La abarca, con su pala y tira trasera, son un clásico del veranoPaolo Gallo Modena

El resurgir

La abarca menorquina, el invento de unos campesinos que enamoró a Loewe y es icono de la ‘slow fashion’

Las ventas vuelven a crecer, las fábricas recuperan pedidos y un calzado nacido para soportar las piedras y la arena de Menorca encuentra una nueva vida gracias a la calidad

Antes de que existieran las tendencias, las colecciones cápsula o la slow fashion, hubo unos campesinos que sólo querían llegar a casa con los pies enteros. Es ahí donde arranca la historia de la abarca menorquina: en el campo. En una Menorca de mediados del siglo XIX donde caminar no era un placer, sino una obligación diaria. El norte de la isla, áspero y pedregoso; el sur, cubierto de arena y caminos blandos. Dos paisajes opuestos que exigían un calzado resistente, cómodo y, sobre todo, práctico. La estética no importaba. Mucho menos la moda. Lo único relevante era fabricar un zapato capaz de soportar jornadas enteras de trabajo. Aquellos payeses difícilmente habrían imaginado que, siglo y medio después, aquella solución nacida de la pura supervivencia acabaría inspirando a firmas de lujo y desfilando por los escaparates de medio mundo.

«La abarca menorquina es uno de los productos más representativos de la isla», resume Catalina Hernández, de PIME Menorca. «Su origen está en el campo. Fueron los propios campesinos quienes empezaron a fabricarla porque necesitaban un calzado que se adaptara tanto al terreno del norte como al del sur de Menorca». Una idea sencilla que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de la isla.

El salto llegó cuando Menorca empezó a abrirse al turismo. «El gran cambio se produjo en los años sesenta y setenta. A medida que la isla fue recibiendo visitantes, la abarca se convirtió en un producto cada vez más identificativo de Menorca», explica Hernández. A partir de ahí comenzó un largo viaje que la llevaría mucho más lejos del Mediterráneo. Ferias en Nueva York, Milán o París ayudaron a que un calzado de origen humilde encontrara un hueco en mercados donde el diseño y la artesanía cotizan al alza.

El mejor calzado para el verano

Hoy la menorquina ya no pertenece únicamente a Menorca. Pertenece, en cierto modo, al verano español. Desde la isla, hasta Madrid, Barcelona, Sevilla o Cádiz. Por poner algunos ejemplos. Y, por supuesto, fuera de España. «La abarca es una seña de identidad de Menorca y uno de los productos que mejor representan a la isla en todo el mundo», afirma Carlos Truyol, CEO de Ria Menorca, una de las firmas históricas del sector.

La internacionalización forma parte ya del ADN de la industria. Mientras algunas empresas preparan su presencia en ferias europeas, Ria continúa ampliando mercados. «Seguimos saliendo al exterior para dar a conocer la menorquina. Acabamos de estar en Valencia, en agosto iremos a Chicago y también estaremos presentes en una feria en Alemania», explica Truyol. De Menorca al mundo, literalmente. La menorquina se vende hoy en decenas de países y ha logrado algo reservado a muy pocos productos artesanales: conservar su identidad mientras conquista nuevos mercados.

Slow life

Paradójicamente, el regreso de la abarca coincide con un momento en el que el consumidor parece haber empezado a cansarse de la moda rápida. Existe un nicho de comprador que exige prendas y zapatos que duren. Mejor poco bueno que mucho malo. Y ahí la menorquina juega con ventaja. «La tendencia hacia la slow fashion nos beneficia porque cada vez hay más consumidores que miran el origen del producto, cómo está fabricado y la calidad de los materiales», sostiene Truyol. No habla solo de una corriente estética. Habla de un cambio de mentalidad. «Empieza a haber un repunte entre un público con poder adquisitivo medio y medio-alto que busca precisamente eso: productos auténticos y bien hechos». Un consumidor que quiere saber quién fabrica aquello que compra y cuánto tiempo le va a durar.

Ese cambio empieza a reflejarse también en las cifras. «Este junio ha ido bastante bien. Hemos recibido más reposiciones de las tiendas multimarca que el año pasado y eso indica que hay un repunte de la demanda», asegura el empresario. Las reposiciones son uno de los mejores termómetros del sector: significan que las tiendas han vendido más rápido de lo previsto y necesitan volver a llenar las estanterías. «Parece que la gente vuelve a apostar por la abarca como un básico, un fondo de armario que siempre conviene tener», resume.

Quizá el secreto nunca estuvo únicamente en la estética. La menorquina combina algo poco habitual: resulta reconocible a primera vista y, al mismo tiempo, cómoda para caminar durante horas. «Las abarcas auténticas utilizan materiales naturales que hacen que el pie transpire mucho mejor. Las imitaciones suelen estar hechas con plásticos y materiales de menor calidad», explica Truyol.

Una abarca auténtica cuesta más que muchas copias, pero también dura bastante más. «El modelo básico ronda los 50 euros», apunta. «Cuando comparas lo que duran unas abarcas auténticas con otros zapatos que se rompen enseguida, ves que realmente compensan».

Calidad, genuidad

Hay incluso clientes que conservan el mismo par durante años. «La abarca no es un zapato para una sola temporada. Es un calzado que puede durar muchísimo tiempo si es de calidad». No es extraño escuchar historias de personas que siguen utilizando unas menorquinas compradas hace casi una década.

Catalina Hernández coincide en esa idea. «Una abarca auténtica se nota». De ahí que el sector esté impulsando una indicación geográfica protegida para blindar el producto original frente a las imitaciones. «El objetivo es proteger el producto auténtico. Es una estrategia para defender un producto que es genuinamente menorquín».

Sin perder su silueta —«se reconoce fácilmente por su pala y por la tira trasera», recuerda Hernández— ha sabido adaptarse a cada época. Han cambiado los tejidos, los colores y los acabados. Incluso algunas empresas han desarrollado versiones específicas para nuevas formas de caminar.

Empatía con el 'barefoot'

«Nos adaptamos a las nuevas tendencias sin perder la esencia de la menorquina», explica Truyol. «Ahora también trabajamos versiones adaptadas al barefoot porque el consumidor cambia y nosotros tenemos que evolucionar con él.»

La historia de la abarca menorquina demuestra que la innovación no siempre consiste en inventar algo nuevo. A veces basta con conservar aquello que ya funcionaba.

Un puñado de campesinos buscó hace más de siglo y medio la mejor manera de caminar sobre la roca y la arena. Sin pretenderlo, dejaron diseñado uno de los pocos objetos capaces de sobrevivir a las modas. Hoy sigue recorriendo las mismas calles de piedra de Menorca, pero también avenidas de Nueva York, escaparates de Tokio o ferias de Chicago. Muy pocos inventos nacidos del trabajo cotidiano pueden presumir de haber pisado tan fuerte.