¿Por qué cambió de nombre «Germanwings» a «Eurowings»?: la realidad de los pilotos que se suicidan con su avión y sus pasajeros
Mallorca fue uno de los lugares donde Andreas Lubitz pasaba sus descansos entre vuelos. Once años después, el caso sigue marcando el debate sobre la salud mental de los pilotos y los rarísimos homicidios-suicidios en la aviación comercial
El piloto suicida Andreas Günter Lubitz pasaba mucho tiempo en Mallorca, como una gran parte de sus compatriotas alemanes, entre vuelo y vuelo, practicando jogging y preparando medias maratones que nunca corrió en la isla, pero sí en otros lugares de Europa. Era el copiloto del Airbus A 320, (vuelo GW9525), que, aprovechando que el piloto salió de la cabina de mando para ir al baño, se encerró en ella, y programó el descenso del avión hasta estrellarse y matarse en los Alpes franceses en marzo de 2015, con 149 personas a bordo. Se le escuchó respirar normalmente mientras el avión descendía, desoyendo los llamados del capitán para abrir la puerta, incluso cuando intentaron abrirla golpeando con un hacha.
Su imagen en Facebook, con él en primer plano y el puente Golden Gate de San Francisco detrás, -un referente mundial para los pensamientos suicidas-, no debería haber pasado desapercibida si hubiera recibido atención psicológica y psiquiátrica adecuada. A su pareja, con la que esperaba un hijo, le confesó: «Un día, voy a hacer algo que cambiará todo el sistema y así todos van a saber mi nombre y recordarlo».
La compañía para la que trabajaba, y a la que mantenía en oscuras de sus problemas de salud mental y de bullying en el trabajo (se sabe que sus colegas le apodaban «Tomatito», despectivamente, además de que se había formado como piloto mientras trabajaba como tripulante de cabina), añadido a un progresivo deterioro de capacidad visual (llegó a visitar a cuarenta y ocho especialistas), cambió de nombre casi inmediatamente después del suceso, sin que su pueda sugerir con certeza ninguna relación entre los dos actos. Ahora su nombre es «Eurowings», borrando el «German», y constituyéndose en una de las principales líneas aéreas que operan desde Son Sant Joan, el aeropuerto de Mallorca. Después del análisis efectuado por la agencia francesa de accidentes aéreos (BEA) se recomendó que no se dejara solo a un piloto en la cabina, teniendo que entrar alguna persona de entre los tripulantes de cabina. Pero, ¿sabemos realmente si algunos accidentes aéreos son en realidad suicidios de la tripulación? Y la pregunta más relevante: ¿Por qué lo hacen así, en público, y llevándose la vida de otras personas por delante? La psicología tiene pocas respuestas ciertas para ello.
Casi tan claro como el caso de Germanwings fue el vuelo de Mozambique Airlines LAM 470, en 2013, que se estrelló en Namibia después que el capitán se encerrara en la cabina -como hizo Andreas Lubitz- y cambiara la altitud en el piloto automático hasta estrellarse en el desierto. Se descubrió después que el capitán arrastraba toda una serie de problemas familiares, económicos y médicos que tampoco habían sido comunicados a la compañía.
En el limbo de las cuestiones no resueltas se halla el misterio del vuelo de Malaysia Airlines MH379, en el año 2014, que desapareció en el océano Índico sin dejar más que algunos rastros (alerones, flaps) que se encontraron mucho más tarde en las costas orientales de África y Madagascar, llevados por la corriente y confirmando el impacto del avión contra el mar. Los radares registraron un cambio de dirección no programado en el vuelo que se dirigía a Singapur, y se desconectaron las comunicaciones. Sin entrar en acusaciones sin fundamento, algunas fuentes sugieren que el comandante del vuelo, Zaharie Ahmad Shah, pudo despresurizar la cabina y dejar que el avión agotara su combustible volando hacia el suroeste del Índico. Se siguen buscando los restos principales del avión.
Hay dos casos relativamente recientes que aún están oficialmente bajo investigación y que soportan una fortísima presión de sus respectivos gobiernos para que la hipótesis del suicidio de alguno de los pilotos no aparezca en los medios: el vuelo 5735 de China Easter Airlines (en 2022) y el vuelo 171 de Air India en junio de 2025. En el primero de ellos, una grabación de video muestra como el avión impacta el suelo en barrena completamente vertical, y el análisis de las cajas negras indicó que alguna persona en la cabina -de forma muy parecida a lo ocurrido con el vuelo de LAM- realizó maniobras extremas e incluso apagó los dos motores del avión. Nadie sobrevivió al impacto. En el segundo, un Boeing 767 se estrelló pocos segundos después de despegar del aeropuerto indio de Ahmenadabad, y los análisis de los restos mostraron que los interruptores de la entrada de combustible a los motores habían sido llevados a la posición de corte de forma manual. En la grabación de voz de la cabina se puede escuchar como uno de los pilotos pregunta al otro por qué ha desconectado los motores, y segundos después, alguien trata de reiniciarlos, sin éxito, falleciendo la totalidad de pasajeros, la tripulación, y varias personas en el lugar en el que se estrelló. Si lo observamos con una perspectiva amplia, podemos ver que tal vez existe una secuencia o cadena de acontecimientos, en los que -típicamente- hay una cierta «copia» de procedimientos y situaciones.
Yendo a la actualidad, han ocurrido dos sucesos recientes que han reavivado el interés sobre esta situación, sin que tampoco se desee hacer alarmismo con ella, dado el bajísimo porcentaje de problemas de este tipo en la aviación comercial y civil. El primero de ellos ocurrió en China el 26 de junio de 2026, que ha sido al final comunicado oficialmente por el gobierno chino de forma muy reluctante. Un jubilado de 66 años, apellidado Liu (que según las autoridades sufría de distintos trastornos y problemas mentales) se suicidó pilotando su avioneta Aurora al estrellarla en los pisos superiores del edificio CITI -llamado China Zun por su forma de botella- en el distrito financiero y central de Guomao, en Pekín. Este hecho, para los observadores de defensa, mostró una cierta debilidad de los mecanismos de defensa en la ciudad más importante de China, en donde incluso se había prohibido hacía poco tiempo la posesión y uso de drones civiles.
El segundo, de hace pocos días en julio de 2026, es realmente impactante. Un instructor argentino de vuelo, Leandro Bertazzo, que estaba realizando enseñanza práctica a una alumna de 22 años para obtener su licencia de piloto, le dijo -según ella comunicó- que tomara el mando de la avioneta, volando en esos momentos a unos 200 metros del suelo, y que «ya sabrás lo que hay que hacer». A continuación, se quitó el cinturón de seguridad, abrió la portezuela de la cabina y saltó al vacío, falleciendo tras el impacto contra el suelo. La alumna consiguió aterrizar sin problemas. El piloto instructor también había acudido a buscar ayuda psicológica y psiquiátrica tras comunicar a su familia que no pasaba por buenos momentos. Sin embargo, como en los demás casos que hemos visto, pero esta situación personal era desconocida para la escuela en la cual trabajaba, llamada Flying Parrot Córdoba.
Dejando de lado los pilotos terroristas suicidas que atacaron las dos torres del World Trade Center de Nueva York y el Pentágono en Washington, es indudable que la existencia de estos hechos debe ser conocidas sobre todo por las compañías y por las agencias de seguridad aéreas, pero sin dejar de saber que el avión es uno de los medios de transporte más seguros y fiables de entre todos los posibles.
·Alejandro García Mas es doctor en psicología, y profesor de la Facultad de Psicología de la UIB y de la Universidad Autónoma de Nuevo León, de México.