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TRNAVA, SLOVAKIA - OCTOBER 14, 2014: The neo-gothic fresco of four  evangelists (Mark,Luke,Matthew,John) by Leopold Bruckner (1905 - 1906) in Saint Nicholas church.

Los cuatro evangelistas con sus representaciones animales, por Leopold Bruckner .Renáta Sedmáková

Quiénes fueron los cuatro evangelistas y por qué se les representa con un ángel, un león, un toro y un águila

Las representaciones simbólicas de cada uno de estos santos esconden las diferencias clave que existen entre sus maneras de narrar la vida de Jesucristo

Durante muchos siglos, el arte y la iconografía cristiana han decorado catedrales, manuscritos iluminados y frescos con una combinación de imágenes fascinante: un hombre alado (o ángel), un león, un toro y un águila. Estas cuatro figuras vivientes, conocidas colectivamente en el ámbito teológico e histórico como el Tetramorfo, no son meros adornos estéticos. Cada una de ellas custodia y representa la identidad de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Los Evangelios son las columnas vertebrales del Nuevo Testamento, los textos que narran la vida, milagros, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Sin embargo, para la sensibilidad de los primeros cristianos y los teólogos de la Edad Media, cada uno de sus autores plasmó una faceta única y complementaria de la figura de Cristo. Para entender este mapa simbólico, es necesario viajar en el tiempo para descubrir quiénes fueron estos hombres y por qué la historia los unió de forma indisoluble a estas cuatro criaturas.

¿Quiénes fueron los Evangelistas?

Para comprender el origen de los símbolos, primero debemos comprender a los autores. Los cuatro evangelistas se dividen tradicionalmente en dos grupos: aquellos que fueron apóstoles directos de Jesús y aquellos que fueron discípulos de los apóstoles, recopilando los testimonios de la primera generación cristiana.

San Mateo, también llamado Leví, era un publicano; es decir, un recaudador de tributos para el Imperio Romano en la ciudad de Cafarnaúm. Su oficio lo convertía en una figura repudiada por sus compatriotas judíos, quienes veían a los publicanos como traidores. Tras ser llamado por Jesús, dejó su mesa de recaudación y se convirtió en uno de los doce apóstoles. Su Evangelio fue escrito originalmente pensando en una audiencia judeocristiana, por lo que está profundamente enfocado en demostrar que Jesús es el Mesías anunciado por las profecías del Antiguo Testamento. Su fiesta se celebra el 21 de septiembre.

San Marcos no perteneció al grupo de los doce apóstoles originales. Fue un discípulo cercano de san Pedro y de san Pablo. De hecho, la tradición de la Iglesia sostiene que su escrito es, en esencia, la recopilación de las prédicas y memorias del propio Pedro en Roma. Su Evangelio es el más corto, directo y antiguo de los cuatro. Está redactado con un estilo ágil, diseñado para presentar las acciones y el poder de Jesús a una audiencia pagana y romana. Su fiesta se celebra el 25 de abril.

San Lucas, de origen griego y nacido en Antioquía, era médico de profesión y compañero de viajes de san Pablo. Es el único autor del Nuevo Testamento que no era de origen judío. Su Evangelio destaca por su gran calidad literaria, su precisión histórica y su profunda sensibilidad hacia los marginados, los enfermos y las mujeres. Además, es el autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, configurando la crónica más detallada del nacimiento de la Iglesia primitiva. Su fiesta se celebra el 18 de octubre.

San Juan, hermano de Santiago e hijo de Zebedeo, era un joven pescador del mar de Galilea cuando se unió a Jesús. Considerado el «discípulo amado», formó parte del círculo más íntimo del Maestro. Su Evangelio es radicalmente diferente a los otros tres (los llamados evangelios sinópticos). Juan no se enfoca tanto en una cronología de milagros, sino en una teología profunda, mística y abstracta. Su fiesta se celebra el 27 de diciembre.

El origen del Tetramorfo

La asignación del ángel, el león, el toro y el águila a estos hombres no fue un invento arbitrario. Nace de la fusión de dos textos bíblicos proféticos separados por siglos de historia.

