Un raor, en aguas balearesImedea

Medio natural

Las reservas marinas protegen el futuro del raor desde su ADN

Un estudio realizado en Baleares concluye que los ejemplares que viven en espacios protegidos conservan una mayor diversidad genética, un factor clave para adaptarse al cambio climático, las enfermedades y otras amenazas

La supervivencia de una especie no depende solo de cuántos ejemplares quedan. También importa cuánta variedad genética conserva. Y ahí es donde las reservas marinas pueden desempeñar un papel que hasta ahora había pasado más desapercibido que el aumento del número de peces.

Un estudio del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea-CSIC/UIB), realizado junto al Instituto Neerlandés de Ecología, concluye que los raors que viven en reservas marinas de Baleares presentan una diversidad genética superior a la de los ejemplares que habitan en zonas abiertas a la pesca. Esa diferencia puede resultar determinante cuando el entorno cambia.

La investigación compara ejemplares capturados en áreas de pesca con otros procedentes de reservas de Mallorca y Menorca. La diferencia encontrada no se aprecia a simple vista. Está en el ADN.

Puede parecer un matiz reservado a los laboratorios, pero tiene consecuencias muy concretas. La diversidad genética es el margen de maniobra que tiene una especie para responder cuando aparecen nuevos desafíos. Si todos los individuos son muy parecidos entre sí, una enfermedad, una subida de la temperatura del agua o cualquier alteración importante puede afectar a la población de forma más intensa. Cuanta más variedad genética existe, mayores son las posibilidades de que algunos ejemplares resistan mejor y transmitan esas características a las siguientes generaciones.

Ahí reside el principal interés del estudio. Hasta ahora, la utilidad de las reservas marinas se había relacionado sobre todo con la recuperación de poblaciones y el aumento del tamaño de los peces. Este trabajo incorpora otro argumento: esos espacios también ayudan a conservar la capacidad de adaptación de la especie.

La investigación se centra en el raor (*Xyrichtys novacula*), uno de los peces más apreciados por la pesca recreativa en Baleares y cuya captura está limitada por una temporada específica y un cupo diario. Esa presión pesquera convierte a la especie en un buen modelo para analizar cómo la actividad humana puede influir sobre las poblaciones naturales.

Los investigadores recogieron muestras en tres zonas de Mallorca y Menorca. Después extrajeron el ADN en los laboratorios del Imedea y completaron los análisis en el Instituto Neerlandés de Ecología mediante técnicas de secuenciación y estudios de metilación del ADN.

Fue precisamente ese segundo análisis el que aportó otra conclusión de interés. El equipo estudió la epigenética, es decir, los mecanismos que regulan la actividad de los genes en función del entorno. No cambia el ADN, pero sí la forma en que determinados genes se activan o permanecen inactivos.

Los resultados muestran que los raors de las reservas y los de las zonas de pesca presentan patrones epigenéticos diferentes. Para los investigadores, esas diferencias indican que ambas poblaciones están respondiendo a condiciones ecológicas distintas y plantean la posibilidad de que la pesca tenga efectos que van más allá de la reducción del número de ejemplares.

Queda trabajo por delante para conocer el alcance de ese fenómeno. Los autores consideran que esta línea de investigación puede ayudar a entender mejor cómo determinadas actividades humanas influyen en la biología de las especies marinas.

Las conclusiones tienen además una aplicación directa para la gestión de las reservas. Si estos espacios conservan una mayor diversidad genética, también pueden actuar como una fuente de individuos capaces de reforzar otras poblaciones. Los huevos y las larvas del raor viajan impulsados por las corrientes marinas y pueden acabar colonizando zonas alejadas del lugar donde nacieron.

Por eso, el siguiente paso será estudiar con detalle cómo se produce esa dispersión y hasta qué punto las reservas benefician a los caladeros cercanos.

La investigadora responsable del estudio, Margarida Barceló, sostiene que los resultados muestran la importancia de las reservas marinas para conservar la diversidad biológica del raor. El investigador principal del proyecto, Josep Alós, añade que comprender estos procesos permitirá mejorar la gestión de la pesca recreativa y diseñar estrategias de conservación con una base científica más sólida.

Durante años, la eficacia de una reserva marina se ha medido por la cantidad de peces que alberga. Este estudio propone mirar también lo que ocurre dentro de su ADN. Porque una población numerosa puede perder capacidad para adaptarse si reduce su diversidad genética. Y esa diferencia solo se aprecia cuando se analiza lo que no se ve.