Un ranger pakistaní pasa junto a una valla publicitaria de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán en Islamabad
Claves Las tres «líneas rojas» que han hecho fracasar las negociaciones entre Irán y Estados Unidos
Casi un día entero, concretamente 21 horas de negociaciones, han protagonizado Estados Unidos e Irán, sin llegar finalmente a un acuerdo que ponga fin a la guerra de manera definitiva. El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance –encargado de encabezar la delegación de su país– compareció en la capital pakistaní, Islamabad, ante los medios de comunicación poco después de las 6:30 de la mañana (hora local) para anunciar que se levantaban de la mesa de negociación porque la República Islámica «ha elegido no aceptar» las condiciones presentadas por Washington.
«Hemos dejado muy claro cuáles son nuestras líneas rojas, en qué aspectos estamos dispuestos a ceder y en cuáles no», aseguró Vance, claramente cansado, tras una jornada maratoniana en el Hotel Serena de Islamabad, que se convirtió durante un día en el cuartel general de ambas delegaciones. A pesar de que tanto el equipo negociador iraní, liderado por el presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalibaf, como el estadounidense ya han abandonado Pakistán, esto no significa que los contactos se hayan roto por completo. La agencia de noticias iraní Fars ha aclarado que los equipos de expertos de ambos países siguen trabajando en los aspectos técnicos y que las conversaciones se reanudarán una vez que las partes concluyan sus borradores.
La propia celebración de estas negociaciones directas –que estuvieron a punto de cancelarse en varias ocasiones– supone un acontecimiento histórico y un gran avance para la diplomacia tras 40 días de guerra en Irán. La reunión entre Vance y Qalibaf supone el encuentro de más alto nivel entre Washington y Teherán desde la revolución islámica de 1979 que llevó a los ayatolás al poder. Sin embargo, la desconfianza entre ambos sigue imperando y las «líneas rojas» y puntos de fricción para apuntalar una tregua indefinida parecen, por ahora, insalvables. El tiempo corre y el actual alto el fuego expira el próximo 21 de abril.
Reapertura del estrecho de Ormuz
Entre los principales puntos de fricción destaca la reapertura del estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita el 20 % del petróleo y gas mundial, actualmente bloqueado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI). En un principio, el acuerdo de alto el fuego estipulaba que Irán debía permitir el paso seguro de los buques por Ormuz, una palanca de presión a la que Irán no quiere renunciar y que solo desbloqueará cuando se llegue a un acuerdo de paz definitivo.
Mientras se desarrollaban las negociaciones, los mensajes contradictorios se multiplicaron. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su país había iniciado ya una misión para desminar el estrecho, mientras que el Comando Central (Centcom) aseguró que dos buques de guerra, además de tres petroleros estadounidenses, se habían adentrado por primera vez desde el comienzo del conflicto en aguas del estrecho de Ormuz para «establecer un nuevo pasaje y pronto compartiremos esta ruta segura con la industria marítima para fomentar el libre flujo del comercio».
La República Islámica negó la información. «Se desmiente enérgicamente la afirmación del comandante del Centcom sobre el acercamiento y la entrada de embarcaciones estadounidenses en el estrecho de Ormuz», declaró el portavoz del Comando General Central Jatam al Anbia, el coronel Ebrahim Zolfagari, según informó la televisión estatal iraní. Por su parte, la agencia de noticias Mehr, citando a una fuente iraní informada de las negociaciones, aclaró que Teherán «no tiene prisa y, a menos que Estados Unidos acepte un acuerdo razonable, no habrá cambios en la situación del estrecho de Ormuz».
Programa nuclear
El segundo gran punto que separa a ambos países es el programa nuclear iraní. Washington insiste en que Teherán entregue o venda todas sus reservas de uranio enriquecido al 60 % –se calcula que son unos 400 kg–, cercano al 90 % necesario para la fabricación de la bomba nuclear. «Necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán un arma nuclear, ni las herramientas que les permitirían obtenerla rápidamente», señaló Vance, que agregó que, a día de hoy, «todavía no lo hemos visto».
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance junto al jefe de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán
Estados Unidos exige un «enriquecimiento cero», mientras que la República Islámica defiende su derecho a mantener su programa atómico que, asegura, tiene fines pacíficos y está destinado tan solo a uso civil y, por ello, también pide el levantamiento de las sanciones internacionales. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, confirmó en un mensaje en X, antes Twitter, que el «asunto nuclear» volvió a ser la piedra angular de las conversaciones y, sobre este punto, recriminó las «demandas excesivas y peticiones ilegales» presentadas por Washington.
Trump, y tras ser informado tanto por Vance, como por su enviado especial Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner –miembros de la delegación– sobre los contactos, confirmó que la teocracia islamista «no está dispuesta a abandonar sus ambiciones nucleares». En un mensaje en su red social, Truth Social este domingo confesó que, aunque «en muchos sentidos, los puntos acordados son mejores que continuar nuestras operaciones militares hasta el final, todos esos puntos no importan en comparación con permitir que la energía nuclear esté en manos de un pueblo tan volátil, difícil e impredecible». «Irán nunca tendrá un arma nuclear», ha sostenido.
Sanciones internacionales y reparaciones de guerra
Irán ha introducido un nuevo elemento a sus habituales demandas: indemnizaciones por los daños causados durante las seis semanas de guerra. Además de exigir el fin de las sanciones internacionales, en concreto que se desbloqueen unos 27.000 millones de dólares en ingresos congelados en el extranjero, también reclama una factura económica por la guerra. Estados Unidos condiciona el levantamiento de las sanciones a la firma de un acuerdo nuclear bajo sus condiciones.
Un último escollo es el alto el fuego en el Líbano, que la Administración Trump ha dejado fuera de esta ronda de conversaciones y defiende que el cese de hostilidades tan solo se aplica al conflicto con Irán. Así, Israel mantiene su ofensiva en el país mediterráneo contra el aliado de la República Islámica en la región, Hezbolá. Washington y Teherán mantienen aún posturas muy alejadas. Los próximos días se presentan cruciales y el presidente estadounidense debe decidir si reanudar los ataques o, de lo contrario, seguir negociando. «Nos marchamos de aquí con una propuesta muy sencilla, un método de entendimiento que constituye nuestra oferta final y definitiva. Veremos si los iraníes la aceptan», ha zanjado Vance.