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Cubierta de Un retrato para el Rey

Imagen de la aparición al fondo de Las meninas de Velázquez

Entrevista a Raúl Cebrián Aroca

El increíble hallazgo de un fantasma en 'Las meninas' de Velázquez que cambia por completo su significado

El arquitecto Raúl Cebrián Aroca es el autor del sensacional ensayo Un retrato para el rey (Abada, 2026), un trabajo de cinco años que comenzó con una observación casual y hoy es un descubrimiento artístico e histórico sin precedentes

Esta es una historia propia de Indiana Jones, pero es real y no es Indiana Jones, sino el arquitecto Raúl Cebrián Aroca, autor de Un retrato para el rey (Abada, 2026), un ensayo sobre Las meninas que trata de demostrar que hay una confusión histórica que impide comprender el gran cuadro de Velázquez.

Lo que hay en este trabajo de cinco años asombrará y encantará al lector. Una obra donde hay, además del hallazgo impresionante a través de los mil detalles de las sutilezas del genio Velázquez puestas a la vista, incluso excelentes proyectos de películas, desde la de la vida de Felipe IV, un rey fascinante, hasta la propia vida plena de Velázquez, artista total, amigo del monarca e importante figura política.

Cubierta de Un retrato para el Rey

Cubierta de Un retrato para el ReyAbada Editores

–¿De dónde y cuándo surge el interés por encontrar el mensaje oculto de Las meninas?

–Pues surgió de una forma casual. Realmente, como explico en el libro, estaba ayudando a mi hija en un trabajo escolar y para crear o sembrar en ella el interés sobre una obra tan paradigmática, le dije que había un secreto guardado en el cuadro que todavía nadie había descubierto. En mi subconsciente se quedó esta historia y puse el cuadro como fondo de pantalla y vi y sentí que aquella imagen y figura del fondo no era lo que nos habían explicado, sino una aparición. Y empecé a buscar, a investigar. Se convirtió en un reto, una misión donde se te ofrece la posibilidad de encontrar algo, de contar algo distinto.

Raúl Cebrián Aroca durante su entrevista en El Debate

Raúl Cebrián Aroca durante su entrevista en El DebateVictoria Weil

–Resulta emocionante pensar que Felipe IV tuvo Las Meninas para sí solo en sus estancias privadas durante años y fue el único que veía el cuadro a diario, un cuadro para soportar sus tribulaciones....

–Tenía muchos problemas personales, porque era consciente de sus pecados y de su incapacidad de conseguir la gracia de Dios, y también la de sostener el imperio que había heredado. No tenía un sucesor claro y las crisis se sucedían por todos lados. El cuadro es una especie de obra teatro o un auto sacramental pictórico, para que él protagonice también ese futuro inmediato que le está esperando y le invita a que tome una decisión, que no se quede parado y que reaccione.

Yo cuestiono que el personaje del fondo del cuadro sea el aposentador de la Reina, José Nieto, para mí su imagen es una aparición

–La vida de Velázquez, un hombre tan culto, con tantas experiencias extraordinarias que tan delicadamente aborda en el libro, Es digna de admiración y de película. No se le hace justicia.

–Era un genio. En cada pincelada tenía varias intenciones. Lo analizaba muchísimo todo. Le llamaban lento, pero era un genio. Tenía esa parte del cerebro que ahora sabemos que existe, que es el uso fusiforme, el giro fusiforme con el que se es capaz de de entrar en el interior de las caras solo con su fisonomía, con los gestos. Desde el principio siempre captaba la psicología de la persona y era capaz de transmitir esa psicología a sus retratos con sutilezas, con poses, con, por ejemplo, un guante que se descoloca más dejado que otra cosa, una gorra mal colocada, mil cosas. Y por supuesto una vida interesantísima. Una primera etapa en la que llega a la Corte por pintor, por sus habilidades personales como genio, pero luego pasa a ser también un embajador del propio rey ante Inocencio X. Estaba, además, en la primera línea de la política.

Raúl Cebrián Aroca en El Debate

Raúl Cebrián Aroca en El DebateVictoria Weil

–¿Por qué presupone una confusión histórica con el significado de Las meninas?

–Siempre que se nos enseñan los personajes de Las Meninas se basan en lo que escribió Antonio Palomino en una especie de enciclopedia que hizo un compendio de todos los pintores españoles. Era también pintor y tratadista y nos definió una serie de personajes, incluyendo al personaje del fondo del cuadro, que dijo que era don José Nieto, el aposentador de la reina. Lo que yo pongo en duda es que a lo mejor estamos viendo la obra de Velázquez con un patrón que nos impide llegar a una segunda lectura que sabemos que toda obra del barroco tiene, como sucede con Las hilanderas, cuyo significado segundo si está descubierto.

Las meninas de Velázquez

Las meninas de Velázquez

Quería plantear que hay un error en esa ecuación de partida, que es la identidad de ese señor al que doy otra identidad, pues permite llegar de una forma más o menos natural a otro significado que tiene sentido en el contexto histórico y en el contexto personal de Felipe IV, e incluso es capaz de meterse dentro de un género estilístico que yo acuño como auto sacramental pictórico.

