La forma tecnológica de la antigua herejía
«El paso siguiente al transgenerismo será el transhumanismo, es decir, la asimilación del ser humano al ámbito completamente controlable de la tecnología»
Somos herederos de la civilización más rica, libre y tecnológicamente avanzada que haya existido jamás. Es obvio que ninguna civilización anterior ha llegado a una vejez más común y prolongada. Puede que las generaciones venideras no tengan que realizar trabajos físicos duros para ganarse la vida. Se puede creer lo que se quiera, o no creer en nada, sin restricciones y sin sanción social alguna. Nunca ha sido más ilimitada la posibilidad de trazar el propio camino y la configuración en la vida. Te puedes casar o no casar, casarte con alguien de tu mismo sexo o no casarte; tener hijos o no tenerlos; cambiar de sexo o no cambiar. Dicho lo cual, salta a la vista que el sueño milenario de «vencer los límites de la naturaleza mediante la tecnología y de liberar a la persona de cualquier obligación no elegida» ya está aquí entre nosotros. Y, sin embargo, ¿es eso realmente lo que queremos? Puede que no tengamos ni el criterio ni la perspectiva suficiente para contestar a la pregunta, pero sí que es más que oportuno retener una clara advertencia: Con un grado u otro de consciencia «hemos caído en una forma tecnológicamente impulsada de la antigua herejía gnóstica». Y esto se ve a través de dos datos.
Primer dato. La tecnología – ¡Recuerda!, ese mismo Internet que genera cerebros que no pueden recordar con facilidad - nos guste o no tiene el peligro de querer «convertirnos en prisioneros de nuestras pasiones y nos hace creer que no solo podemos construirnos por completo a través del ejercicio de la elección personal, sino que la autodeterminación es un derecho metafísico».
Como segundo dato conviene constatar el auge de la ideología de género que niega que el cuerpo tenga algo que ver con el sexo. De modo que el yo se define enteramente por la mente y el cuerpo es irrelevante. Así las cosas, y por pura lógica, el paso siguiente al transgenerismo será el transhumanismo, es decir, la asimilación del ser humano al ámbito completamente controlable de la tecnología. «Al haber rechazado la metafísica clásica que sostiene al cristianismo, el hombre moderno se está preparando para convertirse en una máquina». «El pasado es, en el mejor de los casos, inútil, y en el peor, una fuente de mal; solo el futuro importa».
La clave en medio de toda esta maraña pasa por «abandonar tanto el nominalismo como la separación entre alma y cuerpo». Pero esto no será posible sin la constatación de que «la información no es la totalidad de la realidad» ya que «estudiar un mapa no es lo mismo que recorrer el territorio». «Solo podemos volver a Dios usando de nuestro ser: nuestra mente, nuestro cuerpo y, ejerciendo nuestras facultades noéticas, nuestro espíritu».
C. S. Lewis, en su novela de ciencia ficción cristiana Perelandra (1943), habla del «Gran Baile» que unas voces celestiales revelan al protagonista como la explicación fundamental de cómo existe el cosmos: en perpetuo movimiento en y alrededor de Dios. A saber: «En la estructura del Gran Baile se entrecruzan innumerables designios, y cada movimiento se convierte a su hora en el florecer de todo el diseño para lo que todo lo demás estaba dirigido. Por tanto […] todos los modelos se unen y entrecruzan al arrodillarse con amor espectral. ¡Alabado sea!». A quienes se unen al Señor, escribió Lewis, «su amor y esplendor [fluyen] como un gran río que necesita gran caudal y llena las profundas lagunas y las diminutas de la misma forma aunque diferentes. Y cuando las ha llenado hasta arriba, las deja derramarse y crea nuevo canales». Moraleja: «Prestar un determinado tipo de atención al mundo, y hacerlo con una mente iluminada por la fe, os introducirá en el flujo».
Post data: Para más señas ver el último libro de Rod Dreher (Lousiana 1967) titulado Vivir en el asombro. Descubrir el misterio y el sentido de una era secular.