Pablo Casals con los Condes de Barcelona, abuelos del Rey, en 1968 en Puerto Rico
Casa Real
La verdadera historia de Pablo Casals: la relación con los Reyes y su preocupación por la unidad nacional
La Reina María Cristina protegió y becó al músico catalán, que la quería como a «una segunda madre»
El chelista se tiraba en el suelo del Palacio Real para jugar con Alfonso XIII y mantuvo relación con él hasta la muerte del Rey
El Rey presidirá este miércoles en el Auditorio Nacional el concierto conmemorativo del 150 aniversario del nacimiento del músico catalán Pablo Casals (1876- 1973), quien mantuvo una larga y entrañable relación con la Reina María Cristina y el Rey Alfonso XIII. Esta es su historia:
En el verano de 1893 una mujer humilde llamada Pilar Defilló, llegó al Palacio Real de Madrid con sus tres hijos: Pablo, de 17 años; Luis, de 3, y Enrique, que era un bebé. Una carta de recomendación del pianista Isaac Albéniz, que se había formado en el Conservatorio de Bruselas gracias a una beca de Alfonso XII, les había abierto las puertas del palacio.
Albéniz había oído a Pablo tocar el violonchelo en el café Tost de Barcelona, donde se ganaba la vida tocando tres horas cada día, y se había quedado sorprendido. Escribió una carta de recomendación al conde de Morphy, que era secretario de la Reina María Cristina, y éste, tras escuchar al joven, pidió a la Infanta Isabel que le oyera tocar.
La escena en el Palacio Real
La Infanta Isabel les citó en el Palacio, pero, cuando Pablo se dispuso a tocar, el menor de sus hermanos empezó a llorar y a punto estuvo de arruinar la audición. Para calmar al niño, la madre se puso a dar el pecho al bebé delante de la Infanta, y a Doña Isabel le gustó el gesto, pero sobre todo le encantó la forma de tocar del joven y se lo comentó a la Reina.
La Reina María Cristina y sus tres hijos, con los que Pablo Casals forjó una relación de amistad
Tras escuchar a Pablo, María Cristina se propuso ayudar a aquel joven con talento. Le concedió una pensión de 250 pesetas anuales y se ocupó de su formación junto al conde de Morphy. El músico empezó a acudir al Palacio tres días a la semana y se matriculó en el Conservatorio de Música y Declamación de Madrid.
Sincera amistad con la Reina Regente
«Toqué para Doña María Cristina. Le gustó cómo lo hacía y me concedió una beca. Su comportamiento hacia mí no fue solo de protección, de sincera amistad, sino maternal. La recuerdo como a una segunda madre», recordaba el propio Casals poco antes de morir, en 1973, en una entrevista publicada en ABC.
Los tres hijos de la Reina, María de las Mercedes, María Teresa y Alfonso, que había nacido Rey, también cogieron mucho cariño al músico. «Yo jugué con Alfonso XIII», añadía Casals, que estudió cultura general en los mismos libros que había utilizado Alfonso XII, con anotaciones del Rey en los márgenes.
«Jamás dejé de ir a Palacio. En ocasiones tocaba el piano a cuatro manos con la Reina Regente. Otras veces jugaba, tirado por el suelo, con un niño que me había tomado mucho afecto, Alfonso XIII. Recuerdo que, en cierta ocasión, nos sorprendió e interrumpió a su madre y a mí cuando estábamos tocando. Le pregunté si no le gustaba la música. Me dijo que sí, pero, con gran ingenuidad, añadió: 'Me gustan más los soldados y los cañones'». «Yo pasaba muchas horas en Palacio, pero me alejaba conscientemente del ambiente cortesano. Iba allí dos o tres veces por semana».
El músico catalán Pablo Casals
Dos años después, Casals terminó su formación en Madrid y se disponía a ingresar en el Conservatorio de Bruselas. La Reina le nombró caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y le concedió una pensión para su estancia en Bélgica. Sin embargo, estos planes se torcieron en cuanto Pablo llegó al conservatorio y, según algunas fuentes, se sintió despreciado por el resto de los alumnos y humillado por su profesor de violonchelo, Édouard Jacobs, que intentó ridiculizarle ante sus compañeros.
El enfado de la Reina
Tras demostrar su virtuosismo con una ejecución brillante de una pieza especialmente difícil de interpretar, el profesor pidió disculpas a Casals, pero el músico ya había tomado la decisión de abandonar Bruselas e irse a París. Cuando se enteró de lo sucedido, la Reina le recriminó por haber perdido una oportunidad para formarse por culpa de su orgullo y le retiró la pensión que le había concedido.
La vida en París tampoco fue fácil, por lo que el músico tuvo que regresar a Barcelona, donde trabajó como profesor, y en 1897 hizo una gira por España que le llevó de nuevo a Madrid y al Palacio Real, donde la Reina ya le había perdonado y le regaló un nuevo violonchelo, un Guarnerius, y una esmeralda, que Casals incrustó en el arco de violonchelista. El músico catalán también visitó a la Familia Real en su residencia de verano, el Palacio de Miramar de San Sebastián, donde ofreció algunos conciertos. Pero Casals ya se había convertido en una figura internacional que no cesaba de hacer giras por Europa y América.
El violonchelista Pablo Casals
Cuando se proclamó la II República, Casals la apoyó y tanto Barcelona como Madrid le rindieron homenajes, pero él siguió defendiendo a la Reina María Cristina, que había muerto unos años antes: «En plena República, cuando me hicieron hijo adoptivo de Madrid, elogié a la Reina y me ovacionó todo el mundo», recordó en la citada entrevista.
La carta a Alfonso XIII
Al estallar la Guerra Civil, Casals abandonó España, aunque volvió en varias ocasiones, hasta que se instaló en el exilio, primero en Prades (Francia) y después en Puerto Rico, donde murió en 1973. Seis años después, en plena Transición, sus restos mortales fueron repatriados a España. Poco antes de morir, Casals recordaba desde Puerto Rico: "Hice una entrañable amistad con Don Alfonso XIII. Amistad que duró hasta la muerte del que fue Rey de España. Creo que la última carta que escribió, unos dos meses antes de su muerte, me la dirigió a mí».
Preguntado por el contenido de esa carta, que debió ser escrita a finales de 1940, el músico respondió: «Era respuesta a otra mía en la que le pedía que interviniese en favor de la unidad nacional. Sus términos no podían ser más afectuosos hacia mí y hacia mi idea, pero me daba a entender que se encontraba muy enfermo y ya sin fuerzas para tal empresa».
Se consideraba español
También contaba que le habían ofrecido «todas las nacionalidades. Exigí siempre mis papeles en regla como español», aunque reconocía que en ocasiones le costaron «muchas dificultades». Él se definía como «catalanista», pero añadía que «eso no quiere decir separatismo». Hablaba con orgullo en catalán, a veces firmaba como «Pablo» y otras como «Pau», y precisaba: «Me sigo considerando un ciudadano español».