El castillo de Jadraque en Guadalajara y los molinos de Campo de Criptana (Ciudad Real)
Castilla-La Mancha, la única región española cuya independencia es (casi) completamente imposible
Las «características comunes» que identifican a una Comunidad no lo son tanto en este caso como en otras regiones
Castilla-La Mancha es una Comunidad singular. Tanto lo es, que un mismo vecino puede votar a Vox en su municipio y al PSOE en la autonomía: algo insólito, pero real, en España. No es un caso aislado, sino efectuado y común y sabido entre los castellanomanchegos.
Ya su propio gentilicio compuesto y unido de aquella manera expresa especialidad. Los hay que se sienten castellanos y los hay que se siente manchegos (o ninguno de los dos), pero muy pocos se sienten castellanomanchegos, una palabra casi de laboratorio y que contradice lo expresado en la Constitución en lo relativo a formar una Comunidad:
Sin «entidad regional histórica»
«Las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas». Esta es una parte del artículo 143 de la Carta Magna (también donde se dice que Castilla-La Mancha es «la parte de Castilla en torno a la comarca de La Mancha»), donde está uno de los quid de la cuestión.
Esas «características comunes» no lo son tanto como en otras regiones por lo que en realidad, en su espíritu, podría decirse que apenas existe el sentimiento de «entidad regional histórica». Que le pregunten a un guadalajareño cuánto de manchego hay en él. O a un albaceteño que vive al lado de Murcia.
Mapa de Castilla la Nueva de Auguste Henri Dufour (1837)
Antes de todo se le llamaba Castilla la Nueva, y era igual solo que sin Albacete y con Madrid, aunque luego esto también fue cambiando. La Transición dio paso a las actuales provincias, sin especial emoción de sus ciudadanos, fieles a sus tradiciones particulares, sin especiales sentimientos identitarios, ni mucho menos con la exacerbación o el delirio (consentido y apoyado por el Gobierno de España, hoy más que nunca), incluso sangriento, de Cataluña y el País Vasco.
Mucho antes, en el XIX, el regionalismo dio sus primeras noticias en la Comunidad que aún no lo era. Grosso modo unos querían ser castellanos y otros manchegos. Ambos federalistas. Sendos pactos marcaban dos caminos que a lo largo del tiempo fueron dando bandazos. En un momento ese regionalismo difuso confluyó en lo que se llamó el Centro Regional Manchego, de raigambre monárquica, pero los distintos cambios políticos, desde la Primera República a las restauraciones, nueva República, dictaduras y finalmente la Transición diluyeron aquel principio de sentimiento regionalista.
Castilla la Nueva en 1785
Y más allá de la historia y por hablar de ese sentimiento, o más bien del contrario, un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado en 2023, Estudio sobre Identidades Culturales, Nacionales y Europeas, mostró que solo el 1% de la población castellanomanchega se siente más castellanomanchega que española, el récord en toda España respecto al resto de comunidades, que al 99% confirma que el independentismo en las tierras del Quijote (y no solo en ellas, faltaría más después de todo) es (casi) completamente imposible.