El primer toc de flabiol marca el inicio de las fiestas
Menorca
Mucho más que una fiesta: por qué los menorquines lloran con el 'Primer Toc' de Sant Joan y blindan su joya medieval
La celebración más emblemática de la isla convierte durante 48 horas a Ciutadella en el epicentro festivo de Baleares y mantiene vivo un ceremonial medieval
El 23 de junio Menorca deja de ser la isla tranquila. Arrancan las fiestas de Sant Joan de Ciutadella, una de las celebraciones populares con más arraigo de España, capaces de movilizar cada año a decenas de miles de personas y de convertir durante dos días a la antigua capital menorquina en el epicentro festivo de Baleares.
La magnitud que ha alcanzado la fiesta obliga a desplegar un dispositivo extraordinario. Cerca de un millar de efectivos de seguridad, emergencias y asistencia sanitaria velarán por el desarrollo de los actos más multitudinarios, desde el Caragol des Born hasta los Jocs des Pla. Solo durante la tarde de hoy, del 24 de junio, en el momento de máxima afluencia de público, habrá 450 profesionales desplegados entre Policía Local, Policía Nacional, Cruz Roja, Protección Civil y servicios sanitarios, además de un centenar de vigilantes privados encargados de reforzar los controles de acceso y los principales puntos de concentración.
Este año participarán en las fiestas 190 caballeros, quince más que en 2025, una muestra del tirón de una tradición que sigue creciendo generación tras generación. Los aforos previstos reflejan también la dimensión del acontecimiento: los Jocs des Pla, por ejemplo, alcanzarán una capacidad máxima de 25.261 asistentes.
Miles de jóvenes llegados desde Mallorca y Cataluña se suman estos días a una celebración que trasciende el ámbito local. Los barcos llegan llenos, los alojamientos rozan el lleno absoluto y las calles del casco histórico se convierten en un hervidero humano. Para los visitantes es una fiesta espectacular. Para los menorquines es mucho más que eso.
Raíces medievales
Ciutadella mantiene vivo un ceremonial cuyo origen se remonta a principios del siglo XIV. Lo que hoy contemplan miles de visitantes nació como una romería a caballo hasta una pequeña ermita rural para honrar a San Juan Bautista.
La huella medieval sigue presente en cada detalle. La comitiva ecuestre, conocida como qualcada, conserva la representación de los antiguos estamentos sociales de la Menorca medieval. El Caixer Senyor simboliza a la nobleza; el Caixer Capellà representa a la Iglesia; los Caixers Pagesos encarnan al campesinado; mientras que el Caixer Casat y el Caixer Fadrí recuerdan al mundo artesanal de la época. Al frente de todos marcha el fabioler, montado sobre una somereta y guiando el recorrido con las notas del fabiol y el tambor, un sonido que cualquier menorquín identifica inmediatamente con la llegada de las fiestas.
Calendario
La cuenta atrás comienza realmente el domingo anterior al 23 de junio con el Diumenge des Be. Ese día, una comitiva formada por los caixers y el fabioler acompaña a s'Homo des Be, un hombre descalzo vestido con pieles de cordero que recorre las calles de Ciutadella cargando un carnero sobre los hombros para anunciar que Sant Joan está cerca. Es una de las imágenes más singulares y reconocibles del folclore balear.
El corazón de la celebración llega los días 23 y 24 de junio. Todo comienza con el Primer Toc de Fabiol en la casa del Caixer Senyor. A partir de ese momento, la ciudad entra en una dinámica frenética que prácticamente no se detendrá hasta el amanecer del día 25. Los cavallers recorren las calles acompañados por los caixers en un ritual que se repite año tras año y que marca el ritmo de la fiesta.
La multitud abraza Ciutadella
La tarde del día 23 tiene uno de sus momentos más emblemáticos con el Caragol des Born. Miles de personas abarrotan la plaza más emblemática de Ciutadella mientras los caballos avanzan entre la multitud en una imagen que se ha convertido en símbolo de Sant Joan. Más tarde llegan las tradicionales Vespres en la ermita de Sant Joan de Missa, heredera de aquella antigua romería medieval.
El día 24 se vive el momento culminante. Tras los actos de la mañana y sa Convidada frente al Ayuntamiento, la atención se traslada al Pla de Sant Joan. Allí se celebran los históricos juegos ecuestres que han dado fama internacional a la fiesta. Pruebas como s'ensortilla, ses carotes o córrer abraçats mantienen vivo el espíritu de los antiguos torneos medievales y reúnen a miles de espectadores en torno a jinetes y caballos.
Para preparar este escenario se han extendido este año 150 toneladas de arena, 25 más que en la edición anterior, con el objetivo de reducir el polvo durante las competiciones. Son pequeños detalles que muestran hasta qué punto la organización se adapta a una celebración que conserva intactas muchas de sus tradiciones, pero que al mismo tiempo debe responder a la presencia creciente de público.
Las avellanas, por las nubes
Incluso elementos tan característicos como las avellanas empiezan a reflejar los cambios de los tiempos. Cada año resulta más difícil conseguirlas y su precio se ha incrementado debido a la demanda industrial, especialmente para la producción de biodiésel. Aun así, siguen formando parte indispensable de la liturgia santjoanera.