Fundado en 1910

¿Quién es Mario Díaz-Balart, el halcón del Congreso de EE.UU. que sitúa Ceuta y Melilla «en territorio marroquí»?

Fundador del caucus de Marruecos en el Capitolio y sobrino de la primera mujer de Fidel Castro, preside el subcomité de la Cámara de Representantes que financia la diplomacia de Washington

El congresista republicano Mario Díaz-Balart en una sesión de trabajo en Washington D.C.

El congresista republicano Mario Díaz-Balart en una sesión de trabajo en Washington D.C.https://x.com/MarioDB/media

Los doce congresistas que presiden cada subcomité de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes, los que reparten el dinero de la Unión, son conocidos en Washington como los «cardenales». El apodo, reverente o irreverente según toque, señala el poder discreto de la financiación federal, depositario de lo que la Constitución consagra como el power of the purse, el poder de la bolsa.

De todos, el purpurado de la diplomacia es Mario Díaz-Balart (Fort Lauderdale, 1961), de cuya oficina salió el informe que sitúa Ceuta y Melilla «en territorio marroquí», publicado días antes de la invasión que todavía sufre la ciudad autónoma. Vicepresidente de la comisión, decano de los congresistas elegidos por Florida y uno de los hombres más cercanos a Marco Rubio, lidera desde 2023 el subcomité de Seguridad Nacional, Departamento de Estado y Programas Relacionados. En la práctica, de su firma dependen las embajadas, la ayuda exterior y las cuotas a los organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pariente de Fidel

Antes de tomar decisiones en Washington, los Díaz-Balart fueron la familia notable de Banes, en el oriente de Cuba. El padre de Mario, Rafael Lincoln Díaz-Balart, ejerció de subsecretario de Gobernación y después de líder de la mayoría batistiana en la Cámara de la isla. Antes, compartió aulas y amistad en la Universidad de La Habana con un ambicioso estudiante de Derecho llamado Fidel Castro, al que presentó a su hermana Mirta, con la que el comunista acabaría casándose en 1948 –la boda por la Iglesia del dictador– y yendo de viaje de novios a Miami y Nueva York.

El matrimonio duró hasta 1955, cuando Rafael pronunció ante un pleno que no quiso escucharle el discurso que el exilio conserva como profecía: la excarcelación de Castro dejaría en Cuba «días de luto, de dolor, de sangre y de miseria». Cuatro años después, con la revolución triunfante y la casa familiar saqueada e incendiada, los Díaz-Balart salieron de la isla. El padre fundó en el exilio La Rosa Blanca, primera organización anticastrista, y crio en Florida a cuatro hijos, entre ellos Lincoln, congresista entre 1993 y 2011, fallecido en marzo de 2025, y Mario, el menor.

Con el tiempo, en 1963, Rafael Lincoln se instaló en Madrid, donde trabajó en una aseguradora y se doctoró. También en la capital de España vivió medio siglo el tío del congresista, Waldo Balart, pintor con obra expuesta en el Reina Sofía y actor en dos películas de Andy Warhol, fallecido también en 2025. Y Mirta, hasta su muerte en julio de 2024, a los noventa y cinco años. Su hijo con el dictador, Fidelito Castro Díaz-Balart, primo hermano del congresista, se suicidó en La Habana en 2018.

Halcón a cargo del presupuesto

Al inicio de su andadura política, Mario militó en el Partido Demócrata, hasta su conversión en republicano en 1985 para ejercer de asesor del alcalde de Miami. A continuación de esa primera experiencia gubernamental, permaneció catorce años en el Parlamento de Florida, cuyo Senado alcanzó en 1992, a los treinta y uno, como su miembro más joven, y llegó a presidir los comités presupuestarios.

Después de dejar atrás tres lustros de política territorial, desde enero de 2003 ocupa un escaño –que renueva cada dos años– en la Cámara de Representantes de Washington por el sur de Florida, epicentro del exilio cubano, donde su carrera sigue girando en torno a las cuentas públicas.

Halcón, como se conoce a los políticos estadounidenses que fían la paz a las armas –algunos con verdadera afición–, frente a La Habana, y también contra Caracas y Managua, es de su autoría la ley de 2026 que blinda la ayuda a sus aliados, estrecha el cerco a los tres regímenes y elimina, en nombre del America First, las «píldoras envenenadas» woke de la era Biden.

Hombre de Marruecos en el Capitolio

A pesar de sus lazos familiares con España, en 2011 fundó, junto al republicano Michael Grimm y los demócratas Loretta Sánchez y Bennie Thompson, el caucus de Marruecos. El club de los amigos de Mohamed VI que celebró el reconocimiento por Trump de la soberanía marroquí del Sáhara Occidental, respaldó en 2025 la propuesta de declarar organización terrorista al Frente Polisario y recibió en Washington al ministro de Exteriores, Naser Burita.

Después de un cuarto de siglo en Washington, Mario Díaz-Balart ganó notoriedad en nuestro país el pasado mes de abril cuando se destapó como valedor de Rabat al afirmar que Ceuta y Melilla «no están en la geografía española, sino en la marroquí». Ésa es también la fórmula expresada en el informe del Congreso, que, sin figurar en la ley sino en el texto que la acompaña, orienta al Departamento de Estado que su subcomité financia.

El 18 de agosto, Díaz-Balart concurre a las primarias republicanas para las elecciones legislativas de noviembre, las midterm. De momento, nadie se ha inscrito para disputarle un escaño ligado a su apellido desde hace veinticuatro años, que en 2024 revalidó con el 71 % de los votos.

En septiembre cumplirá sesenta y cinco años, casi tantos como el régimen que su padre anunció. Mientras tanto, el hijo de aquel profeta que no lo fue en su tierra y acabó en España seguirá cultivando su amistad con Marruecos mientras escribe la letra pequeña de la política exterior de los Estados Unidos.

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