Antigua oficina de CCM en Barcelona
El día que en Castilla-La Mancha reventaron las cajas de ahorros de toda España
El 29 de marzo de 2009 el Banco de España intervino la Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha (CCM) como preámbulo de la debacle y final desaparición de todas estas entidades
Se han cumplido 16 años, sucedió el 29 de marzo de 2009, desde que la Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha (CCM) fue intervenida por el Banco de España. Fue el principio del fin para las Cajas en todo el país. La crisis de 2008 cogió a estas entidades en plena decadencia romana, dirigidas por consejeros, empresarios y políticos sin capacidad y sustentadas por el poder político regional. En el caso de CCM, el del entonces presidente socialista de la región, José María Barreda, sucesor en el cargo de José Bono.
El Banco de España seguía como un detective los pasos financieramente alocados de CCM. Desde la inversión inmobiliaria a, en el ínterin, aquel episodio en que saltó la noticia en la radio de que la Caja se había quedado sin fondos. Fue la primera vez que se daba la alarma públicamente. Una alerta desmentida por los responsables a los que la realidad poco tiempo después dejaría en evidencia y en la cárcel.
Criterios políticos y no bancarios
Si a Al Capone le detuvieron por evasión de impuestos, en vez de por asesinato o extorsión, por ejemplo, a CCM tampoco la intervinieron por fraude o corrupción (sí por falsedad contable, por las que fueron condenados su director, Ildefonso Ortega, y su presidente, Juan Pedro Hernández Moltó, exsecretario general del PSOE en Castilla-La Mancha), sino porque su dirección no sabía contar, o no quería, casi de forma literal.
En las cuentas presentadas no se quiso mirar o decir que la caja estaba vacía. La inspección determinó que no había solvencia y la entidad tuvo que ser rescatada mayormente por incompetencia y desastre organizativo, inversor y estructural por más de 7.000 millones. Pero este desastre no era exclusivamente incompetente sino también político. CCM se movía por criterios políticos y no bancarios (la costumbre en todas las Cajas) como hoy el Ministerio de Cultura se rige por motivaciones ideológicas y no culturales.
Las fusiones
Después llegaron las fusiones como método para salvar las cuentas y las cajas de ahorros. Un año después de la intervención de CCM se pasó de 45 Cajas a 15 grupos. Se creó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), quien se encargó de todas las intervenciones. Fue como meterse en las profundidades ignotas del mar. Un viaje que duró cuatro años, desde 2010 a 2014, en el que se casi se descubrieron «especies» nuevas.
Iba a ser la última parte de la historia de las Cajas de Ahorros, entidades con fines sociales como superación de los Montes de Piedad, donde desde el XVIII los pobres podían obtener dinero mediante el empeño de lo que pudieran tener. En un principio, CCM, apoyada por el Banco de España y por el gobierno socialista de José María Barreda, iba a fusionarse con Unicaja de Andalucía, también gobernada por el PSOE. Pero una auditoría encargada por la entidad andaluza reveló, entre otros desmanes, que distintos empresarios relacionados con políticos debían miles de millones en préstamos delirantes concedidos sin ton ni son, lo que unido a la masiva retirada de fondos de los clientes (incluida la propia Junta), asustados por el cariz del asunto, hizo imposible la fusión que pretendía enmascarar la ruina y pretendía la también imposible salvación de CCM.
Caixa Ontinyent y Caixa Pollença
Unas fusiones que el tiempo demostró que no eran la solución al problema que llevaba años gestándose, extendido como una enfermedad por toda la geografía, salvo excepciones puntuales. En su día, antes de aquel «domingo negro» de CCM y por extensión de todas las cajas de ahorros españolas como principio de su derrumbe, que fueron desapareciendo (salvo Caixa Ontinyent y Caixa Pollença, las únicas con vida, mientras CCM fue finalmente deglutida por Liberbank), dichas fusiones mayormente solo fueron salidas tan políticas como la política fue la causa principal de la muerte de estas «pequeñas» entidades (CCM representaba menos del 1 % del sector financiero en España) convertidas en espejos gigantes de una de las partes peores de la influencia política.