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El PNV quiere 'El Guernica' y Sánchez se lo dará: la cultura convertida en instrumento por los políticos

El cuadro de Picasso es para el Reina Sofía como Las meninas para el Prado, pero la codicia política y nacionalista y un Gobierno débil no entiende de estas cuestiones

Madrid

Sánchez y el primer ministro italiano Conte contemplan El Guernica en 2020

Sánchez y el primer ministro italiano Conte contemplan El Guernica en 2020GTRES

El Guernica es para el Reina Sofía como Las meninas para el Prado. Obras señeras por las que los respectivos museos perderían su ser con su ausencia. Sus visitantes quedarían decepcionados al no ver los cuadros que representan a cada pinacoteca.

Esto lo dijo Carlos Chaguaceda, director de comunicación del Museo Nacional del Prado sobre un posible préstamo del gran lienzo de Velázquez. Las meninas no se puede prestar como tampoco se puede prestar El Guernica.

Pero la codicia política y nacionalista en este caso no entiende de estas cuestiones. La ideología pasa por encima de cualquier aspecto, incluidos los técnicos y artísticos. Y más, como es el caso, acostumbrados esos nacionalistas a conseguir todos sus propósitos gracias a la debilidad de un Gobierno que depende de ellos.

No es nueva la reclamación de los políticos vascos del cuadro de Picasso. Décadas de peticiones como si fueran Grecia y El Guernica los mármoles del Partenón. El Guernica es un icono que a fuerza de insistir pretenden los políticos vascos convertir en propio.

Ya se sabe lo que dijo Goebbels: «Una mentira repetida mil veces...». Porque El Guernica no es una obra sobre Guernica y su bombardeo. Y ni siquiera es una obra con el sentido político que se le quiere dar. El Guernica es una obra de un artista, Picasso, que pintaba sobre sí mismo y sobre sí mismo trata El Guernica.

Distintos análisis de las figuras picassianas, los símbolos, las figuras, apuntan a esta idea. Es la interpretación espuria la que lo cambia todo. Es el nacionalismo sin historia el que busca sus propios símbolos apropiándose de lo que les parece oportuno.

El lendakari Pradales dice ahora que el traslado de El Guernica «es una cuestión de reparación y de memoria histórica (...) una reparación simbólica y política, no solo al pueblo vasco, sino un mensaje al mundo con ese traslado del Guernica»: es la confusión, la politización y la grandilocuencia nacionalista en esencia.

Los informes técnicos que constatan que la obra ha de permanecer donde está, en vertical, sin ni mucho menos enrollarse (como ya se hizo en el pasado para un traslado)o en condiciones estables de humedad y temperatura, entre otras cuestiones puramente científicas y no ideológicas rechazan de plano la posibilidad de moverlo.

Pero esto, lo fundamental, lo único a tener en cuenta en una política responsable, no hace retractarse de sus intenciones al Gobierno vasco nacionalista del PNV, que continúa ejerciendo presión para conseguir lo imposible. Y es posible que lo consiga, viendo los antecedentes peticionarios a Sánchez, preso de sus pactos.

Sería el triunfo del chantaje y de la mentira. Uno más. De la politización y el adoctrinamiento y del sometimiento de la cultura, ya sometida, pero con un gran símbolo que no es el símbolo que se pretende que sea, a la política más despreciable.

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