Vista del campus de la UIB.

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La UIB culpa a las universidades chinas y al sistema de puntuación de su salida del ranking de Shanghái

La universidad balear defiende la calidad de su investigación tras quedarse fuera de las 1.000 mejores del mundo y cuestiona los criterios de la clasificación

La UIB ha recibido con sorpresa su salida del prestigioso ranking de Shanghái. La universidad balear ya no figura entre las mejores 1.000 universidades del mundo y, en España, se ha visto superada por otras como la Rey Juan Carlos de Madrid y la de Valladolid, que han entrado por primera vez en el listado.

La reacción de la UIB ha sido cuestionar los criterios seguidos por los responsables del ranking y escudarse en que las universidades chinas, con cada vez más peso internacional, cuentan con más medios para destacar. No ha explicado, sin embargo, por qué hasta este año sí ha figurado en el prestigioso listado de universidades y qué ha cambiado para su salida del mismo.

En un comunicado, la UIB ha explicado que el ranking tiene en cuenta «fundamentalmente indicadores relacionados con la investigación y la excelencia científica» tales como «el número de antiguos alumnos y miembros del personal académico galardonados con premios Nobel o medallas Field, el número de investigadores altamente citados, los artículos publicados en Nature y Science y la producción científica indexada en las principales bases de datos internacionales».

La dimensión de la universidad

Estos indicadores, ha añadido la universidad de las Islas, «se calculan a partir de valores absolutos, sin ponderarlos por la dimensión de la universidad». Solo uno de los seis indicadores, el relacionado con el rendimiento académico per cápita, «introduce explícitamente una corrección relacionada con la dimensión de la institución».

Por estos motivos desde la UIB se considera que los criterios «favorecen a las universidades de grandes dimensiones y con una larga tradición en las disciplinas científicas que el ranking considera». «Para una universidad de dimensiones medias como la UIB», añade el comunicado, «la actividad científica y el impacto de la investigación pueden ser muy significativos en relación con sus recursos y su dimensión sin que esta intensidad relativa quede reflejada de la misma manera en buena parte de los indicadores» de la metodología utilizada por los responsables del ranking.

La universidad balear pone como ejemplo de esto que la UIB ha tenido entre sus antiguos profesores a un premio Nobel como Camilo José Cela, pero este hecho no es considerado por el ranking, que «solo considera los premios Nobel de Física, Química, Medicina y Economía, además de las medallas Field de Matemáticas».

Desde la UIB se considera que el ranking es «muy exigente y orientado principalmente a medir la excelencia investigadora a partir de unos indicadores muy específicos». Pero, a la vez, se critica que no evalúe otras «dimensiones esenciales de la actividad universitaria» como pueden ser «la calidad de la docencia, la transferencia de conocimiento, la innovación o el compromiso social, misiones que, de acuerdo con la Ley orgánica del sistema universitario, forman parte esencial de las funciones que las universidades han de cumplir al servicio de la sociedad».

La culpa es de China

Las excusas de la UIB no se quedan ahí. Y es que la universidad isleña, estrechamente vinculada al catalanismo, también se defiende de su caída del ranking apelando a que este ha sufrido «una transformación muy significativa» debido al «fuerte crecimiento del sistema universitario chino y de las importantes inversiones que este país ha destinado a investigación». Y aporta en su defensa datos como que nada menos que 234 universidades del gigante asiático se sitúan ya entre las 1.000 del ranking. Y 16 de estas lo hacen entre los 100 primeros puestos.

La UIB enmarca así su caída en un fenómeno que no afectaría exclusivamente a Baleares. España ha pasado de contar con 38 universidades entre las mil primeras en 2024 a 36 en 2025 y únicamente 30 en la edición de 2026.

La institución señala que «entrar o salir de las 1.000 primeras posiciones puede responder a variaciones relativamente pequeñas» en los indicadores empleados por Shanghái y sostiene que quedarse fuera de la clasificación «no implica necesariamente cambios sustanciales en la calidad de la investigación».

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