La pedradaBartolomé Madrid Olmo

P.S.

«Soluciones a la igualdad con pancarta incluida, pero dividiendo, generando inseguridad jurídica y ocasionando retrocesos anacrónicos»

Escribía allá por noviembre de 2023, recién arrancada la legislatura, un artículo que titulé Sanchismo versus Senequismo en el que, entre otras cuestiones, afirmaba que los acuerdos conseguidos por Petrus Imperator para amarrar el trono fulminaban la igualdad entre españoles sin más ética que el pragmatismo del autócrata que privilegia egos, y sin más moral que la de conseguir aquí y ahora el poder a cualquier precio. Un precio que ha evolucionado a ritmo de inflación sanchista, y que Cayetana Álvarez de Toledo ha descrito con acierto en el último pleno del Congreso en referencia al pacto Otegi-Sánchez: «Yo tapo tu corrupción y tú me das mi nación».

Este filibusterismo político se alinea con lo que Séneca advertía hace ya unos cuantos siglos en su libro De la Ira: «Líbrese la virtud de la desgracia de ver alguna vez a la razón recurrir a los vicios», para a continuación preguntarse si no avergüenza que entre virtudes y vicios sean estos los que dirijan los destinos del hombre. En la España de hoy, la respuesta al romano cordobés es contundentemente clara, porque todo apunta a que en la izquierda gobernante española y en los parásitos que la colonizan, sentir vergüenza no es criterio valorable a la hora de pulsar el botón de la indecencia y la resistencia.

De esta forma se entiende el grito de guerra petroniano y pretoriano proclamado con soberbia abertzale por el portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, y también se entiende el aplauso enfebrecido de su bancada. Aquel «Yo con Begoña» del pasado 24 de junio se convierte en una confesión en toda regla de quienes se han instalado en un viciado sistema de corrupción institucional que machaca la razón, pone en jaque al Estado de Derecho, tapona la carótida que oxigena nuestra convivencia y socava los cimientos de la casa común que tanto trabajo, esfuerzos y renuncias ha costado, para dejar atónita a una gran parte de la población que no se explica cómo está siendo posible tanta ignominia.

Hoy, se hincha de realidad lo que hace ocho años parecía imposible, cuando un tal Ábalos subió a la tribuna del Congreso para justificar una moción de censura con el argumento de «recuperar la dignidad de nuestra democracia». Afirmaba el actual huésped de Soto del Real, con veinticuatro años de alojamiento pagados por adelantado, que aquello era un acto de necesidad, porque España requería de un Gobierno ambicioso con autoridad moral. Y los socialistas siempre fueron y serán ambiciosos, sentenciaba.

Que son ambiciosos lo han demostrado con una evidencia cristalina. Una ambición socialista colectiva, como el socialista-feminista-pornófilo apostilló en su premonitorio discurso. Una ambición corrupta que hoy se nutre de 126 imputados. Una ambición corrompida y putrefacta que ramifica sus tentáculos entre la estructura del Estado para atacar al propio Estado arruinando empresas públicas, convirtiéndolas en prostíbulos, repartiendo comisiones o engendrando un poltergeist cargado de piedras preciosas que requerirá de Alejandro Dumas y sus mosqueteros para poder esclarecerlo.

Continuaba el espíritu solitario del socialismo, ese que ha dejado impregnados los recovecos y rincones de los pasillos del Congreso con el eco de su tétrico «no teeeengo a nadie», declarando que aquella moción de censura era para hablar de lo importante y afrontar soluciones a problemas acuciantes de la ciudadanía como pensiones, igualdad, empleo, vivienda, dependencia, sanidad y derechos.

Soluciones socialistas bajo el paraguas protector de la demagogia, la propaganda y el aberrante servilismo de RTVE y su caterva de neuronas gástricas. «La opinión sincronizada al dictado de Moncloa en una corporación pública que falsea sus cuentas, que no es independiente, ni objetiva, ni neutral, ni plural», tal y como espetó Macarena Montesinos al ministro de Hacienda desde la tribuna del Hemiciclo.

Soluciones para unas pensiones que han sido ubicadas en la cuerda del funambulista. Soluciones a la igualdad con pancarta incluida, pero dividiendo, generando inseguridad jurídica y ocasionando retrocesos anacrónicos. Soluciones con un empleo precarizado, y tan maquillado como el maestro de ceremonias, para cebarse con los jóvenes aupándonos al primer puesto de paro juvenil en la Unión Europea. Soluciones para la vivienda convirtiéndola en drama nacional. Soluciones a la dependencia con desigualdades ad hoc entre comunidades autónomas y reformas sin euros. Soluciones en la sanidad pública con una huelga de médicos persistente y miles de citas anuladas. Y por supuesto, soluciones para avanzar en derechos apostando por el nepotismo más rancio, los ataques a la justicia y planes urdidos en las cloacas donde P.S. se hace presente como gran protagonista en los apuntes de la fontanera mayor del reino.

Soluciones socialistas que degradan la democracia y deterioran la imagen de nuestro país ante el mundo. Soluciones que, con cada nueva imputación, cada nuevo informe de la UCO y cada nueva sentencia señalan con el dedo acusador al P.S. de Leire Díez.

A estas alturas, todo el mundo sabe el nombre al que corresponden dichas iniciales, pero eso ya da igual, porque lo que debe importar a la España decente, ante la convocatoria de las próximas elecciones generales, es que a quien verdaderamente identifican es al Partido Socialista.

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