, la formación adecuada y una vocación que les une a sus ancestros personales y familiares.

Sin embargo, personas como Catalina Pons no lo van a tener fácil. Bien al contrario: sus dificultades, que ya no son pocas, van a acrecentarse si la Unión Europea no renuncia a sus objetivos de cara a la nueva Política Agraria Comunitaria (PAC) que ahora se está negociando y que tendrá vigencia desde 2028 hasta 2034. La noticia ha saltado a los medios de comunicación. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, tenía el propósito de reducir en cien mil millones de euros las ayudas que perciben los agricultores comunitarios. Una manifestación en Bruselas, a las puertas de la Navidad, la puso sobre aviso: el sector primario no está dispuesto a ser el chivo expiatorio del cambio de rumbo de la política europea debido, entre otras cosas, a la situación geopolítica internacional y al, según parece, imprescindible rearme de las potencias europeas. La manifestación del 18 de diciembre pasado tuvo el formato de un prólogo o, si lo prefieren, un prefacio. 2026 será un año de grandes movilizaciones agrarias en toda Europa y no solo por los recortes previstos sino por el nuevo formato que los burócratas de la UE están dando a la gestión de la PAC. Quieren crear una única y enorme partida de fondos que se destinarían directamente a los ministerios de Economía de los países miembros, dejando de lado a los interlocutores habituales, que eran los responsables de las carteras de Agricultura.

En Baleares las organizaciones agrarias, con 'Asaja' a la cabeza, están ya en pie de guerra. Joan Company, presidente de esta entidad, la más numerosa y potente de las islas, ha hecho números. De confirmarse las actuales expectativas, el sector primario balear dejaría de percibir cada año unos 10 millones de euros en ayudas europeas. El dirigente social se coloca la venda antes de la herida. «Si esto llega a ocurrir -me explicó- tendremos que buscar ese dinero en otra parte, tal vez en nuestra participación en la recaudación del Impuesto Turístico». Joan Simonet, conseller de Agricultura, conoce este asunto de primera mano. Por eso el pasado jueves convocó a todos los representantes del sector para informarles de la gravedad de la situación.

¿Por qué se comporta así la UE con el sector agrario? Es una tendencia que viene de lejos. Al pretender que Europa sea la campeona mundial del respeto al Medio Ambiente, hirieron de muerte a la agricultura productiva. Cierto es que somos el continente que menos contamina, pero eso tiene una explicación de Perogrullo: porque también somos el que menos produce.

La pregunta es ¿puede Europa quedarse al albur de los países no comunitarios cuando estamos hablando de las cosas de comer? Se llenan la boca con palabras como «seguridad alimentaria», pero si permiten que explotaciones como son Quart sean inviables, tendremos un grave problema: deberemos comer lo que nos manden desde fuera y en caso de guerra -dicen que la habrá- se producirían sin duda graves problemas de abastecimiento.

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