El joven Juan Torres Torres, más conocido como Joanet des Convent.
BEATIFICACIÓN EN IBIZA
«Ninguna asociación de Memoria hizo nada»: la denuncia de la sobrina del cura de 24 años asesinado en Formentera
Joanet des Convent, asesinado en 1936 por los republicanos, será beatificado este otoño junto a otros 19 mártires de Ibiza y Formentera. Su familiar se queja de que aún no ha podido recuperar sus restos
Las primeras víctimas de la Guerra Civil en la isla de Ibiza fueron el sacerdote y ecónomo de Sant Carles, Antoni Tur Costa, y su padre. Ambos fueron asesinados el 8 de agosto de 1936 en esta parroquia del municipio de Santa Eulària donde, un día más tarde, los republicanos, capitaneados por Alberto Bayo y Manuel Uribarry, asesinaron también al hermano. Los cuerpos fueron enterrados en el cementerio municipal de esta localidad ibicenca. Exhumados en 2018, se pudo comprobar que los cráneos de los tres presentaban orificios de bala de entrada y salida.
En Formentera, en las mismas fechas, un joven sacerdote de la ciudad de Ibiza, Juan Torres Torres, conocido como Joanet des Convent, casi se estrenaba como responsable de la parroquia del Pilar de la Mola. «Llevaba muy poco tiempo allí cuando lo mataron», recuerda hoy su sobrina, Nieves Berná, «mi tesis es que en Formentera casi no lo conocía nadie. Era muy joven, tenía 24 años. Si hubiera seguido en Ibiza, no le hubiera pasado nada. Creo que cuando el capitán Bayo llegó a Formentera, pidió que le llevaran a todos los curas. Se supone que allí hubo gente de la isla involucrada. Pero nadie quiso nunca hablar. Yo pienso que en Formentera alguien cometió un delito por omisión o por encubrimiento. Y nunca hablaron».
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Antoni Tur Costa y Juan Torres Torres son dos de los sacerdotes, de entre los 20 mártires de Ibiza y Formentera, que serán beatificados el próximo otoño en la Catedral de la capital de la isla. El anuncio de la beatificación llegó esta semana a la Diócesis de las Pitiusas, cuyo obispo, monseñor Vicent Ribas, aseguró tras conocer la noticia que, si los sacerdotes asesinados por los republicanos hubieran renegado de su fe, «no habrían muerto». «Pero se mantuvieron firmes en medio del sufrimiento y la persecución», añadió.
La tristeza siempre presente
Para la familia del joven Joanet des Convent, el asesinato abrió una herida que nunca se ha podido cerrar. «Mis abuelos siempre estaban tristes», recuerda, «para mi madre, era su único hermano. Fue ella la que promovió el proceso de beatificación después de hablar con el entonces obispo, Vicente Juan Segura. Lo hizo en 2006 y el obispo firmó en 2008 el decreto de introducción y apertura de la causa de beatificación».
El joven Juan Torres Torres y su hermana María.
Torres Torres fue destinado a Formentera poco antes de que estallara la Guerra Civil. Desde su nacimiento había vivido en el histórico barrio de Dalt Vila, donde sus padres eran los campaneros de la iglesia del Convent. Su única hermana, María, se convirtió con los años en una figura clave de la isla, por su trabajo como enfermera y su labor en Acción Católica. Fallecida a los 101 años en 2016, movió todo lo que estuvo en su mano para que su hermano y el resto de sacerdotes asesinados tuvieran el reconocimiento que merecían. Y lo logró: «Ella pensaba que la beatificación tardaría muchos años. Pero después de aquella misa homenaje decía que ya podía morir tranquila porque se había hecho lo que había que hacer. Es decir, un homenaje a unos hombres que fueron asesinados por el simple hecho de ser sacerdotes».
«Mi tío llegó a Formentera con 23 años y sus padres y mi madre se fueron allí con él», recuerda hoy Nieves, «Ignasi Wallis y su hermana fueron sus padrinos en su primera misa en Ibiza. Al poco de llegar a Formentera, empezaron los problemas de la guerra y él les pidió que se volvieran a Ibiza. Mi madre y mi abuela se fueron a Santa Gertrudis con unas primas. Y luego a él lo asesinaron».
