Jardines de la Real Fábrica de Paños de Brihuega en Guadalajara

Jardines de la Real Fábrica de Paños de Brihuega en Guadalajara

Cinco bellos poemas cortos sobre Castilla-La Mancha para conocer sus maravillas a través de los versos

Gerardo Diego, Azorín, Cela o por supuesto Cervantes se sintieron inspirados por sus visiones y las maravillas naturales y fantásticas de la región

A Gerardo Diego le gustaba Cuenca. Su amigo el escritor Federico Muelas era conquense y le contaba sus maravillas, que él mismo contempló. En 1927 (como destacado miembro de la generación del 27), Diego escribió Hoz del Cabriel. Hubo muchas más composiciones, dedicadas mayormente a sus maravillas naturales.

Azorín y Albacete

Gerardo Diego, cántabro, amaba Cuenca y reconoció que fue Muelas quien le enseñó, «verdaderamente», la ciudad y la provincia, donde estuvo muchas celebradas veces, la última penosa por el entierro de su amigo y «profesor». Azorín, es curioso, nunca paró en Albacete, pero la visión que tuvo al contemplarla desde el tren, contrastó con una idea extendida y denostadora de la ciudad, que el escritor negó en sus versos.

CINco poemas sobre castilla-la mancha:

HOZ DEL CABRIEL (Cuenca)
(Gerardo Diego)

I
Tierras de grosella.
Rocas de salmón.
Evidencia bella
de la sinrazón.

El sol de miel,
la huerta en flor, el río,
Hoz del Cabriel,
rosado desvarío.

II
Su abanico de mar
–cerca, lejos–
abre y cierra el pinar.
Tuerce el río
sus espejos.

Su resaca de mar
–mar de tierra–
el pinar abre y cierra.
Tuerce el río
cerca, lejos.
SOBRE ALBACETE
(Azorín)


Frio y llanura; laderas rasas.
Frio y navajas de Albacete.
Albacete, que arranca a un río fuerzas colosales.
Maquinismo, modernidad de Albacete.
Derroche de luz eléctrica en Albacete.
En la noche, un enorme halo resplandeciente sobre la ciudad.
Nueva York; todo a máquina, todo con máquina.
Trigo; molinos con máquinaria extramoderna.
Trigales inmensos; caminos; Don Quijote y Sancho.
Y la vertiginosidad del expreso, que deja un remolino de polvo en la llanura.
EL GRECO (Toledo)
(Jorge Guillén)


La peñascosa pesadumbre estable
ni se derrumba ni se precipita,
y dando a tanta sigla eterna cita
yergue con altivez hisopo y sable.
¡Toledo!
Al amparo del nombre y su gran ruedo
-Toledo: «quiero y puedo»-
convive en esa cima tanto estilo
de piedra con la luz arrebatada.
Está allí Theotocópulos cretense,
de sus visiones lúcido amanuense,
que a toda la ciudad prescrita en vilo,
toda tensión de espada
flamígera, relámpago muy largo
alumbra, no da miedo.
¡Toledo!
«A mí mismo me excedo
sin lujo de recargo».
Filo de algún fulgor que fue una hoguera,
siempre visible fibra,
zigzag candente para que no muera
la pasión de un Toledo que revibra
todo infuso en azules, ocres, rojos:
El Alma ante los ojos.
EL JARDÍN DE BRIHUEGA (Guadalajara)
(Camilo José Cela)


El jardín de la fábrica es un jardín romántico, un jardín para morir, en la adolescencia, de amor, de desesperación, de tisis y de nostalgia. Al lado del gracioso almendro, que parece una señorita muerta, crece el ciprés solemne, que semeja un penitente vivo. Tras los podados, recortados bojes, florecen las paganas rosas de Jericó. Frente al mirto perenne, palidece la montaraz madreselva. El viajero pasea entre los rododendros y, sin poderlo evitar, se le llena la mente de tiernos, insalubres versos de Shelley: el vino, la miel, un capullo lunar, la zarzarrosa…
AMADÍS DE GAULA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
(Miguel de Cervantes)


Tú, que imitaste la llorosa vida
que tuve, ausente y desdeñado, sobre
el gran ribazo de la Peña Pobre.
De alegre a penitencia reducida;

tú, a quien los ojos dieron la bebida
de abundante licor, aunque salobre;
y alzándote la plata, estaño y cobre,
te dio la tierra en tierra la comida;

vive seguro de que eternamente
(en tanto al menos que en la cuarta esfera,
sus cabellos aguije el bello Apolo)

Tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera,
tu sabio autor al mundo único y solo.

Jorge Guillén tomó a El Greco para cantarle a Toledo a quien comenzó llamándole la «peñascosa pesadumbre» en un hallazgo maravilloso en fondo y forma que antecedía a la hermosa y acertada descripción lírica.

El jardín de Brihuega

Se podría decir que Camilo José Cela escribió varios poemas en su narración andarina y maravillosa de La Alcarria, aunque en realidad no lo fueran sino prosas bucólicas, o incluso épicas. como la dedicada al jardín de la Real Fábrica de Paños de Brihuega. Y cómo no recordar los sonetos en El Quijote, aquellos prodigios de la imaginación de Cervantes donde los más grandes caballeros escribían al más grande caballero de La Mancha.

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