El doctor Antoni Oliver

Ciencia

Una investigación liderada desde Mallorca consigue poner freno a una de las bacterias más rebeldes y peligrosas

El Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares y la Monash University de Australia han colaborado con éxito en la lucha contra la 'Pseudomonas aeruginosa'

En la cruenta batalla que mantienen desde hace décadas los antibióticos y las bacterias, ha habido algunas victorias parciales de estas últimas desde principios del siglo actual, una situación que se intenta revertir con la creación de nuevos antibióticos o con una mejor acción combinada de los que ya existen. Este es el camino que se ha seguido en una investigación conjunta llevada a cabo por la Monash University de Australia y el Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (Idisba), cuyas conclusiones han sido publicadas en la prestigiosa revista The Lancet Microbe.

El citado estudio arroja nueva luz sobre cómo combatir infecciones graves provocadas por bacterias altamente resistentes, en este caso la Pseudomonas aeruginosa, demostrando que puede ser eliminada de forma muy eficiente con una combinación de dos antibióticos B-lactámicos, que al mismo tiempo retrasan la aparición de resistencias. Así lo explica a El Debate el doctor Antonio Oliver, coautor de este trabajo. Actualmente, es el jefe del Servicio de Microbiología del Hospital de Son Espases y lidera el Grupo de Resistencia a los Antibióticos y Patogénesis de las Infecciones Bacterianas del Idisba.

«Nosotros somos referentes mundiales en la investigación de la Pseudomonas aeruginosa», destaca. Fue por ese motivo por el que, hace unos veinte años, grupos de investigación de la Monash University que se dedicaban al estudio de la actividad de los antibióticos quisieron conocer los posibles tratamientos para las infecciones provocadas por la citada bacteria y contactaron con el Idisba. «En aquel entonces ya iniciamos una colaboración que ha durado hasta ahora, gracias a que hemos encadenado cuatro o cinco proyectos de investigación financiados por lo que sería el equivalente del Ministerio de Sanidad de Australia, que es una cosa muy positiva», especifica el doctor Oliver.

Una fructífera colaboración

«En la Monash University hay expertos en determinar la actividad y el diseño de los tratamientos antibióticos, y nosotros somos expertos en la Pseudomonas aeruginosa y en cómo se hace resistente», sintetiza a continuación. Fruto de la mencionada colaboración mutua, han publicado ya muchos artículos sobre esta materia, si bien el último ha tenido además una repercusión muy especial, pues ha sido divulgado por una revista de renombre mundial en este ámbito, The Lancet Microbe.

Hablando ya en general, cabe recordar que cada vez es mayor la preocupación entre los sanitarios por la creciente resistencia de determinadas bacterias a los antibióticos, un hecho que no sólo se traduce a menudo en curaciones más lentas, sino incluso en la muerte de los propios pacientes en los casos más graves. «Tampoco es cuestión de ser alarmista, pero es verdad que las bacterias tienen una capacidad extraordinaria para adaptarse y, además, en cada infección bacteriana en una persona concreta hay un número de bacterias superior a lo que sería el total de la población mundial», alerta este reconocido investigador y facultativo.

«Tenemos que ser conscientes de que por muchos antibióticos que seamos capaces de descubrir, que por cierto cada día son menos, siempre vamos a ir un poco por detrás de la capacidad de la bacteria, y eso nos obliga no sólo a intentar hallar nuevas aproximaciones para tratar las infecciones, sino también a preservar las aproximaciones que ya tenemos de la mejor forma posible para que se mantengan a lo largo del tiempo», recalca.

Posible soluciones

Precisamente, las previsiones que existen hoy para el año 2050 vaticinan que en esas fechas podría haber hasta 10 millones de muertes al año por la falta de efectividad real de algunos antibióticos actuales. De hecho, ya en el momento presente se calcula que cada año fallecen algo más de un millón de personas por esa circunstancia. De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considere que esta situación es una de las principales amenazas para la salud a corto y medio plazo en todos los países. «Por nuestra parte, estamos trabajando desde hace años para mitigar un poco este problema del avance de la resistencia a los antibióticos», corrobora el doctor Oliver.

Otro posible elemento a tener en cuenta es que, afortunadamente, hoy en día «sólo se pueden obtener antibióticos por prescripción médica», si bien también es verdad que «los médicos de familia tienen a veces mucha presión por parte de algunos pacientes, que quieren que se les recete un antibiótico para, por ejemplo, el virus de la gripe, cuando es bien sabido que los virus no se curan con antibióticos».

«Frente a la falta de desarrollo de nuevos antibióticos hay toda una serie de posibles estrategias, y una de ellas es, como ya hemos señalado, la combinación de antibióticos», contextualiza nuestro interlocutor, poniendo de nuevo como modelo el trabajo más reciente que han hecho él y su equipo, y que ha sido publicado por The Lancet Microbe. «Cuando juntas los dos antibióticos B-lactámicos que hemos utilizado para combatir la Pseudomonas aeruginosa, el tratamiento es mucho más eficaz y, sobre todo, evita además que esa bacteria desarrolle resistencia», valora.

El sistema inmunológico

A partir de esa realidad, siempre hay que tener en cuenta en estudios de este tipo cómo actúa el antibiótico y cómo se hace la bacteria resistente. «Por tanto, nos interesa combinar antibióticos que actúen en dos puntos distintos para atacar a la bacteria por dos frentes diferentes», resume. Tomando como base ese trabajo previo, la Monash University es capaz de «diseñar tratamientos personalizados para conseguir que las infecciones se curen y que no aparezcan bacterias resistentes frente al antibiótico».

El doctor Oliver recuerda, por otra parte, que «lo que más condiciona cómo va a evolucionar la infección es el estado del sistema inmunológico del paciente», en el sentido de que cuando hay una inmunodepresión por alguna enfermedad, por algún tratamiento médico o sencillamente por tener una edad avanzada, «las personas son mucho más susceptibles de tener infecciones por cualquier microorganismo». A continuación, pone un ejemplo concreto: «Una de las fuentes más frecuentes de infección por Pseudomonas aeruginosa es que una persona tenga una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)».

Por último, aconseja no autodiagnosticarse y evitar también seguir en las redes sociales a las personas que hablan sobre enfermedades o sobre salud a pesar de no tener ningún conocimiento sanitario. «Tenemos que ser conscientes de que quienes están facultados para tratar las enfermedades son los médicos y no los gurús de las redes sociales», concluye.