90 años después la familia sigue sin saber qué ocurrió realmente con Juan. A lo largo del tiempo, dos de los hermanos de Nieves, ya fallecidos, intentaron averiguar. La hipótesis con más peso es que el joven sacerdote fue ejecutado en el puerto de La Savina y su cuerpo arrojado al mar. También les contaron que el sacerdote fue enterrado en el mismo puerto y otras versiones sitúan su cuerpo en el cementerio de la isla. Pero no hay ninguna evidencia.
Sin ayuda
«Solo falta acceder al Archivo de Salamanca», explica su sobrina, «él consta como desaparecido. Pero todo son suposiciones. También se habla de que lo mataron en el barco camino a Ibiza y que tiraron su cuerpo al mar. En ese barco iba otro sacerdote de Ibiza. Lo asesinaron en Sa Carrossa, camino del Castillo. A mí siempre me ha intrigado que no se investigara lo que había pasado».
Los hermanos de Nieves contactaron en su día con la Asociación de Memoria Democrática de Formentera. También con la de Mallorca. Pero, según su relato, nada fue más allá de las buenas palabras: «Esto debería ser para los dos bandos. Todos tienen derecho a buscar a sus desaparecidos. La ley está para todos los represaliados de la Guerra Civil, de los dos bandos. Pero ninguna de las asociaciones hizo nada en el caso de mi tío».
Trabajadora social de profesión, Nieves ha heredado la tenacidad de su madre. Ahora baraja abrir la vía del Archivo de Salamanca. También estudia volver a contactar con la Asociación de Memoria Democrática de Formentera. Pero no tiene mucha esperanza porque «los años pasan y cada vez queda menos gente que pueda decir algo». «Hubo un hombre de Santa Eulària que contactó con mis hermanos para contarles alguna cosa pero luego se arrepintió», explica, «la gente tiene miedo de involucrar a unos o a otros. Yo tengo el sentimiento de fracaso respecto a la vida de mi tío. Era muy joven. Lo mataron injustamente. Él no había hecho nada. Simplemente, era un sacerdote. Y creo que era un buen sacerdote, con las ideas muy claras».
Juan Torres Torres, Joanet des Convent, asesinado en Formentera en 1936.
Honrar al hermano desaparecido
A pesar de todo, Nieves y sus hermanos no crecieron en el rencor. Hoy cuenta cómo su madre se alegró con la Ley de Memoria Democrática porque consideraba que «era una manera de poder dar honor a su hermano, que está considerado como desaparecido». Ella admite que la muerte del sacerdote es algo que personalmente ha llevado «muy mal». Pero su madre tenía claro que la Guerra Civil fue un conflicto «atroz que no sirvió para nada y con demasiados muertos en los dos lados». De pequeños les contaba cómo aquellos dos hermanos tan amables que siempre les saludaban en sus estancias veraniegas en Dalt Vila habían sufrido el asesinato de un tercer hermano, «de izquierdas». «Nos decía», rememora, «que les había pasado una cosa muy triste en la guerra, que el hermano era de izquierdas y que lo habían matado sin motivo. Ellos se ocuparon toda su vida de sus cuatro sobrinos y de su cuñada, que se habían quedado sin nada. Mi madre tenía claro que se estaban matando hermanos, que eran represalias injustas».
Recuerdo de la ordenación de Juan Torres Torres.
La ceremonia de beatificación de Joanet des Convent y de los otros 19 mártires de Ibiza tendrá lugar el próximo otoño en la Catedral. Justo en el barrio en el que el sacerdote pasó sus primeros años de vida, cuando sus padres se encargaban de las campanas de la iglesia del Convent y su hermana María soñaba ya con ser la gran mujer que después fue. Pero para sus sobrinas aún queda algo pendiente: recuperar, si es posible, los restos de aquel joven que fue asesinado por su fe.