La madre temía por la vida de sus hijos y la suya

La madre temía por la vida de sus hijos y la suyaGetty Images

Mallorca

Palizas, hambre y control: a prisión un argelino por maltratar a su mujer y tres hijos

La alerta de los profesores en el colegio y la insistencia de la educadora social fueron determinantes para rescatar a la familia

En aquella casa no había comida. Hablar con la madre a solas era casi imposible, todo estaba condicionado por la vigilancia del padre. Cada entrevista con los servicios sociales representaba una odisea. La educadora del ayuntamiento veía indicios de maltrato por todos lados y así se lo trasladó a la Guardia Civil, que tomó las riendas del caso y acabó deteniéndolo. El hombre, un argelino de 59 años, ha ingresado en prisión a la espera de juicio.

Su historia comienza hace algunos años cuando él llega a la isla y comienza a trabajar en distintas labores hasta que consigue un empleo de mecánico en Montuïri, una pequeña localidad del centro de la isla. Con trabajo y una razonable estabilidad, el hombre solicita el reagrupamiento familiar para traerse a España a su mujer y sus tres hijos —dos niñas de 10 y 14 años y un niño de ocho—. Lo consigue. El proceso arranca en 2024 y un año después, los niños ya acuden al colegio en Maria de la Salut, el municipio en el que viven los cinco.

Y es ahí, en el centro escolar, donde salta la primera alarma. La hija mayor empieza a contar que en casa no están bien. Asegura que su padre trata mal a su madre e insiste en que alguien vaya a la vivienda. Los profesores trasladan la preocupación y el caso entra en el radar de los servicios sociales, que comienzan a hacer seguimiento.

Agresiones, hambre, control

A partir de ahí, todo avanza con dificultad. Cada intento de hablar con la madre sin el marido delante se convierte en un problema. Él está siempre presente o pendiente, controla sus horarios, movimientos o sus conversaciones. Según se va sabiendo después, la mujer apenas puede salir sola de casa más allá de llevar o recoger a los niños del colegio. Incluso entonces recibe llamadas constantes o videollamadas para comprobar dónde está y cuánto tarda. No hay respiro.

Cuando la educadora consigue acceder a la casa sin él, la mujer comprueba dos extremos preocupantes: no hay comida por ningún lado y el patio está hasta arriba de bolsas de basura.

Los niños dicen que tienen hambre. Su padre, cuentan, les recorta el alimento y el dinero. Por supuesto, no deja a la mujer comprar según ella considere ni le permite sacar la basura al contenedor, de ahí la acumulación de inmundicia en una casa con niños.

Y, además del control, están los golpes. La madre y los menores acaban relatando agresiones frecuentes. Bofetones, puñetazos, insultos. La hija mayor cuenta que en una ocasión le rompió el labio de un golpe en la cara.

Ese miedo es constante y explica muchas cosas. Explica por qué la mujer se resiste a denunciar, incluso cuando ya hay intervención institucional. Explica por qué durante semanas lo único que pide es salir de la casa con sus hijos.

Intento de aparentar normalidad

Mientras tanto, el hombre intenta sostener una apariencia de normalidad. Cuando sabe que puede haber una visita, compra comida y prepara la escena. Pero ya es tarde, las piezas no encajan. Los testimonios de los niños, la insistencia de la hija mayor, lo que ha visto la educadora y lo que empieza a admitir la madre terminan de dibujar un cuadro claro.

El 17 de marzo, durante una revisión médica de los dos menores más pequeños, la hija mediana vuelve a hablar. Dice que su padre les pega a todos y que apenas comen. La madre lo confirma. Al día siguiente, 18 de marzo, había una cita en el colegio para seguir abordando la situación. La mujer acude, pero mantiene su negativa a denunciar. Tiene miedo. Lo único que pide es irse.

Ese mismo día, la intervención se acelera. La Policía Local la traslada, junto a sus hijos, a un centro de acogida. La Guardia Civil asume el caso y detiene al hombre. En su declaración, niega los hechos. Dice que su familia es feliz, que nadie está retenido, que pueden salir cuando quieran. Intenta restar importancia a lo ocurrido y lo atribuye a problemas con la hija mayor.

La jueza no se cree nada y lo manda a prisión. Apunta en su auto que la cárcel servirá para proteger a la mujer y a sus hijos de un padre maltratador.

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