Imagen del yate
El insólito caso del yate okupa de Mallorca: 43 días en un amarre que no era suyo
Cuando parecía que en España ya se habían agotado todas las variantes posibles de la okupación (pisos, chalets, garajes, locales, entidades bancarias, azoteas...), llega Mallorca y nos sorprende con una nueva modalidad: la del yate okupa. No hablamos de un barco abandonado, sino de una embarcación de lujo de 30 metros de eslora, el Blue Infinity One, que ha permanecido durante 43 días ocupando un amarre que no le correspondía en una de las zonas más exclusivas del puerto de Palma. Una muestra más de la enorme impunidad que reina en este país.
El yate había llegado a Palma para participar en el Palma International Boat Show (el nombre moderno para denominar al Salón Náutico de toda la vida), considerado uno de los principales eventos náuticos del Mediterráneo. Como el resto de participantes, disponía de un espacio temporal durante la celebración del certamen. El problema surgió cuando el evento terminó y el Blue Infinity One no dejó el atraque que debía dejar libre para otros clientes. Según la información publicada por Gaceta Náutica, el barco permaneció amarrado durante semanas sin contrato con la marina y acumulando una deuda por la ocupación del espacio. Entretanto, algunos miembros de la tripulación continuaban residiendo a bordo, convirtiendo la embarcación en una suerte de vivienda flotante instalada en una plaza que ya no tenía derecho a ocupar.
La situación provocó un auténtico quebradero de cabeza para los gestores de la marina Moll Vell. El amarre estaba reservado para otros clientes y la permanencia irregular del yate obligó a reorganizar continuamente la distribución de embarcaciones en pleno arranque de la temporada náutica. El 'efecto okupa' de cualquier establecimiento trasladado al mar.
Durante este tiempo, cuenta Gaceta Náutica, se sucedieron las explicaciones para justificar la permanencia de la embarcación: problemas administrativos, incidencias relacionadas con el seguro y dificultades vinculadas a su registro bajo pabellón maltés... Razonamientos (¿excusas?) de todo pelaje que, al final, dejan el mismo sabor de boca que el resto de la historia de okupas. El de alguien que está en un sitio que no le pertenece, quitando el espacio a otro. El dato diferenciador de otros okupas es que, tras 43 días de ocupación irregular, el propietario sí abonó las cantidades pendientes y la embarcación se fue de Palma.
Inseguridad jurídica
Se fue, sí, pero dejó tras de sí un grave perjuicio operativo y de imagen de cumplimiento de la legalidad. Para empezar, que la plaza ocupada ya estaba comprometida para otro cliente, lo que obligó a recolocarlo en un amarre alternativo que a su vez obligó a mover a otros. Efecto dominó, que relata el digital especializado, a la vez que subraya la inseguridad jurídica que anuncia esta historia. Desde Moll Vell advierten de que podrían haberse enfrentado a reclamaciones de clientes con reservas confirmadas que no hubieran podido utilizar el amarre contratado por culpa de la ocupación irregular. «Estos barcos de gran eslora tienen más abogados que tripulantes», ironiza el gerente de la marina en Gaceta Náutica.
La marina también cuestiona el papel de la Autoridad Portuaria de Baleares. Según denuncia, el régimen concesional obliga a liberar amarres para la celebración del salón náutico, pero no existen mecanismos suficientemente eficaces para garantizar que esos espacios sean devueltos una vez finalizado el evento. Por este motivo, la dirección del puerto estudia presentar una queja formal para reclamar cambios que impidan que una situación semejante vuelva a repetirse en futuras ediciones.