La directora insular de la Administración General del Estado en Ibiza y Formentera y el presidente del Consell de Formentera
Crisis migratoria
Formentera exige al Gobierno acelerar las pruebas a los menores no acompañados para evitar peleas con adultos
La presión de la ruta migratoria Argelia-Baleares, la que más crece en España, desborda el sistema de tutela en Ibiza y Formentera
La presión migratoria en Ibiza y Formentera sigue aumentando y las instituciones insulares empiezan a lanzar mensajes de alarma cada vez más contundentes. El presidente del Consell de Formentera, Óscar Portas, ha reclamado este martes a la Delegación del Gobierno en Baleares que se agilicen las pruebas de verificación de edad a los menores inmigrantes no acompañados que llegan a la isla, en un momento en el que los sistemas de tutela de ambas instituciones están desbordados.
La petición se produce en pleno auge de la ruta migratoria entre Argelia y Baleares, la que más está creciendo en España. La puerta no reconocida de Europa. La llegada constante de pateras a las Pitiusas está situando a los consells insulares en una situación límite, sobre todo a Formentera que no es competente en la tutela de los menores que viajan solos pero que, de facto, recibe día sí, día también y debe asumirlos.
Convivencia entre adultos y menores
Portas ha trasladado esta preocupación durante una reunión con la directora insular de la Administración del Estado en Pitiusas, Raquel Guasch, en la que se ha abordado el impacto que está teniendo la llegada de inmigrantes en la gestión insular. El presidente insiste en que los procesos de determinación de edad deben resolverse con rapidez y con criterios rigurosos desde el primer momento. Básicamente, porque uno de los principales problemas que están detectando los responsables de los recursos de acogida es la convivencia entre menores y personas adultas dentro de los mismos edificios. Esta situación, señala el responsable del gobierno insular, está generando tensiones constantes y complica todavía más la gestión de unos centros que ya operan al límite.
Actualmente, el Consell de Formentera tutela a 143 menores extranjeros no acompañados. Desde el inicio de año y hasta este lunes han llegado 30 a la isla, frente a los 20 registrados en el mismo periodo de 2025. Para la institución, el dato confirma que la presión migratoria sigue aumentando desde las primeras semanas del año.
La situación es aún más delicada si se tiene en cuenta la estructura de la isla. Formentera no dispone de un centro de menores propio, por lo que el Consell se ve obligado a trasladar a muchos de los jóvenes a otras islas o a la península, con un impacto económico y logístico considerable para una institución cuyo presupuesto ronda los 49 millones de euros.
En conjunto, los consells de Ibiza y Formentera se hacen cargo ya de cerca de 300 menores extranjeros no acompañados llegados en patera. La cifra ha tensionado hasta el extremo el sistema de protección de ambas islas, obligando a ampliar recursos de urgencia y a externalizar parte de la atención.
Peleas y reyertas en Ibiza y Formentera
La saturación empieza además a reflejarse en problemas de convivencia dentro de los centros. Esta misma semana se produjo en Formentera una pelea multitudinaria entre varios menores, la mayoría de origen argelino, en el centro provisional donde permanecen hasta ser trasladados a otros puntos de Baleares o de la península. Aunque no hubo heridos, fue necesaria la intervención de la Policía Local.
Pocos días antes, el centro Padre Morey de Ibiza fue escenario de otro altercado violento en el que se vieron implicados 28 menores. Durante el enfrentamiento resultó herida una trabajadora del centro que trató de mediar en la pelea, y la Guardia Civil tuvo que intervenir para restablecer el orden.
Para los responsables insulares, estos episodios son el síntoma de un sistema tensionado por una presión migratoria creciente y sostenida en el tiempo. Por ello, desde Formentera reclaman acelerar las pruebas de determinación de edad y reforzar los mecanismos de respuesta del Estado ante una ruta migratoria que no deja de crecer y que está colocando a las instituciones insulares al borde de su capacidad.