'Las meninas' es un retrato para un amigo (el Rey Felipe IV) que necesita ayuda

–Hay muchas aportaciones en este libro que deberían ser consideradas desde el punto de vista artístico o museístico. ¿Ha habido alguna reacción al libro en este sentido?

–Por la parte académica de la Historia lo ven interesante. Me falta llamar a la puerta del Museo del Prado y que alguien lo lea , lo ponga en cuestión o lo critique. Algo que todavía no se ha producido.

–Hay fantasmas en Las Meninas o un fantasma, lo cual resulta emocionante y asombroso descubrirlo 400 años después, porque nadie había pensado en esa idea en un cuadro que es un regalo para su amigo el Rey.

–Sí. Es un retrato para un amigo que necesita ayuda. Y él, con sus mejores armas, las de la pintura, ofrece más empatía que un consejo de palabra. Él hizo una de las obras maestras de la pintura para aconsejar a su amigo. Lo importante que era transmitirle al Rey ese momento clave que podía haber cambiado la historia de España en nuestro futuro. Si hubiera hecho caso a lo que le dice o lo que está sugiriendo Velázquez (elegir como sucesora a la Infanta Margarita, quien aparece como levitando en el centro del cuadro como una parte del mensaje final), hubiera cambiado todo el panorama posterior, se hubiera evitado incluso la guerra de sucesión al trono, vete a saber. Y tantas cosas que hubieran pasado.

–¿Las meninas es una pintura infinita?

–Yo creo que es infinita. Hay tanto encerrado ahí, voluntaria o involuntariamente. Pasan los siglos, el pensamiento cambia, avanza y en cada época habrá una lectura distinta.

'Las meninas' es una obra perfecta, como una buena obra de teatro, una obra de misterio o una buena novela en la que todos los personajes tienen un sentido y no hay nada superfluo

–Los detalles que revela son estremecedores. Por ejemplo la jarrita de barro que se le ofrece a la Infanta...

–O el rayo de luz por detrás de las figuras centrales. Parece que es sutil, pero nos marca la pauta horaria del momento previo al mediodía, que tampoco es casual. Ves que es una obra perfecta, como una buena obra de teatro, una obra de misterio o una buena novela en la que todos los personajes tienen un sentido y no hay nada superfluo. Y enlaza con la reivindicación que tenían los gremios de los pintores de que se les considera un arte liberal al mismo nivel que la literatura o la poesía. Ellos no eran artesanos, simplemente tenían otras herramientas para contar historias.

–Nicolasito que intenta apartar al perro con el pie para que pueda pasar el Rey (que es lo que se supone que va a suceder después de la escena), que está reflejado en el espejo junto a su esposa Mariana, cuya gesto hacia su marido es cariñoso, de apoyo antes de que emprenda los pasos hacia la puerta donde al fondo le espera el fantasma... es increíble...

–Le diré, Mario, que justo el día que lo envié para la última revisión antes de publicar, encontré otro detalle que termina de apuntar un poco estos descubrimientos inagotables. Hay un trasfondo religioso que tiene que ver con el final de la vida de Felipe IV y con el prepararse para el más allá. Al igual que había hecho su antecesor, el emperador Carlos, que se había retirado a Yuste y le encargó a Tiziano que pintara el cuadro que se conoce como La Gloria, que escenifica el juicio al alma del emperador. La fe tan grande que tenían estos monarcas católicos con la que habían conseguido dominar Europa, controlar las guerras internas en Europa e incluso echar a los musulmanes de la península y conquistar América...

El mensaje es: no descuides tu faceta espiritual porque tienes un más allá que te está esperando y tienes que analizar tu vida.

Vi el alfa en el caballete de Velázquez y el omega semi oculto en las manos del fantasma

–Y ahí es donde descubre lo (casi) definitivo que (casi) culmina su iluminación casual, la presencia del fantasma...

–Exacto. Pero hay más en el aspecto de la presencia divina. Yo estaba con la mosca detrás de la oreja porque el caballete que soporta el lienzo de Velázquez en el cuadro tiene curiosamente la forma de media letra alfa. Yo me pregunté entonces donde está el omega. pensé que el alfa y el omega tenía que estar aquí encerrado como símbolo divino por excelencia: el principio y el fin. Justo en el último momento, ya cuando había entregado el libro, en una imagen con más resolución, en el alzapaños que sujeta el aposentador en el fondo, hay una especie de letra negrita que es como una media omega (media alfa y media omega) que también está sujetando el supuesto aposentador.

Imagen de la Omega

Imagen de la Omega al final de la mano del fantasma de Las meninas

–Increíble...

–Y está en una zona en que todas las pinceladas son abstractas y sin embargo esos trazos son claros. Pero apenas sí se ve en el Museo del Prado. Si hay una segunda edición tendré que meter esto al final. El alfa es el soporte de toda creación humana, de toda creación artística. Es Dios. Y el final también, donde vamos y donde habrá que rendir cuentas previas para alcanzar el más allá que defiendo. En el fondo está también esa omega que recoge, que es la llave que recoge la cortina, el paso al más allá. Es impresionante y me parece que es la prueba de que realmente ese fondo está ahí. Esto en el Museo del Prado solo se ve si vas un día que haya mucha luz cenital a través del lucernario, porque con la luz ordinaria artificial no llega a distinguirse. Es imposible.

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