Fernando Luis Gracia Herréiz
Entrevista
Fernando Luis Gracia: «Desde fuera se ve claro: España es mucha España. Si los demás lo ven así, ¿por qué no nosotros?»
El comandante general saliente de Baleares defiende el prestigio del Ejército español, reivindica la tradición militar y sitúa al archipiélago como plataforma aeronaval clave en el Mediterráneo occidental
El 6 de marzo besó la bandera de España por última vez, y mañana domingo dejará el mando y pasará a la reserva tras 43 años de uniforme. Se cierra así la etapa militar de Fernando Luis Gracia Herreiz (Zaragoza, 1964) al frente de la Comandancia General de Baleares (COMGEBAL), cuatro años en los que ha inculcado la premisa de que «la excelencia no conoce atajos». Antes de partir, recibe a El Debate en su despacho del Palacio de la Almudaina de Palma, un lugar cargado de historia que, sin embargo, parece encogerse ante su naturalidad. Posa debajo del retrato del Rey Felipe VI —a quien define con lealtad como un «buen jefe»— y evita, con un gesto casi imperceptible, pisar la enorme y colorida alfombra de la Real Fábrica de Tapices que preside la estancia. Con ese carácter templado en la Legión, el general rehúye el dramatismo al hablar de su despedida: «Si lo haces, te derrumbas», admite. Prefiere marcharse con la idea sencilla de haber sido útil. Y vaya que lo ha sido.
-Usted suele definirse de una manera muy concreta. ¿Cómo se ve a sí mismo al cerrar esta etapa?
- Yo me defino —y lo hago con todo el convencimiento y profundidad de la palabra— como un buen soldado de infantería. Y no es poca cosa. Ser un buen soldado y ser de infantería significa sacrificio, compañerismo, compromiso, no rendirse nunca. Esos valores se impregnan en uno y marcan tu vida profesional. Así me voy: con la impresión de haber sido y de ser un buen soldado de infantería. Soldado con mayúsculas. No solo soldado de empleo, que también, sino un buen militar.
El comandante general de Baleares despidiéndose de las tropas este viernes
P- Ingresó en el Ejército en 1983. Son más de cuatro décadas de servicio.
- Ingresé como cadete en el año 83. Eso significa que llevo 43 años vistiendo uniforme. Se dice pronto. Y dan para muchísimo. Al final se trata de ir desarrollando tu vocación en los distintos niveles, hacer lo que te gusta y seguir los valores. A los jóvenes les diría que crean en ellos, que los desarrollen. A partir de ahí serán felices. He pasado por todos los escalones: teniente al mando de una sección de fusiles, capitán al frente de mi compañía, comandante en estados mayores, luego el mando de un batallón… Mando, responsabilidad, iniciativa, maduración. Y compromiso. Mucho compromiso. Si no te comprometes en esta profesión, no te apuntes.
- Cuando tomó posesión en 2022 afirmó que «la excelencia no conoce atajos». ¿Han alcanzado las unidades de Baleares ese nivel que exigía?
- Sí. Estoy tremendamente contento porque han avanzado muchísimo. Tenemos ahora mismo unas unidades —sobre todo el batallón de infantería y la unidad de ingenieros— en un nivel altísimo. Un regimiento espectacular, con estándares técnicos, pero también de motivación, comportamiento, valores y cohesión. Hemos trabajado mucho con los jefes de regimiento, los jefes de batallón y los oficiales. Y creo que hemos llegado a un nivel de excelencia muy importante. Son muy buenos. Muy buenos.
- Usted sirvió en el Tercio Primero de la Legión y en el Eurocuerpo. ¿Qué ha traído de esas dos experiencias a Baleares?
De la Legión me quedo con una manera de entender las relaciones entre las personas. Más cercana, más empática. Tiene que haber distancia de mando, claro, pero no distancia humana
- De la Legión me quedo con una manera de entender las relaciones entre las personas. Más cercana, más empática. Tiene que haber distancia de mando, claro, pero no distancia humana. Lo que caracteriza a un legionario es su capacidad de conectar con los demás. Eso me lo llevo sin duda.