El primer antecedente se encuentra en el Antiguo Testamento, en el libro del profeta Ezequiel (Ezequiel 1, 5-10). Durante su exilio en Babilonia, Ezequiel tiene una visión del trono de Dios rodeado por cuatro seres vivientes. Cada uno de ellos poseía cuatro caras: de hombre, de león, de toro y de águila. Siglos más tarde, en el Nuevo Testamento, el Libro del Apocalipsis escrito por el propio san Juan (Apocalipsis 4, 6-8) retoma esta visión mística. Juan describe el trono celestial custodiado por cuatro criaturas con alas y llenas de ojos: la primera similar a un león, la segunda a un toro, la tercera con rostro humano y la cuarta parecida a un águila en vuelo.

Fue a finales del siglo II cuando san Ireneo de Lyon comenzó a asociar estas figuras con los cuatro evangelistas, pero la interpretación definitiva que adoptaría la Iglesia occidental fue acuñada por san Jerónimo en el siglo IV, el erudito encargado de traducir la Biblia al latín (la Vulgata). Jerónimo razonó que la clave para asignar cada animal radicaba en la forma en que cada Evangelio inicia su narración.

El significado de los cuatro símbolos

A san Mateo se le representa con un hombre con alas o un ángel porque su Evangelio comienza detallando la genealogía humana de Jesucristo. Mateo se toma el trabajo de rastrear los antepasados de Jesús desde Abraham y el rey David para probar su linaje. Al iniciar enfocándose en la condición humana de Cristo y en su encarnación terrenal, la tradición consideró que el rostro humano (elevado a la categoría de ángel por su naturaleza divina) era el símbolo perfecto para su texto.

San Mateo y el ángel, por Caravaggio

San Mateo y el ángel, por Caravaggio

San Marcos está ligado al león debido al escenario del comienzo de su relato. El texto inicia con la predicación de Juan el Bautista, a quien describe como «una voz que clama en el desierto». El desierto de Judea era una tierra salvaje, inhóspita y peligrosa, el territorio por excelencia del león. La voz del Bautista, exigiendo con fuerza y autoridad el arrepentimiento antes de la llegada del Mesías, resonaba con la misma potencia y soberanía que el rugido de un león en la inmensidad de la estepa.

San Marcos y el león, por Francisco Sans Cabot

San Marcos y el león, por Francisco Sans CabotMuseo del Prado

El toro, un animal tradicionalmente vinculado al sacrificio en el templo de Jerusalén, es el emblema de San Lucas. El Evangelio de Lucas abre su primer capítulo en el ambiente sagrado del templo, narrando la historia del sacerdote Zacarías (padre de Juan el Bautista), quien se encontraba ofreciendo sacrificios e incienso ritual a Dios. Al ser el toro el animal de sacrificio por excelencia en la ley mosaica, se convirtió en el recordatorio visual del inicio sacerdotal de este libro y del posterior sacrificio redentor de Jesús en la cruz.

San Lucas y el toro, por Francisco Sans Cabot

San Lucas y el toro, por Francisco Sans CabotMuseo del Prado

Mientras que los otros tres evangelistas comienzan sus relatos a ras de suelo (hablando de genealogías terrestres, desiertos o templos), san Juan realiza un vuelo teológico inmediato. Su Evangelio arranca con una declaración majestuosa: «En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios». San Juan se eleva por encima de la historia humana para contemplar la eternidad divina de Cristo. Por esta capacidad de mirar de frente la luz de la verdad más alta, se le asignó el águila, el ave que vuela más alto y la única criatura que, según los antiguos mitos, era capaz de mirar directamente al sol sin cegarse.

San Juan y el águila, por Cosmè Tura

San Juan y el águila, por Cosmè TuraMuseo Thyssen-Bornemisza

Un mensaje de unidad en la diversidad

El Tetramorfo no es solo un código visual para identificar autores en las pinturas de las iglesias románicas o góticas; es una declaración teológica. Al fusionar a los cuatro evangelistas con estas criaturas celestiales, la tradición cristiana quiso transmitir que la verdad sobre Jesús no puede ser abarcada desde una sola perspectiva.

Se necesitaba la humanidad del Ángel, la fuerza del León, la entrega del Toro y la elevación espiritual del Águila para intentar retratar el misterio de una sola figura. Cuatro relatos distintos que, al unirse, cantan una sola historia de salvación a través de los siglos.

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