La gran finca de Mallorca que une a la nobleza del siglo XVIII con los Obama

La histórica Vinagrella, en Llubí, de camino al norte de la isla, conserva el legado de ilustres linajes, intrigas políticas y un asesinato convertido en refrán popular

Atardecer mediterráneo junto a villa histórica

Entre sa Pobla y Llubí, aunque en tierras de Muro, se encuentra la Possessió de Vinagrella que a lo largo de siglos ha sido propiedad de una estirpe de la más alta aristocracia mallorquina. Ahí están los ilustres apellidos de la señera nobleza de la isla: los Zaforteza, los Olesa, los Burgués y los Fortuny. Sus tierras de cultivo -a medio camino entre los feraces huertos poblers y el secano típico de la comarca del Pla- fueron y siguen siendo refugio y solaz para privilegiados. Retratos de personajes históricos que manejaron la vida y hacienda de muchas personas, cuelgan de las paredes de los lujosos salones de la «casa de los señores».

El palacete rural guarda los secretos de esas personas que, de una manera u otra, marcaron el destino de nuestra pequeña isla mediterránea. Al investigar el pasado de la finca surgen los nombres de otras muy semejantes y también los de caserones señoriales ubicados en la ciudad vieja de Palma. La Guerra de Sucesión Española, en la que Mallorca estuvo principalmente en el bando de la Casa de Austria, se entremezcla con episodios de la vida de los señores de Vinagrella: matrimonios de conveniencia, disputas políticas e incluso un asesinato cuya procelosa investigación acuñaría un refrán de uso común en nuestra habla hasta hace unos pocos decenios. Nadie diría que allí, a escasos kilómetros del humilde pueblo de Llubí, permanece, hibernado, el recuerdo de acontecimientos muy importantes, que influyeron decisivamente en el devenir de los mallorquines.

Vinagrella fue, como tantas otras en Mallorca, una finca fortificada. Lo atestigua su imponente torre, de las denominadas de capell. Se trata del elemento arquitectónico más representativo del palacete. A diferencia de las torres de vigilancia costera, diseñadas para hacer frente a la invasión de piratas a través de señales de fuego, las ubicadas en tierras del interior tenían un propósito de refugio y protección civil inmediata. Su finalidad era la de resguardar a los habitantes de la finca, así como a las cosechas de trigo, objetivo de los bandidos que tanto proliferaron en la Part Forana durante los siglos XVI y XVII.

El cronista visitó Vinagrella hace muchos años en una plomiza mañana de otoño. Negros nubarrones se levantaban, amenazadores, hacia el norte. Desde lo alto de la citada torre se podía divisar, a lo lejos, el largo promontorio de Formentor, envuelto en brumas. Recuerdo el imponente portal exterior, de arco de medio punto, coronado por un escudo de armas tallado en piedra y un soberbio reloj de sol en excelente estado de conservación. La capilla es una de las joyas de la propiedad. Su portal de acceso es de clara inspiración renacentista y su bóveda de crucería evoca aires catedralicios. En lugares como Vinagrella puedes experimentar, como en un viaje al pasado, cómo era la vida y la organización social y productiva de la Mallorca de hace 400 años. A poco que las interpeles, te lo cuentan las propias piedras que contemplas, los arcos, los dinteles y también la serena majestuosidad de la clastra (patio interior) o las dos grandes bodegas de la casa y la almazara.

Prosapia

De la larga lista de señores de Vinagrella a través de los siglos cabe destacar tres nombres. El de don Pedro de Santacília y Pax, Togores y Burgués, que fue caballero de la Orden de Calatrava, Almirante del Mar de la Armada de Cataluña y Gobernador General del Ejército de Dragones. Un militar en toda regla, vamos.

El primer Marqués del Verger de Vinagrella lo fue por concesión del Archiduque Carlos de Austria, que el bando austracista consideraba ya Carlos III de España durante la Guerra de Sucesión. El título data de agosto de 1708 y fue suspendido por Felipe V, ganador de la contienda, al final de la misma. Posteriormente este marquesado sería ratificado, aunque solo de manera simbólica y rehabilitado oficialmente siglos después en otra rama de la familia. Don Pedro de Santacília, quién fue caballero de la Orden de Alcántara, regidor perpétuo de Palma y diputado de Mallorca, casó con Cecília Dameto y de Togores, falleciendo en 1713.

Pero sin duda el personaje más representativo de Vinagrella fue don Gabriel Berga y Santacília,, acerrimo defensor de los Borbones en la tantas veces citada Guerra de Sucesión Española. Desde el primer momento del estallido del conflicto se posicionó firmemente del lado de FelipeV -los denominados botiflers que en Mallorca, de manera despectiva fueron llamados botifarres, palabra que ha llegado hasta nuestros días para señalar a la aristocracia isleña-.

Al elegir el bando francés, el de los Borbones, don Gabriel se situó en contra de la posición mayoritaria en Mallorca. El 26 de septiembre de 1706, ante la inminente llegada a la bahía de Palma de la escuadra aliada comandada por el almirante inglés John Leake, estalló un fuerte motín popular de apoyo a don Carlos de Austria por parte de los denominados maulets. Don Gabriel intentó reprimir la insurrección en la ciudad de Palma, donde murió de un tiro de arcabuz. De esta manera se convirtió en una especie de mártir para la causa felipista. Las investigaciones tendentes a identificar al autor del fatídico disparo fueron largas y no exentas de represión. Fueron tantas las detenciones que se llevaron a cabo y tan numerosos los interrogatorios al efecto que el pueblo mallorquín acuñó un refrán que ha perdurado hasta casi nuestros días: Què en sé jo, de la mort d'en Berga? (Qué sabré yo de la muerte de Berga).

División de las tierras de Vinagrella

Las extensas tierras que en el pasado conformaron el predio de Vinagrella fueron segregadas a finales de los años 90 del siglo pasado. Una parte sustancial de las mismas dio origen a la finca denominada Xarbet. Tras esta división las dos possessions iniciaron una nueva etapa a través de caminos bien distintos y distantes. Mientras el núcleo histórico de Vinagrella mantuvo sus elementos patrimoniales y su carácter agrícola ligado a las tradiciones del campo mallorquín, en Xarbet se construyó una moderna villa de carácter residencial que hoy es propiedad del ex embajador de Estados Unidos en España, James Costos y su marido, el prestigioso diseñador de interiores Michael S. Smith. En el suntuoso palacio, rodeado de olivares jóvenes, han residido como invitados de honor el ex presidente Obama y su esposa. No muy lejos, en el salón llamado «de los Tomassos» (Tomases) del histórico caserón de Vinagrella, grandes señores mallorquines de tiempos pretéritos parecen contemplar el devenir de unos tiempos que ellos no pudieron ni siquiera imaginar.