Mapa republicano con los objetivos militares de Palma. Las estrellas son los colegios bombardeados. AMGAV, M 1662, 17
Historia
Las bombas republicanas que cayeron sobre las escuelas de Palma: el mito del «solo objetivos militares»
Cuatro centros educativos fueron bombardeados durante la Guerra Civil; los alumnos salvaron la vida gracias a los refugios
Uno de los mitos de la Guerra Civil es que los aviones republicanos nunca bombardearon civiles. Esta mentira la siguen publicando hispanistas reconocidos como Michael Alpert. En su libro La Guerra Civil en el aire (2020), afirma: «Los bombarderos republicanos habían lanzado su munición sobre las ciudades de las zonas sublevadas, pero contra objetivos militares». Los documentos, sin embargo, nos dicen que las incursiones aéreas alcanzaron desde los primeros días a población civil en zonas alejadas de cuarteles. Palma es un ejemplo.
Las bombas cayeron en días laborables sobre cuatro centros educativos: s’Institut (hoy IES Ramon Llull); La Salle, que estaba entonces en la calle Concepció; el colegio Son Espanyolet (hoy centro de adultos La Balanguera), y la Universidad Luliana. Ninguno causó víctimas gracias a los refugios y al fallo de los detonadores. Una de las alumnas supervivientes en el instituto fue Emilia Darder, hija del último alcalde republicano de Palma, el cual había sido fusilado.
El primer centro afectado fue la Universidad Luliana. El lunes 27 de julio de 1936, solo ocho días después de declararse el golpe militar en Palma, un hidroavión Savoia-62 procedente de Barcelona trató de bombardear el Palacio de La Almudaina, sede de la comandancia general, pero no acertó ni una vez. Todos los proyectiles cayeron sobre viviendas particulares del casco antiguo (alguna de familia socialista) y dejó hecho ruinas el cuatricentenario edificio de la Universidad Luliana, en la calle Sant Roc, 4.
El lunes 24 de mayo de 1937 el ataque fue mucho más masivo. Once aviones rusos Tupolev SB-2, alias Katiuska, y franceses Potez sortearon la vigilancia para caer por sorpresa sobre la ciudad. El objetivo era sobre todo el puerto, pero después la misión se descontroló. Las bombas cayeron en el centro de Palma y en barrios obreros alejados de los cuarteles como Santa Catalina, Son Espanyolet y Son Pisà. En total, lanzaron unos 80 proyectiles, algunos de más de 100 kilos.
En la calle Francisco Macià, hoy Niceto Alcalá Zamora, cayó una bomba en el colegio Son Espanyolet, un centro que había inaugurado el alcalde republicano de Palma, Emili Darder. La metralla mató a un albañil que vivía justo en la casa de al lado. Se llamaba Jaume Rosselló Bonet, tenía 27 años y fue alcanzado mientras tenía a su bebé en brazos. Los vecinos cuentan que los aviones confundieron el colegio con un cuartel porque tenía izada la bandera roja y gualda. La nieta de Jaume (hija de aquel bebé que tenía en brazos), Marta Beltrán Rosselló, recuerda cómo afectó a su familia: «Fue una gran pena porque era muy joven. Según la versión de mi abuela, él cubrió con su cuerpo a su hija, es decir, a mi madre. Así ella salvó la vida, pero la onda expansiva sacudió su cuerpo y le afectó a la columna. Siempre ha sufrido de la espalda». Aquel día, hubo en Palma 20 muertos y 47 heridos. Uno de los niños fallecidos todavía no ha sido identificado.
Jaume Rosselló Bonet junto a su mujer Marta Covas Abraham. Él falleció en la calle Niceto Alcalá Zamora, junto al antiguo colegio Son Espanyolet, en el bombardeo del 24 de mayo de 1937. Su bebé resultó herido
Los otros dos colegios fueron alcanzados durante la última incursión aérea, el 30 de mayo de 1938. Fue una mañana de un lunes laborable. Nueve Katiuskas despegaron de Girona y arrojaron 63 bombas. Varias cayeron en la zona del instituto IES Ramon Llull, en la avenida Portugal. Era día de clase y, gracias a las sirenas, los 800 alumnos llegaron a tiempo al refugio. Según el parte militar, uno de los proyectiles «hizo explosión en la cubierta del salón de actos del instituto de segunda enseñanza, ocasionando desperfectos de importancia en el mismo edificio». Varios edificios de los alrededores quedaron reventados.
Catalina Fuster Marqués tenía entonces 12 años y estaba aquel día en el instituto Ramon Llull. Su hijo nos cuenta el miedo que pasó: «Mi madre estudiaba en el colegio de monjas del Pont d’Inca y le mandaron a realizar el último examen a s’Institut. Estaban allí por la mañana cuando sonaron las sirenas y les mandaron al refugio. Al salir vieron los efectos de las bombas. Una había impactado sobre un carro con lejía tirado por un mulo. Mi madre vomitó de la impresión. Aquel día volvió a nacer. Como era 30 de mayo, San Fernando, me puso a mí de nombre Fernando».
Otro de los proyectiles cayó en el colegio La Salle, entonces en la céntrica calle Concepció, al lado de la actual avenida Jaime III. En este caso, falló el detonador y no explotó. Gracias a los refugios, este día en la ciudad solo se registraron 3 muertos y 23 heridos.
El carro que transportaba lejía y los restos del mulo del que hablaba Catalina, en la puerta de s’Institut (hoy IES Ramon Llull), tras el bombardeo del 30 de mayo de 1938
La avenida Portugal de Palma, esquina calle Joaquín Botia, frente al IES Ramon Llull, tras el bombardeo del 30 de mayo de 1938. El edificio de la izquierda sigue existiendo y en la planta baja está la sede de la Escuela Balear de Diseño (EDIB)
El libro 'Mallorca en llamas' de Manuel Aguilera