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El congresista que defiende que Ceuta y Melilla son «territorio marroquí» respaldó el «derecho a decidir» de Cataluña

Mario Díaz-Balart avaló la consulta ilegal en septiembre de 2015, cuando copresidía el caucus de Amigos de España, y recibió dos años después a Carles Puigdemont en el Capitolio

WASHINGTON, DC - OCTOBER 17: U.S. Rep. Mario Díaz-Balart (R-FL) boards an elevator after the House of Representatives failed to elect a new Speaker of the House on the first round of votes at the U.S. Capitol Building on October 17, 2023 in Washington, DC. The House has been without an elected leader since Rep. Kevin McCarthy (R-CA) was ousted from the speakership on October 4 in an move led by a small group of conservative members of his own party.   Joe Raedle/Getty Images/AFP (Photo by JOE RAEDLE / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)

El congresista republicano Mario Díaz-Balart toma un ascensor en el Capitolio in Washington, DC.Joe Raedle / Getty Images via AFP

Mario Díaz-Balart, el político que antes de la invasión de Ceuta plasmó en un documento oficial del Congreso de los Estados Unidos la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla, tiene un largo historial en hacer de España aquello que José Luis Rodríguez Zapatero llamó una nación «discutida y discutible». En su labor a lo largo de los años, el representante no ha distinguido entre amenazas externas e internas, con las que ha simpatizado como nuestro «amigo».

El miembro de la Cámara por Florida copresidió desde 2009, junto al comisionado de Puerto Rico Pedro Pierluisi, el caucus de Amigos de España, el grupo bipartidista del Congreso de los Estados Unidos creado para estrechar los lazos con nuestro país. En el acto de relanzamiento, con el embajador Jorge Dezcallar entre los homenajeados, celebró los «cientos de años» de historia común. Dos años más tarde fundó el caucus de Marruecos, y su propia oficina lo presentó como copresidente de ambos a la vez.

El 10 de septiembre de 2015, en el Capitolio, el entonces secretario de Asuntos Exteriores de la Generalidad de Cataluña, Roger Albinyana, mantuvo una reunión con media docena de congresistas que acababan de respaldar el «derecho a decidir». Dana Rohrabacher, republicano por California y presidente del subcomité de Asuntos Europeos, llevó la voz cantante: «Deseamos lo mejor a los catalanes y creo que merecen el derecho a votar». En aquella jornada, Díaz-Balart se mostró de acuerdo con su colega y consideró que el «derecho a decidir» y a manifestar «los deseos de una sociedad» debían prevalecer. El tercero en la sala, Carlos Curbelo, les respaldó. Todos coincidieron en que el precedente escocés era «un buen ejemplo» para Cataluña.

Un «abrumador» 1,1 %

Ese mismo día, en Barcelona, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, despachó el episodio con sorna. Calificó de «abrumador» el respaldo de aquel «1,1 % de los miembros de la Cámara de Representantes» y felicitó a la Generalidad: «Es lo más que han conseguido y hacen bien en celebrarlo».

Once años después, uno de aquellos representantes, Díaz-Balart, es vicepresidente de la Comisión de Asignaciones y preside el subcomité que financia la diplomacia americana. De allí salió, antes de la invasión de Ceuta, el informe que da por buena la reivindicación de Mohamed VI y encarga al secretario de Estado «facilitar» el diálogo sobre el «futuro estatus» de las dos ciudades.

«Un honor y un privilegio»

Seis meses antes del golpe de Estado del 1 de octubre, en marzo de 2017, Carles Puigdemont desembarcó en los Estados Unidos con su consejero de Exteriores, Raül Romeva. En el Centro de Estudios Europeos de Harvard describió España como «un país atrasado» y equiparó la consulta que preparaba con la lucha por los derechos civiles de los negros norteamericanos entre 1954 y 1968.

De escala en Washington, el presidente de la Generalidad se vio con al menos seis congresistas, tres de ellos republicanos de origen cubano: Ros-Lehtinen, Curbelo y Díaz-Balart, que el 30 de marzo publicó en su cuenta la imagen del encuentro. «Fue un honor y privilegio a reunirme con el presidente de Catalonia», con el topónimo en inglés y el cargo sin comillas. Para entonces ya no copresidía el grupo de Amigos de España: el relevo había recaído en Jenniffer González-Colón y Joseph Kennedy III.

La diplomacia española, que había logrado contener la ofensiva secesionista en Bruselas, no lo consiguió al otro lado del Atlántico. Desde la Embajada en Washington, mientras se pedía a sus trabajadores que no se pronunciaran en público sobre el referéndum ilegal, se admitió haber quedado por completo al margen de los preparativos de una agenda que la Generalidad había labrado desde 2014 con el lobby Independent Diplomat a cambio de 7.800 dólares mensuales.

Un año después de la votación ilegal que acabó con la huida del gobierno regional, en noviembre de 2018, la Generalidad reabrió en Washington su embajada, entre anuncios de que serviría para «difundir la situación de los políticos independentistas que están presos». El primer congresista en recibir al consejero Ernest Maragall fue Mario Díaz-Balart.

Relaciones familiares

La amistad con Marruecos es, además, asunto de familia. Entre julio de 2012 y julio de 2017, su hermano Lincoln, congresista retirado, cobró alrededor de 1,2 millones de dólares por representar los intereses de Rabat a través de su firma, Western Hemisphere Strategies, según el registro estadounidense de agentes extranjeros. El contrato le prohibía expresamente gestionar ante Mario o ante su equipo.

El pasado abril, preguntado por si Marruecos pudiera sustituir a las bases españolas, el congresista fue más lejos que su propio informe: si Ceuta y Melilla «son parte de España o deben ser parte de Marruecos», dijo, se trata de «temas que siempre están abiertos y se resuelven a través de alianzas y de amistad». El 8 de julio, su colega de Florida Carlos Giménez renunció a copresidir el grupo de Amigos de España en una carta dirigida a Pedro Sánchez. No por su falta de respuesta al asalto de la frontera, sino por su relación con Israel.

El próximo 22 de septiembre, el Tribunal Constitucional abordará el primer amparo del proceso secesionista, cuya doctrina se prevé que permita regresar a España al golpista con el que Díaz-Balart se fotografió en el Capitolio. Una década después y con la invasión de Ceuta en marcha, su nombre figura todavía en la nómina del caucus de Amigos de España.

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