Non Plus Ultra
« El espectáculo no ha finalizado, y como reza en el buque insignia de la trama corrupta seguro que queda un más allá»
Las sesiones del circo continúan bajo la bóveda en la que al pintor Carlos Luis de Ribera le temblaría el pulso si su cometido fuese dejar constancia de los hechos que acontecen hoy. En la carpa mayor del reino fluyen infamias y vergüenzas con cada entrada del contorsionista de pasarela a la sala. El maestro de ceremonias más darwiniano que jamás ha pisado las alfombras del hemiciclo, no lo es por fuerte, ni por noble, ni por inteligente, pero si por albergar en sus genes las mutaciones abyectas de una resistencia que destruye sin compasión el futuro de un país que se pregunta incrédulo ¿hasta cuándo durará esto?
Un mutante dañino que cambia de relato según conveniencia y reviste el fracaso de victoria envolviéndose en aplausos perdidos donde se refugian rufianes, filoetarras, secesionistas o los amigos de una ceja corrupta y corrompida. Un mutante que ante el rugido de las fieras emite un susurro para doblarse y claudicar. Después, sonrisa impostada y la huida de rigor.
Sesiones de control al Gobierno con crema a doscientos euros en el rostro y el semblante brillante como un cuchillo de feria que corta el aire denso del Congreso con bulos, datos cocinados y falsas promesas que nunca llegan. Sesiones en las que este Gobierno putrefacto deja entrever un esqueleto inconsistente que se deshace.
Pasen señores, señoras y señorías que esperan respuestas. Pasen y vean como se atrofia la democracia y se atropellan los derechos de los ciudadanos y del adversario político. Pasen y perciban el talento turbio del vendedor de humo respondiendo a su oponente que «al Gobierno se llega con votos y no con atajos». Precisamente él, que lo amarró con el discurso de un putero y lo mantiene con trescientos cuarenta mil votos menos que Feijóo, al que nunca responde lo que le pregunta.
Pasen y presten atención a los hechos de una justicia que alimenta nuestra fe en el Estado de Derecho sacando a la luz el botín de joyas del que era pobre por ser socialista, al igual que aquel otro que, sin rubor, alardeaba de ser feminista por el mismo motivo, aunque deambulase por los prostíbulos como alma en pena, pero con la cartera llena de lechugas, soles y chistorras.
Entren y acomódense espectadores. Dejen las primeras filas para el huerto ideológico enraizado hasta la médula en batallas de hace siglos y ciego ante el robo a manos llenas de hoy. Déjenles ver de cerca las muecas del Joker y la mano abrasada de El jefe de la familia. Déjenles retorcer en sus conciencias el amparo disciplinado al reparto de dividendos entre quienes afirman hacerlo todo por los suyos (por los nuestros dirían ellos en su lenguaje mafioso).
Pasen y comprueben como los discípulos de Houdini se enredan con sus trucos de escapismo y el contorsionista se retuerce sobre sí mismo, con una flexibilidad moral prodigiosa, para prometer hoy una cosa con la mano en el pecho y mañana defender la contraria con idéntica solemnidad. Y así condenar al pueblo saharaui, robarle al venezolano o trazar una repugnante senda autocrática para convivir con el respetable sin remordimiento alguno. Es la flexibilidad de la anaconda asfixiando a un país que pagará cara la impudicia de quienes mantienen viva a la serpiente.
Por último, agárrense a la butaca, porque el espectáculo no ha finalizado, y como reza en el buque insignia de la trama corrupta seguro que queda un más allá (Plus Ultra) por descubrir gracias a jueces, policías, guardias civiles y periodistas. Lo que ya no es tan seguro es que el deterioro de valores y el abuso de poder conocidos desde aquella ignominiosa moción de censura en 2018 se pueda superar en futuros gobiernos, porque Sanchismo y Zapaterismo, en armoniosa comunión, han alcanzado la excelencia en las malas artes de la política, el «no más allá» (Non Plus Ultra) de aquello que genera repulsión y mucha ira en la ciudadanía.
Y todo, lo que crea es una enorme desafección hacia quienes no han de tener otros objetivos que los de organizar nuestra convivencia, administrar con eficacia y eficiencia los recursos públicos, así como poner todas sus capacidades al servicio del bien común bajo los paraguas del diálogo, la búsqueda de acuerdos y el respeto a los principios y valores de nuestra Constitución. Pero dichos objetivos, ya serán harina de otro costal cuando los españoles tengamos la oportunidad de manifestarnos en las urnas.
Bartolomé Madrid Olmo es Diputado nacional y alcalde de Añora