Y de Europa aprendes mucho, pero también te das cuenta de que tienes mucho que enseñar. El Ejército español es muy antiguo. La tradición y la experiencia se transmiten de generación en generación. Cuando planteas a otros cómo enfocamos los problemas, cómo diseñamos soluciones, nuestra iniciativa y flexibilidad, les maravilla. Los británicos, por ejemplo, valoran mucho trabajar con españoles. Somos pragmáticos, directos. A veces eso choca al principio, pero luego dicen: «Como los españoles, al grano». Estamos muy bien considerados. Si me pone un ranking de ejércitos europeos, yo diría que Francia, Reino Unido y España somos los tres grandes. En este momento, España está en la punta de lanza, sin ninguna duda.
- ¿Cómo se vive el momento de despedirse de la bandera?
- No hay que pensarlo. Si lo piensas, te afecta. Me ha tocado despedirme muchas veces de gente extraordinaria. Si eres consciente de que es la última vez, te derrumbas. Yo me despido pensando que volveré mañana. Cierras una etapa profesional, sí, pero tu obra queda. Como nuestros padres cuando mueren: su obra sigue ahí. Me despedí el día 6 en acto militar en Jaime II. El día 8 ceso y me voy. Y no lo pienso, porque si lo piensas, te derrumbas.
- Ha defendido que ningún español debe sentirse forastero en ningún rincón del país. ¿Es el Ejército ejemplo de esa cohesión?
- Sin duda. En las Fuerzas Armadas siempre ha sido así. Cuando había tropa de reemplazo convivían personas de diferentes niveles sociales, localidades y mentalidades. Era un crisol. Aquí, entre el 30 y el 35% de mis soldados son mallorquines. También hay ibicencos y menorquines. El resto, andaluces, catalanes, madrileños… Y se llevan estupendamente. Se puede amar profundamente tu tierra sin dejar de amar lo que te rodea.
Baleares es una plataforma aeronaval de primer nivel en el Mediterráneo occidental y se enfrenta directamente a Argelia
Yo soy aragonés. No he dejado de sentirme aragonés, pero me he sentido profundamente mallorquín. Me voy sintiendo mallorquín. Y no tengo por qué renegar de nada. Como dijo Felipe González: «Si quieres saber lo que es España, tienes que separarte 3.000 kilómetros». Desde fuera se ve claro: España es mucha España. Si los demás lo ven así, ¿por qué no lo vamos a ver nosotros desde dentro?
- Ha impulsado la recuperación de las ruinas del Castillo de San Felipe en Menorca. ¿Por qué era importante?
- Porque las Fuerzas Armadas son herederas y depositarias de una gloriosa tradición militar. En Menorca tenemos uno de los pasajes históricos más importantes de nuestra historia reciente. El castillo de San Felipe empezó a fortificarse con Felipe II. Es una obra descomunal. La idea es poner en valor ese espacio y entender el puerto de Mahón en su globalidad: la Mola, San Felipe, el Lazareto, la Isla del Rey, Mahón… Estamos trabajando con el Consell y los grupos políticos para una ley de espacios singulares que dé seguridad jurídica y permita colaboración público-privada. Es una manera de hacerlo entre todos, con consenso, en beneficio de la ciudadanía.
- Para quien ve las islas sólo como destino turístico, ¿qué papel juega Baleares en la defensa del Mediterráneo?
- En los años 70 se hablaba del eje Baleares–Estrecho–Canarias. Tras la caída del muro de Berlín el Mediterráneo parecía un mar seguro y Baleares perdió peso relativo. Ahora, con el cambio de paradigma, vuelve a tener su sitio.
Baleares es una plataforma aeronaval de primer nivel en el Mediterráneo occidental y se enfrenta directamente a Argelia. El flanco sur no es sólo Ceuta y Melilla. Si se desestabiliza el Magreb, será desde Mauritania hasta Túnez. Canarias mira a Mauritania y Marruecos; Ceuta y Melilla, a Marruecos; y Baleares, a Argelia. Aquí es clave la acción conjunta: Armada, Ejército de Tierra y Ejército del Aire trabajando de la mano para asegurar que nuestros buques naveguen con seguridad y nuestros aviones protejan el espacio aéreo y el mar balear.
