Pedro Sánchez junto al presidente chino, Xi Jinping
Las amistades del presidente
Sánchez afianza su estrecha relación con el régimen chino con un viaje de gran carga política
El presidente visita Pekín a partir del lunes junto a su mujer, y lo hace por cuarta vez en tres años, con Estados Unidos y la UE recelosos. Se entrevistará con las tres principales autoridades
El presidente del Gobierno iniciará el próximo lunes un viaje de tres días en China, el cuarto en poco más de tres años, pero el primero de carácter oficial. Y no será el último si Pedro Sánchez sigue en la Moncloa en la primavera de 2027, porque en 2023 se propuso hacer uno al año y ésa sigue siendo su intención. En esta ocasión, además, le acompaña por primera vez su mujer, Begoña Gómez, invitada por Xi Jinping.
Si el anterior viaje se produjo en mitad de la contienda arancelaria entre Estados Unidos y China, con el consiguiente malestar de Donald Trump, éste lo hace en un contexto internacional aún más delicado: en plena guerra en Oriente Medio, aunque coincida con la tregua de dos semanas que se han dado Estados Unidos, Israel e Irán para negociar, aunque excluyendo al Líbano. Una guerra en la que China viene desempeñando un papel extrañamente discreto, salvo en las horas previas al alto el fuego, cuando arrimó su hombro al de Pakistán para que las partes accedieran a parar los bombardeos.
Todos los viajes hasta la fecha han tenido un planteamiento principalmente económico, dado el enorme desequilibrio en la balanza comercial entre ambos países, que ha seguido creciendo a pesar de las continuadas visitas de Sánchez (en 2025, España exportó a China por valor de 7.971,6 millones de euros e importó 50.249,5 millones, según datos del Ministerio de Economía). Sin embargo, en esta ocasión es más político que nunca, y ni siquiera forma parte de la delegación española el vicepresidente económico, Carlos Cuerpo. Sí José Manuel Albares, que se unirá una vez en Pekín.
De hecho, desde el Gobierno afirman que profundizar en la relación de confianza y en el diálogo estratégico con el régimen comunista es el primer objetivo. Sánchez se verá con las tres principales autoridades del gigante asiático: el presidente, Xi Jinping, el primer ministro, Li Qiang, y el presidente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji. Xi celebrará un banquete en honor del matrimonio Sánchez-Gómez el martes y Qiang les ha organizado una ceremonia de bienvenida y una cena.
Los recelos causados
En la Moncloa remachan que este viaje no va contra nadie, que las autoridades europeas están al tanto y que el Gobierno de España pretende tener una buena relación con todas las grandes potencias, ya sea Estados Unidos, China o la India (a Rusia no la incluyen). E incluso presumen de que la buena interlocución entre el Ejecutivo de Sánchez y el régimen de Xi Jinping tiene muchas ventajas: China escucha al presidente español -aseguran- y tiene en cuentas sus opiniones, y ello hace que incluso pueda influir en la postura china.
Sin embargo, es evidente que el acercamiento de Sánchez al país que la OTAN tiene definido como un «desafío sistémico» para los aliados despierta recelos a uno y otro lado del Atlántico. Por supuesto en Estados Unidos, pero también en la UE. Estos recelos alcanzaron su máximo cuando, el pasado verano, trascendió que el Gobierno de España adjudicó varios contratos para el almacenamiento de escuchas telefónicas judiciales y sobre la red 5G de otras infraestructuras críticas a Huawei. Dada la cercana relación entre José Luis Rodríguez Zapatero y la tecnológica, solo había que unir la línea de puntos.
Washington tiene vetada a la empresa china porque la acusa de espionaje para el régimen chino. Y en Bruselas se está tramitando una ley para impedir que participe en el desarrollo de infraestructuras estratégicas. Así que tal fue la presión desde un flanco y otro, que el Ejecutivo de Sánchez acabó por romper esos contratos. En este viaje, el presidente español se reunirá con empresarios e inversores de ámbitos como el tecnológico, el energético, el automovilístico y el de las telecomunicaciones. Sin embargo, el Ejecutivo no aclara por el momento su Huawei está entre ellos. Sí ha informado de que Sánchez visitará la sede de Xiaomi.
A mayores, las instituciones europeas están bastante alejadas de China en lo político y más aún en lo comercial, con tensiones arancelarias que se reavivan cada cierto tiempo. El déficit comercial de la UE respecto a China aumentó un 15 % en 2025, hasta llegar a una losa de 359.272 millones de euros. En un viaje a Pekín el verano pasado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, le dijo a Xi Jinping que ese desequilibrio entre las importaciones y las exportaciones había llegado a un «punto de inflexión» y había que reducirlo. Pero no parece que el dragón rojo esté por la labor.
El segundo gran objetivo de este viaje, según fuentes gubernamentales, es reducir ese desequilibrio en la balanza comercial e intentar eliminar las trabas al acceso de las empresas españolas al mercado chino. Un objetivo que ha sido una constante en los tres viajes anteriores, pero con resultados cuestionables. Ese desequilibrio no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado.
Actualmente, España importa más bienes de China que nunca. En concreto, y según el Informe de Comercio Exterior del Gobierno, en 2025 fueron 50.249,5 millones de euros. En cambio, exportó 7.971,6 millones, 77 millones menos que en 2022, que fue el año anterior al del primer viaje de Sánchez a Pekín, en marzo de 2023. Desde la Moncloa aseguran que esa desigualdad sería aún mayor si el presidente español no viajara regularmente a China, e insisten en que la relación bilateral ha mejorado mucho.