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Desde la retaguardiaMiquel Segura

Feliz por el triunfo de la selección española. Con una única objeción: será oxígeno para Sánchez

Seguro que su legión de asesores aprovechará la oleada de euforia que nos invade para presentarnos su figura como la del gran líder que triunfa en todos los frentes, incluso cuando lo meten en una pecera con Trump y el Rey

Supongo que hoy toca hablar de fútbol. Ocurre, sin embargo, que en mi dilatada vida periodística, en la que hice casi de todo, siempre evité las crónicas de sucesos y las deportivas. Un día me metí a redactar la reseña de un partido del Poblense y aquello fue un pitorreo total. Además, sobre la gran final del domingo ¿qué podría escribir que a estas alturas no estuviese ya escrito?

Será mejor que les cuente cómo viví el gran suceso de la conquista por parte de España de su segundo Campeonato del Mundo. Tenía varias opciones, entre ellas la de verla junto al jardinero prodigioso -que tiene una tele más grande que la mía- pero al final desistí porque últimamente me está dando pánico salir de casa. Temo asarme como un conejo en la primera esquina. Al final Ashma, la asistente que viene por las mañanas, se ofreció a prepararnos una especie de resopón al más puro estilo marroquí: pastas rellenas de pollo y de atún, mini pizzas muy sabrosas, bizcochos muy parecidos a la coca pujada mallorquina y un delicioso té moruno. El refrigerio nos ayudó a sobrellevar el intermedio, tan americano que en pocos minutos se me hizo insoportable. Pero, sobre todo, el detalle me hizo reflexionar sobre las bondades del intercambio cultural -incluso religioso- por encima de las diferencias que nos imponen los prejuicios y las convenciones. Yo me enfadé mucho con Lamine Yamal cuando enarboló la bandera palestina desde la cima de aquel autobús en el que se festejaba el triunfo del Barça en la liga pero el domingo, en aras de la bondad de nuestra asistenta -”ya que Marruecos ha sido eliminado quiero que gane España”- decidí darle una segunda oportunidad.

Seguro que la legión de asesores de Sánchez aprovechará la oleada de euforia para presentarnos su figura como la del gran líder que triunfa en todos los frentes

Pues nada, que me alegré por el triunfo de la «Roja», absolutamente merecido. Mi única objeción es que esa gran victoria supondrá un nuevo balón de oxígeno para Pedro Sánchez. Seguro que su legión de asesores aprovechará la oleada de euforia que nos invade para presentarnos su figura como la del gran líder que triunfa en todos los frentes, incluso cuando lo meten en una pecera con Trump y el Rey. Ayer lunes un comentarista local ya le llenó de alabanzas al respecto y yo tardé varios minutos en dilucidar si la sesión de brocha dedicada al psicópata que mora en la Moncloa era fruto de la retranca o de la resaca. Creo que el marido de doña Begoña, animado por el triunfo de un estilo y un saber hacer que son la antítesis del sanchismo, se nos marcha ahora a Argelia en pos de nuevas conquistas en materia de política internacional. Y al regresar le tocan vacaciones en la Mareta. Atrás quedarán -agosto es inhábil para estas cosas- los líos judiciales que hace solo una semana le tenían cercado frente a un mar de alambradas. El gol de Ferrán como antídoto contra la caída de un mandato que se inició en el ya lejano 2018, otro año mundialista.

¿Y Rosario Sánchez? ¿Y Negueruela? Pensaba que el galleguiño saldría en tromba para criticar la impecable organización del ayuntamiento de Palma de los dos eventos en son Fusteret. Algo podría haber encontrado, el otrora invencible espadachín, para estropear la alegría de Jaime Martínez, que va como un obús hacia su segundo mandato. Me parece que las ventosas de los brazos del pulpo sanchista llegan a estas islas adyacentes muy disminuidas en su eficacia. Aquí no se juega ningún mundial, la izquierda y el Mallorca están en sus horas más bajas y en segunda división. Personalmente abogo por la continuidad del paréntesis de alegría y distensión que los muchachos de la «Roja» han hecho posible. No me hago ilusiones: durará poco, lo sé, pero menos da una piedra.

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