Mario Diáz-Balart en el Capitolio
Mario Díaz-Balart, congresista norteamericano: «No doy plazos, pero al régimen cubano le queda poco»
A Mario Díaz-Balart Caballero, miembro de la Cámara de Representantes por el vigesimoquinto distrito de Florida desde 2003 le precede, sin negarle sus méritos, una estirpe: es hijo de Rafael Díaz-Balart, cuñado de Fidel Castro, parentesco que no fue óbice para convertirse en su primer opositor, y hermano de Lincoln Díaz-Balart, también congresista y fallecido el pasado año. Hoy, es el principal abanderado, aunque no el único –pensemos en María Elvira Salazar– de la causa cubana en el Capitolio, y con posiciones, nada de extraño en eso, muy cercanas a las de la Casa Blanca. Lo cual implica también asumir sus bandazos.
–Un petrolero ha llegado a Cuba, con permiso de Estados Unidos. ¿Hay un cambio de postura por parte de Donald Trump?
–No ha habido cambio en la administración del presidente Trump. El mismo presidente y el secretario de Estado han sido muy claros de que esta dictadura de casi 70 años no es aceptable. Por lo tanto están presionando de diversas formas. Este petrolero, básicamente va a poder suministrar petróleo para apenas una semana. No le va a resolver el problema al régimen. Al mismo tiempo, la Administración Trump ha demostrado, por ejemplo, con la ayuda humanitaria que le ha enviado al pueblo, no al régimen que quiere tratar de evitar el sufrimiento del pueblo
Los Estados Unidos siguen siendo el país que más ayuda humanitaria le envía al pueblo cubano
–O sea que usted cree que se puede aliviar el sufrimiento de la población con acciones con el petrolero, al mismo tiempo que se mantiene la presión.
–Lo que no es positivo, por ejemplo, es la llamada ayuda humanitaria enviada por el Gobierno de México, comida que, lo demuestran múltiples reportes en la prensa, está a la venta en las tiendas del régimen: eso no beneficia al pueblo. Los Estados Unidos siguen siendo el país que más ayuda humanitaria le envía al pueblo cubano, pero se lo envía al pueblo, no al régimen. Esa es la diferencia. Este buque ruso, que puede también ser parte de la estrategia con el Medio Oriente, con el estrecho de Ormuz. Y por eso, repito, la Administración está jugando, desempeñando un papel mundial, pero no elimina que la presión hacia el régimen no solamente es fuerte, sino que va a incrementar aún más en los días, semanas y meses que vienen.
–¿Lo puede asegurar?
–Lo puedo asegurar. Soy totalmente consciente de cuál es la política de la Administración Trump del Presidente: es muy sencillo no aceptar como una cosa normal o aceptable una narco dictadura terrorista a 90 millas de los Estados Unidos, que le ha abierto la puerta a todos los grupos terroristas como Hezbolá, ETA o las FARC, sin olvidar a los 20.000 cubanos luchando a favor de Rusia en Ucrania.
–Las declaraciones del presidente Trump son a veces contradictorias y generan confusión. Un día dice que puede acabar con Cuba «cuando quiera» y al siguiente dice que está negociando con el régimen. ¿No cree que eso genera cierta inseguridad entre la población y entre también en círculos diplomáticos?
–Sí, es interesante. Eso es parte de lo que hemos visto, la estrategia continua del presidente Trump. Parte de eso es utilizar un poco su estrategia para a veces no dejarles saber a los adversarios lo que está haciendo o lo que va a hacer. Pero no hay negociaciones, hay conversaciones. Esto lo ha dicho el presidente y lo ha repetido en múltiples ocasiones el secretario de Estado.
–¿Cuál es la diferencia?
–Son conversaciones similares, por ejemplo, a las que el mismo presidente Trump y el secretario de Estado tuvieron con Maduro. Eran, como sabemos, mensajes muy claros: se ha acabado el tiempo, ya no se tolera este tipo de actividad en este hemisferio y se deberían estar buscando otras opciones. Y cuando el presidente Trump dice que va a hacer algo, a pesar de que algunas veces lo que usted dice es verdad, utiliza el lenguaje y confunde un poco; lo que no debe confundir a nadie... Este es un presidente de acción, y cuando él está harto de algo que significa un reto, un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, actúa en forma agresiva pero eficiente. Este es un presidente que odia la guerra. Y ha tenido algunos aciertos muy grandes en el Medio Oriente. Pero al mismo tiempo es el presidente que utilizando las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en su primer mandato para eliminar al general iraní Soleiman o al grupo terrorista Isis. Algo que el presidente Obama o no quiso o no pudo lograr
–Volviendo a Cuba: la población no percibe, de momento, ningún cambio. Parece también que desde la Casa Blanca se está titubeando, dudando un poquito.
–Sí, eso yo lo he leído en múltiples reportes en la prensa y le puedo asegurar de que esos reportes no son ciertos, como lo dijo hace unos días Marco Rubio. Son falsedades. Cuando uno escucha al presidente de los Estados Unidos, lo que fue hoy mismo una vez más reiterando que en la isla es un régimen fallido que ha hecho sufrir mucho a ese pueblo y que ha sido también muy peligroso para este hemisferio, pero también para todo el mundo. Repito lo que dije anteriormente.
–Por lo tanto…
–Queda mucho tiempo. Y eso requiere presión y estar del lado del pueblo, no de la tiranía. Eso requiere no darle alivio a la tiranía, al mismo tiempo de tratar de una forma inteligente hacer lo más posible para ayudar al pueblo.
–¿Se puede anunciar un plazo, algún calendario para unos cambios sustanciales y reales en Cuba?
–Esa pregunta me la hacen sus colegas. Yo siempre he dicho que yo no estoy dispuesto a dar plazos. Lo que sí estoy totalmente seguro y confiado: a éste régimen no le queda demasiado.
–En caso de que todo salga y se derroque el régimen, ¿quién gobernaría? ¿la gente de la isla o la del exilio? La historia demuestra que, salvo contadas excepciones, los exiliados influyen, pero no gobiernan.
–La realidad es que en Cuba hay decenas de personas, muchas de ellas en las cárceles del régimen, altamente capacitadas, para dirigir y para para ser líderes de ese país. Pero eso, es lo que menos me preocupa, porque va a ocurrir. Tiene que ser una decisión del pueblo cubano cuando tenga la posibilidad de elegir a sus propios dirigentes en un proceso libre, democrático. Insisto: eso es lo que menos me preocupa.
–La oposición está presa y también dividida, tanto dentro como fuera de la Isla.
–Siempre son distintas las transiciones, como en España, Grecia o Portugal. En Cuba está dividida porque no tiene la posibilidad de unirse o de organizarse. Pero eso es entre usted y yo, muy respetuosamente. Eso siempre se dice cuando hay dictaduras y la realidad es que cuando hay libertad, surgen los líderes. Y Cuba está repleta de personas que aman la libertad, han estado dispuestos a poner su vida en riesgo y que yo estoy convencido que ese activismo democrático se convierte en legitimidad política. Eso es lo que menos me preocupa.