Ilustración de Imanol Pradales
El perfil
Pradales, el hombre que desprecia cuanto ignora
El lendakari ha firmado una mediocre gestión que ha llevado a su tierra a ser la cuarta Comunidad más envejecida de España, con una bajísima tasa de natalidad situada en 1,16 hijos por mujer
Imanol Pradales Gil Bascones Gutiérrez Sebastián Calvo Pérez Díaz Moreno Ortega Aguilar… (Santurce, 51 años), presidente del Gobierno vasco, tiene 16 apellidos no vascos y un máster en Gestión del Conocimiento. Eso último lo dice su currículum oficial. Pero sus conocimientos son de tan bajo vuelo que solo pueden explicarse en el contexto de un nacionalismo vasco que, «envuelto en sus andrajos –y que me perdone Antonio Machado por aprovecharme de su descripción– desprecia cuanto ignora». E ignora hasta lo que dice apreciar. Porque el lendakari, que solo levanta la voz para exigir los últimos jirones de la España en oferta de Pedro Sánchez, dice querer esta vez el Guernica, de Picasso, para que sea expuesto en el Guggenheim de Bilbao, en nombre de un falaz «deber democrático».
Tan victimista como marcan los cánones nacionalistas, reclama la obra universal del malagueño recriado en La Coruña, luego en Cataluña y finalmente vecino de Francia, donde pintó el Guernica. Vamos, que el cuadro tiene de vasco lo que yo de nigeriana. Lo mismo que el propio Imanol, el hijo de Rosi Gil Gutiérrez y Manuel Pradales, que, como él ha confesado, proviene de una familia de escasa «pureza» vasca: «Mis abuelos por parte de aita y mis bisabuelos por parte de ama, llegaron desde Burgos a principios del siglo XX». Curioso árbol genealógico perteneciente a quien defiende el credo racista de Sabino Arana.
Tampoco en historia del arte es una lumbrera. Así que Imanol ha ido con todo para marcar perfil a falta de buenas políticas, sin saber nada de nada de la ecuménica obra: el mural fue un encargo para la Exposición Internacional de París de 1937 del Gobierno de la República –española, Imanol, española. Se iba a exponer en el Pabellón español –español, Imanol, español. Tras muchas vicisitudes, el Gobierno de UCD –español, Imanol, español– trajo desde Estados Unidos esta universal alegoría que denunciaba los bombardeos italianos y alemanes sobre Guernica (aunque hay autores que sostienen que es un homenaje a su gran amigo Ignacio Sánchez Mejías, muerto corneado por un toro tres años antes. Y puede que no represente ninguna de las dos cosas, que sea únicamente una representación de la guerra salvaje que estaba asolando España, y el escenario podía ser, igual que Guernica, Teruel, Almería, Madrid… o la Batalla del Ebro).
Hasta Urtasun, que no es el lapicero más afilado del estuche sanchista, ha negado que la obra vaya a ser mudada al País Vasco. Ni por razones históricas, ni por razones de conservación de nuestro patrimonio, va a salir del Reina Sofía; museo que no está en el Estrecho de Ormuz, sino a 401 kilómetros de Bilbao.
Pero el jefe del Ejecutivo vasco tiene, de vez en cuando, que asomar su RH prestado para demostrar que sigue vivo. Más allá de la firma de los vomitivos permisos para que los etarras más sanguinarios pasen al tercer grado, habrá que considerar que Ajuria Enea está hoy desdibujada. Pradales es el líder menos conocido de toda la historia del PNV. Con su Gobierno, la región sigue siendo un paraíso para sus élites gracias al cupo vasco, pero electoralmente es un páramo, con la realista amenaza de que los proetarras terminen sucediendo a Imanol. El lendakari ha firmado una mediocre gestión que ha llevado a su tierra a ser la cuarta Comunidad más envejecida de España, con una bajísima tasa de natalidad situada en 1,16 hijos por mujer, mientras uno de cada cuatro jóvenes nacidos en esa región se marcha a Madrid a estudiar y a trabajar. La tierra que gobierna Pradales disfruta de las pensiones más elevadas de España, aun teniendo el segundo mayor déficit tras Asturias. Déficit que se subvenciona con los impuestos que pagan el resto de españoles.
En 2015, cuando gestionaba Desarrollo Económico, reconoció haber adquirido 7.200 acciones de la constructora Sacyr
Hace unos días, Pradales corrió en la korrika, una marcha en la que se exhibieron fotografías de 28 etarras y, como representantes de la juventud vasca, se eligió a siete integrantes y simpatizantes de Bildu, uno de ellos hijo del exjefe de ETA, David Pla. Pues resulta que el lendakari subvenciona a estos muchachos y luego los distingue con su presencia, vestido con maillot y portando el testigo de la korrika. Nada nuevo bajo el sol porque Pradales Gil es un seguidor de Sabino Arana hasta la muerte.
Casado con Laura y padre de una niña, es lendakari desde abril de 2024 –gracias al apoyo del PSE de Sánchez y Patxi. La pérdida de más de la cuarta parte del electorado del PNV con Íñigo Urkullu de candidato llevó a Andoni Ortúzar, expresidente del PNV, a apostar para sustituirle por un hombre gris con perfil técnico como último clavo ardiendo para no perder el poder. No en vano, los nacionalistas vascos necesitaban un revulsivo para recuperar a los votantes moderados –definitivamente defensores del libre mercado y de las políticas liberales–, desencantados con su dirección por su sostenida estrategia de mantener a Sánchez y a sus medidas de ultraizquierda en Moncloa, y compartir alianza con Podemos, Bildu, Junts y ERC. Pero la música le sonó mal al PNV en 2023: perdió el 27,2 % de su electorado en las generales y cada vez era menos necesario para el PSOE, que incorporaba a su nómina de costaleros a Puigdemont.
Pradales se declara «independentista con los pies en el suelo», que aspira a la bilateralidad con el Estado y a un nuevo estatus vasco. Cuando dejó la docencia en la Universidad para saltar a la política, con solo 30 años, siempre manifestó una especial obsesión por la inmersión lingüística del euskera, idioma que habla con soltura. Pero, a pesar de su discreción, el presidente del PNV protagonizó hace unos años un escándalo: en 2015, cuando gestionaba Desarrollo Económico, reconoció haber adquirido 7.200 acciones de la constructora Sacyr, contratada por el Gobierno vasco para hacer los túneles de Autxagane y la variante de Igorre. No dimitió, pero terminó pidiendo perdón. Al sucesor de Urkullu le gusta Fito, Bruce Springsteen y Dire Straits, ir al monte a buscar setas, pescar chipirones, y cuenta que la única vez que le echaron de clase fue por reírse cuando hablaba el profesor. Pero su vocación es la de remero, deporte que practicó en La Sotera, la trainera de Santurce. Va a tener que bogar, y mucho, para no ser enviado a la oposición por Bildu.
Y donde no hay votos, buenas son las reivindicaciones absurdas sobre el patrimonio español. Después de la ocurrencia del Guernica, cualquier día nos dicen que «La rendición de Granada», de Francisco Padilla, representa a Pedro Sánchez después de entregar las llaves al rey de Marruecos para que entren todos los marroquíes que quieran. Y, lo que es peor, no sabremos si es cierto o IA.