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Desde la retaguardiaMiquel Segura

Los restos del antiguo PSM convertidos en batasunos anti-sistema, qué pena

Si no fuese por la gravedad de sus actuaciones los pesemeros actuales servirían de inspiración para una comedia bufa que yo mismo podría escribir con el ánimo de que Joan Carles Bestard la llevase a las tablas

Mi impenitente e incurable ingenuidad cursa con escándalo y un poco de pena al ver el papelón de Més en el asunto de las activistas detenidas por acciones anti turísticas. No me acostumbro a constatar como aquel PSM de los Ferrá Pons, Sebastià Serra y Pere Sampol se ha convertido en un residuo estalinista que se apunta a un bombardeo -nunca mejor escrito- con tal de combatir al capitalismo que dicen odiar, pese a vivir como pequeños pachás a costa del erario publico. Comparto el malestar de los servidores del orden que con esa detención -y las que vendrán- no hacen sino cumplir con su deber de perseguir la delincuencia, el terrorismo callejero y los daños a los bienes de los ciudadanos.

Hasta fechas muy recientes acostumbraba a cenar muchos fines de semana con Damià Ferrà. Juntos recordábamos los mejores tiempos del PSM cuando el partido -siempre minoritario- dio cabida a una pequeña élite de intelectuales. Valentí Puig, su inteligente ironía, lo calificó en un célebre artículo como «un partido de curas y maestros de escuela». Eran eso, exactamente eso, y en mi humilde opinión nunca debieron dejar de serlo. Gabriel Cañellas, que en sus mejores intervenciones parlamentarias los calificaba de «fundamentalistas», se debe hacer cruces al constatar como se han convertido en una banda de batasunos, una rara especie de comunistas cercanos al rancio perfil de los cubanos revolucionarios, acurrucados a la sombra siniestra de ese engendro denominado «Sumar» que, afortunadamente, parece tener los días contados.

Vicenç Vidal, todavía diputado en el parlamento español, manda bemoles, se me antoja digna del mejor esperpento

Si no fuese por la gravedad de sus actuaciones los pesemeros actuales servirían de inspiración para una comedia bufa que yo mismo podría escribir con el ánimo de que Joan Carles Bestard la llevase a las tablas. La figura de Vicenç Vidal, todavía diputado en el parlamento español, manda bemoles, se me antoja digna del mejor esperpento. Su etapa como conseller de Agricultura fue un tsunami que arrasó el campo balear. Baste decir que su sucesora, que era de Podemos, no dio abasto para arreglar sus desafueros. No se preocupaba en absoluto de las cuestiones que afectaban al sector primario mientras se iba a Ibiza a rastrear la posible existencia de serpientes. Declaró una amplia comarca del Pla de Mallorca como «Zona de Especial Protección de Aves» y por poco arruina a los cerealistas. Armengol pensó en fulminarle varias veces pero sus conmilitones apelaban al pacto que llevó al poder al gobierno Frankestein y la madona de Inca tuvo siempre que ceder. En la segunda legislatura nacionalista-socialista nadie quería la cartera de Agricultura, así que se la endosaron a Mae de la Concha, que llevó a cabo un buen trabajo a base de hacer todo lo contrario de lo que había hecho su desastroso antecesor al queen la pedrea, concedieron un escaño senatorial. Finalmente, se unió a la tropa de Sumar y se convirtió en diputado -él dice que el primero de honda raigambre nacionalista de la historia de Baleares- y allí sigue con sus pintorescas propuestas, sus salidas de pata de banco y su compadreo con lo más florido de la extrema izquierda española.

Y ahora, erigido en una especie de capitán Trueno de la clase oprimida que causa estragos en bienes y establecimientos turísticos, ha solicitado la intervención nada menos que del ministro Marlaska, al que solo le faltaba eso, ya es mala suerte.

Yo me lo tomo a cachondeo pero eso es muy serio. Cuestionar la actuación de la Guardia Civil y la Policía solo para salir en una foto y tratar de arañar las alturas electorales de Prohens nos da la medida de la bajeza de esta gente. Incluido Apesteguía, otro que tal baila. O canta, no me líen que hace mucho calor.

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