La imagen publicada de nuevo por Balti Picornell en X.

La imagen publicada de nuevo por Balti Picornell en X.Balti Picornell

'Balti', el carpintero de Podemos que «no entendía» al Rey pero domina el insulto contra Vox

La deriva del expresidente del Parlamento balear que fingió no entender el español frente a Felipe VI e irá ante el juez por llamar «puto nazi» al diputado Jorge Campos

Hubo un tiempo en el que para ser la segunda autoridad de una comunidad autónoma se requería, al menos, cierto decoro institucional. Pero llegó la nueva política de Podemos y trajo a Baltasar Balti Picornell, un carpintero metálico de Felanitx e hijo predilecto de la carambola.

Podemos lo aupó al trono de la Cámara balear un 14 de febrero de 2017 porque era lo que quedaba en el escaparate tras el naufragio de su predecesora Chelo Huertas. Él se plantó melena al viento, zapatillas y un republicanismo de pancarta.

Su relación con el Rey Felipe VI fue un sainete en varios actos. El día que le tocó subir la escalinata del Palacio de la Almudaina en los tradicionales despachos institucionales de don Felipe en la isla, Balti se presentó ante el Rey con vaqueros y Converse. Para sorpresa de los cronistas, en ocasiones señaladas como el Día de las Baleares, llegó a lucir corbatas —lilas o negras-, según el humor de la casta.

Pero el gran momento de gloria —o de bochorno, según se mire— llegó con la palabra. Picornell, que no perdía ocasión para recordarle al Monarca que no habría democracia mientras «bajo las carreteras de vuestro reino» hubiera muertos, terminó perdiéndose en el laberinto del lenguaje. Tras una audiencia en la que salió a contar a los periodistas una versión muy particular (y convenientemente tergiversada) de lo que el Rey le había dicho en la tradicional recepción estival, el de Podemos se vio acorralado por la realidad y tuvo que rectificar. Su excusa: «Es que no sé hablar bien castellano».

Balti confesó, sin que se le moviera un pelo, que su capacidad de expresión en la lengua de Cervantes era «bastante limitada» y que por eso no había entendido —o había entendido lo que le dio la gana— las palabras de Felipe VI.

Su paso por la presidencia fue un visto y no visto de camisetas reivindicativas y frases lapidarias como en una entrevista donde despachó que «lo mejor que podría hacer el Rey es marcharse de España». Al final, la profecía se cumplió, pero al revés: el que se marchó fue él.

Una fijación en Jorge Campos

Desde el exilio político -se dio de baja de Podemos-, su última hazaña le ha llevado directamente a los juzgados de Vía Alemania de Palma, donde próximamente está citado para dar explicaciones ante un juez. El motivo es su fijación con el exlíder de Vox en Baleares y hoy diputado en el Congreso, Jorge Campos, a quien Picornell ha dedicado perlas de tan alta intensidad democrática como «puto nazi» haciéndose una foto en una pintada que rezaba ese mismo insulto.

Una «gracia» que ha repetido con insistencia hasta que le ha valido una querella por parte del de Vox. Ante la citación judicial, el expresidente del Parlament no ha perdido el estilo (el suyo, se entiende) y se ha despachado en redes sociales advirtiendo a los «medios fachuzos» de que no busquen tramas oscuras, quejándose de paso de que el dirigente de Vox es un personaje de «piel fina». Que no es para tanto lo de puto nazi.

En este último episodio ha contado con el palmeo de sus antiguos socios nacionalistas de Més, que con superioridad moral se han apresurado a decir que entre la «buena» y la «mala» gente, ellos siempre estarán en el equipo del carpintero. Sin duda, ha replicado Campos, «siempre estáis en el equipo de quienes señalan objetivos a eliminar. Por eso sois socios del brazo político de ETA», refiriéndose a Bildu. Parece que para los nacionalistas la «buena gente» es la que necesita un juzgado para aprender que la libertad de expresión no es una lija para pulir la dignidad del adversario.

Ahora, ya en condición de investigado y tras escurrir el bulto ante el juez esta misma semana, el personaje ha preferido insistir en la provocación. Balti volvió a buscar los focos recreando la instantánea de la discordia: llamando «puto nazi» a Jorge Campos, mientras su abogado, le reía las gracias.

Balti vuelve a las andadas y demuestra que para algunos la nueva política no era más que el viejo rencor de siempre, sólo que con peor sintaxis.

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