El expolicía local de Son Servera durante el juicio en la AudienciaEUROPA PRESS

Fin a 500 días de fuga en Tailandia después de arrancarse la pulsera antimaltrato: cae el policía condenado en Mallorca

La facilidad con la que se quitó la pulsera telemática antimaltrato le abrió la puerta a una huida de más de un año y medio al otro lado del mundo. Julián C., ex policía local de Son Servera, un municipio del noreste de Mallorca, acababa de ser condenado a siete años y medio de prisión por intentar matar a su mujer estrangulándola con un fular cuando decidió desaparecer. Lo consiguió. Abandonó España, puso miles de kilómetros de distancia entre él y la Justicia y se refugió en Tailandia. Pero su fuga ha llegado a su fin. Hace unos días fue detenido en el aeropuerto de Madrid nada más aterrizar procedente de Asia y ya duerme en prisión. Así termina la historia de uno de los fugitivos más buscados por las autoridades españolas en Baleares.

La historia judicial de Julián C. se remonta al 8 de marzo de 2018, precisamente el día en que se conmemora "a la mujer». Aquella tarde etsaba en casa con su esposa y el hombre explotó en ira cuando su pareja le dijo que se iba con sus amigas. El entonces policía se negaba, no quería que la mujer saliese, así que empezó a insultarla y golpearla con muchísima violencia. No satisfecho, la arrastró por toda la casa utilizando el fular que ella llevaba al cuello hasta llevarla al dormitorio. Allí la arrojó sobre la cama y comenzó a apretar la prenda alrededor de su cuello. Los magistrados consideraron acreditado que actuó con una «clara intención de acabar con su vida». La víctima le suplicaba que parara porque no podía respirar, pero él continuó apretando con más fuerza. La mujer logró resistir y, tras forcejear y propinarle varias patadas, consiguió escapar momentáneamente. Pero no duró mucho, unos instantes después, la agarraba de nuevo para emprenderla a puñetazos, esta vez, además, esgrimiendo una navaja para amenazarla. Después de aquello, la mujer sufrió secuelas físicas y psicológicas.

Pues bien, los hechos llegaron a juicio y la Audiencia Provincial le condenó a siete años y medio de prisión por homicidio en grado de tentativa. El tribunal también apreció la agravante de discriminación por razón de género al entender que la agresión estuvo motivada por una concepción de dominación sobre su pareja. De hecho, le impuso la instalación de una pulsera antimaltrato para evitar que se le acercase.

Pero Julián no llegó a entrar en prisión.

Huida a Tailandia

Aprovechó la circunstancia de que la condena no era firme para escapar. A finales de diciembre de ese mismo año se quitó la pulsera telemática que llevaba encima y se largó de la isla el 30 de diciembre. Un amigo suyo confesaría después a la Guardia Civil que él mismo lo había llevado al aeropuerto. Llevaba sólo una mochila y el pasaporte. Suficiente para tomar un vuelo a Bangkok, con escala en Schwechat, en Austria.

Los investigadores reconstruyeron rápidamente sus movimientos y concluyeron que había abandonado Españ, lógicamente, para evitar su inminente ingreso en prisión. La Fiscalía actuó de inmediato y solicitó a la Audiencia Provincial que se decretara su búsqueda y captura, así como su ingreso en prisión en cuanto fuese localizado. La acusación particular, ejercida en representación de la víctima, se sumó a esa petición.

Mientras tanto, Julián C. comenzaba una nueva vida al otro lado del mundo. Durante meses permaneció en Tailandia, a más de 10.000 kilómetros de Mallorca, convencido de que la distancia le permitiría escapar de las consecuencias de una sentencia que le atribuía un intento de asesinato machista. Entretanto, la Justicia seguía avanzando. En marzo de 2025 el Tribunal Superior de Justicia de Baleares confirmó íntegramente la condena de siete años y medio de prisión impuesta por la Audiencia, reforzando así la obligación de cumplir la pena.

Cooperación internacional

A medida que pasaban los meses, la situación del fugitivo se fue complicando. Las autoridades españolas impulsaron los mecanismos de cooperación internacional para tratar de localizarlo y lograr su entrega. Incluso las autoridades tailandesas llegaron a reclamar documentación adicional sobre la condena dictada en España para completar los trámites necesarios.

Sin embargo, el desenlace no llegó por una detención en una operación policial ni por una entrega forzosa. Según las fuentes consultadas, fue el propio Julián C. quien acabó renunciando a seguir escondido. Después de más de un año y medio fugado, cansado de su situación y con dificultades para renovar su pasaporte y regularizar su estancia en el extranjero, decidió regresar a España.

Su intención era volver a Mallorca, pero nunca llegó a alcanzar su destino final. Cuando aterrizó en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, en Madrid, los sistemas policiales detectaron de inmediato que sobre él pesaba una orden internacional de búsqueda y captura. Los agentes lo interceptaron nada más pisar suelo español. La fuga había terminado.