Pedro Sánchez dirigiéndose a Alberto Núñez Feijóo
Nada que hacer
Los socios fijos y discontinuos de Sánchez cierran la cloaca del PSOE en una sesión de control premonitoria
La jornada en el Congreso sirvió para medir la temperatura de la mayoría de investidura a dos semanas de la comparecencia del presidente para hablar de corrupción. Ni frío ni calor
Pedro Sánchez puede seguir durmiendo tranquilo gracias a sus socios, los fijos y los discontinuos. La vida sigue igual en la política española tras el paso del Papa León XIV por el Congreso. Ni él tiene mayoría para gobernar, ni Alberto Núñez Feijóo la tiene para desalojarlo de la Moncloa. Porque el PNV y Junts piden elecciones, pero con la boca pequeña.
La primera sesión de control parlamentaria para el presidente después del estallido del caso Leire fue premonitoria. Sirvió como termómetro para medir la temperatura de la mayoría de investidura a dos semanas de que Sánchez comparezca el 24 de junio en la Cámara Baja para hablar de los casos de corrupción del sanchismo. Ni frío ni calor.
Los socialistas salieron del hemiciclo más relajados de lo que entraron -aunque la procesión siga yendo por dentro- tras comprobar cómo, en sus respectivos turnos de preguntas, Bildu, el PNV, ERC, el BNG y hasta Junts obviaron todo: la imputación de la gerente del PSOE, la citación como testigo de su presidenta y las mentiras del ministro Fernando Grande-Marlaska negando tres reuniones de la directora general de la Guardia Civil con la fontanera que sí se produjeron.
Nada que ver. Circulen, circulen, vino a decir Sánchez en su cara a cara con Alberto Núñez Feijóo, «Estamos en el mejor momento de la historia democrática de nuestro país», sostuvo el presidente ante el líder de la oposición, que le había espetado instantes antes: «Señor P.S. Si lo sabía todo, tiene que dimitir por corrupción. Si no lo sabía, tiene que dimitir por incompetente». Y los socios le hicieron caso y circularon.
La intervención de la portavoz de Bildu fue la comidilla en las bancadas de la oposición. Mertxe Aizpurua empezó sosteniendo: «Lo que estamos conociendo sobre supuestas prácticas en el entorno de su partido nos parece grave, por eso usted deberá aclararlo todo», para después quitarse la careta. «Pero también queremos ser muy prudentes, porque no somos ajenos a la operación que hay en marcha para acabar con la legislatura, tumbar su Gobierno y especialmente cerrar la ventana de oportunidad para un ciclo social y plurinacional», continuó.
La portavoz de Junts utilizó su turno de intervención para hacer oposición no al Gobierno de Sánchez, sino al de Salvador Illa. Míriam Nogueras no hizo una sola referencia a los casos de corrupción que asedian al presidente, a su Gobierno, a su partido y a su familia. Por el contrario, le recriminó que el Papa hablara más catalán «en una hora» en su primera jornada en Barcelona que él en toda la legislatura (no pensaba eso de León XIV el lunes, cuando lo abordó en el Congreso).
La diputada de ERC Inés Granollers le preguntó al vicepresidente Carlos Cuerpo por qué la banca «siempre gana» frente a las familias, y la diputada del PNV Idoia Sagastizabal preguntó a la también vicepresidenta Sara Aagesen por las inversiones en redes eléctricas.
En la red X, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, advirtió a Sánchez de que jugar con el PP al «y tú más» es reconocer «y yo también». Y desde Valencia, el ministro de Sumar Pablo Bustinduy, que calificó de «extraordinariamente preocupantes» las informaciones sobre la cloaca del PSOE y exigió a los socialistas que se asuman «todas las responsabilidades que se deban asumir». Pero dentro de la Cámara Baja, nada.
No de esa parte del hemiciclo, porque los diputados del PP y Vox sí fueron muy contundentes, aunque les sirviera de poco. Lo fueron especialmente contra el ministro Félix Bolaños, que siguió escondido bajo la sotana de León XIV. O eso intentó.
El titular de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes replicó a las preguntas de Miguel Tellado, Cayetana Álvarez de Toledo y Pepa Millán lamentando que a los tres les hubieran cundido poco las enseñanzas que el Pontífice dio el lunes en el Congreso. «Fíjese las vueltas que da la vida. Al final nosotros acabaremos en el cielo y ustedes ardiendo en el infierno», respondió a Álvarez de Toledo, después de que la diputada del PP hubiera sostenido: «Si Sánchez lo sabía, responsabilidad penal. Si no lo sabía, responsabilidad política. Tiene que dimitir porque es su propia doctrina».