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40.000 fieles se congregaron en el Estadio de Montjuic

40.000 fieles se congregaron en el Estadio de MontjuicAFP

Las tres claves 'escondidas' de la homilía del Papa en Montjuic: la receta de León XIV para que España pase de la noche a la luz

Utilizando la figura bíblica de Nicodemo, el Pontífice ha reflexionado sobre la condición humana y el camino de la fe como una búsqueda constante en medio de la incertidumbre

Nicodemo fue aquel maestro de la Ley que, arrastrado por una sed de Verdad que no lograba saciar con normas, buscó a Jesús al amparo de las sombras para no ser juzgado por los demás. Un «peregrino en la noche», como lo ha definido el Papa desde el Estadio Olímpico de Montjuic, que podemos ser todos nosotros y que se convirtió en el espejo donde el Pontífice quiso que mirara toda España. El pasaje evangélico elegido por el Papa corresponde al encuentro entre Nicodemo y Jesús narrado en el tercer capítulo del Evangelio de san Juan.

Durante la conversación entre ambos, Jesús le revela una de las verdades centrales del cristianismo: para entrar en el Reino de Dios es necesario «nacer de nuevo», es decir, experimentar una profunda renovación interior obrada por el Espíritu Santo. Lo verdaderamente decisivo, como se entiende del pasaje evangélico, no es la observación de prodigios, sino el «nuevo nacimiento» que el Espíritu Santo obra en nuestro interior. Se trata de una acción divina que introduce un cambio radical de vida: pasar de una existencia «según la carne» —entendida como una vida centrada en intereses propios y cerrada a la trascendencia— a una vida «según el espíritu», abierta a Dios y a los demás.

León XIV resumió el sentir de una época al recordarnos que somos «mendigos de amor» en busca de un significado pleno, y que las crisis —personales, eclesiales y sociales— son el vientre donde Dios está gestando algo nuevo. Una homilía que se convirtió en una exhortación del Santo Padre a abandonar la presunción y el juicio para permitir que el Espíritu nos ayude a pasar definitivamente «de la noche a la luz».

1. El valor de la penumbra

Frente a la obsesión contemporánea por el éxito y la claridad inmediata, el Papa ha reivindicado el valor de la penumbra. Ha invitado a los fieles a no juzgar las «noches» de la vida, de la Iglesia o de la sociedad. Para el Santo Padre, estos momentos de oscuridad no son un callejón sin salida, sino un «lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva».

Esta clave 'escondida' sugiere que el sentimiento de desproporción ante el Evangelio o la amargura de los fracasos no son señales de derrota, sino la condición necesaria para que Dios actúe. La noche, dice el Papa, crea un «espacio vacío» necesario para cambiar y renovarse.

2. El fin de las «máscaras religiosas»

El Papa ha señalado que la oscuridad tiene una función purificadora: nos devuelve a lo esencial. La noche «nos quita las máscaras humanas y religiosas que usamos de día», ya sea para ocultarnos o para proyectar una imagen irreal de nosotros mismos.

León XIV ha alertado contra la «presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido» o que tenemos una luz clara sobre todas las cosas, incluso sobre Dios. La clave que propone es la humildad de sabernos «mendigos de amor» que buscan un significado pleno que nos sostenga en el misterio de la existencia. Solo al quedar «al descubierto» en nuestras luces y sombras podemos mirar la verdad sin prejuicios.

«Este 'espacio vacío' que la noche crea, –ha afirmado– aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse, para 'renacer de lo alto', como dice Jesús a Nicodemo».

3. Una fe que «armoniza» la diversidad para el bien común

Finalmente, el Pontífice ha aterrizado su mística en la realidad social de España. Ha pedido que las noches de la sociedad y la cultura españolas —sus «antiguas y nuevas pobrezas»— no nos paralicen, sino que nos lleven a preguntarnos qué sociedad queremos construir.

Su propuesta es una fe que no uniformiza, sino que «armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades». El Papa ha llamado a buscar una verdad que guíe hacia el «bien común», con el objetivo de que el país sea un «espacio acogedor para todos», donde cada persona sea respetada en su dignidad y amada por lo que es.

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