- Habla mucho de valores. ¿Qué sacrificio exige la vida militar?
- Es una profesión vocacional. Si te implicas y te comprometes, exige sacrificios familiares. Yo me he perdido la infancia de mis hijos. Así de claro. Pero lo asumes porque crees en los valores que sustentan esa vocación: espíritu de sacrificio, compañerismo, lealtad, honor, responsabilidad.
Yo me he perdido la infancia de mis hijos. Pero lo asumes porque crees en los valores que sustentan esa vocación: espíritu de sacrificio, compañerismo, lealtad, honor, responsabilidad
Y amor a la tropa. Amar profundamente a los tuyos y dejarte la vida por ellos. Si crees en eso, tienes una vida profesional plena y terminas con la satisfacción del deber cumplido.
- ¿Qué supone para la moral de la tropa la cercanía con el rey Felipe VI?
- Primero, porque según la Constitución es nuestro jefe supremo. Y segundo, porque además es un ejemplo de trabajo, profesionalidad y compromiso. Cuando tienes un jefe tan bueno, la gente quiere estar a su lado. Un buen jefe siempre te hace mejor.
- Ahora pasa a la reserva. ¿Cómo afronta esta etapa?
- Paso a la situación de reserva hasta 2029, cuando me retiraré definitivamente. Puedo ocupar alguna vacante si surge. Pero, esté donde esté, un militar lo es toda su vida. Un jubilado militar pierde su condición administrativa y recupera derechos civiles como la libertad de expresión o la afiliación política. Pero mantiene el título de militar retirado. ¿Eso a qué obliga? A seguir siendo ejemplo. Cuando esté jubilado dirán: «Este señor es militar». Y eso implica responsabilidad.
- Si tuviera delante a un recluta recién jurado, ¿qué le diría?
- Que tenga ilusión. Que se deje llevar por el corazón. Alistarse no es elegir entre un café con leche o un cortado. Es una elección de vida. Que sigan ese gusanillo que les llevó al Ejército.
Cuando esté jubilado dirán: «Este señor es militar». Y eso implica responsabilidad y seguir dando ejemplo
Que se empapen, que aprendan, que se fijen en lo bueno. Lo mejorable, que lo digan para cambiarlo. Y que se sientan parte del proyecto. Esto es un engranaje con piñones grandes y pequeños. Yo soy el piñón grande, pero si falla uno pequeño, no funciona igual. Cada soldado es capitán general en su empleo. Porque de ellos depende todo.
- ¿Qué ha significado Baleares en su carrera?
- Ha sido uno de los destinos más bonitos de mi vida militar. La plenitud de mando en un territorio insular, separado de la península, con una percepción distinta. No sólo se trata de mejorar técnicamente las unidades sino de que la sociedad balear sienta sus Fuerzas Armadas como un valor añadido de seguridad y acogimiento. Eso es lo mejor que se puede hacer.
- ¿Ha notado más vocaciones en estos últimos años?
- Sí, y eso va unido al boca a boca. Si creas un proyecto de éxito, la gente se apunta. Si la unidad es atractiva y funciona bien, vienen. La excelencia genera buena prensa, la buena prensa genera boca a boca, y del boca a boca nacen las vocaciones. Y ahora hay mucha gente que se alista sin tradición familiar militar. Eso significa que estamos impregnados en la sociedad. Es un éxito.
- Para terminar, ¿con qué imagen se queda?
- Recuerdo las primeras maniobras en Chinchilla. Les dije a mis soldados: «Sois muy buenos y todavía no lo sabéis». Me miraron raro. Con el tiempo me dijeron: «Efectivamente, mi general, éramos buenos y no lo sabíamos».
-Gracias por su guardia, general.
- Yo me conformo con haber sido útil. Si hemos podido dar sensación de utilidad, me voy contento.