Pedro Sánchez en una imagen de archivo en la Moncloa
El silencio más clamoroso
Sánchez pasa la primera semana del juicio a Ábalos recluido en la Moncloa y no hablará hasta el martes desde Pekín
La estrategia consiste en mantener un perfil bajo mientras dure la tormenta en el Supremo
Este viernes por la tarde, el presidente viaja a Barcelona para clausurar un foro, pero no comentará nada. El miércoles salió un rato de su refugio, solo para grabar un vídeo de TikTok
La Moncloa despide estos días un silencio sepulcral. Pedro Sánchez se ha pasado las tres primeras jornadas del juicio a su exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE recluido en el complejo presidencial. Recibiendo visitas, pero sin hacer declaraciones. Como si el que se sienta en el banquillo del Tribunal Supremo no fuese el hombre que lo ayudó a llegar a la Secretaría General del PSOE primero y al Ejecutivo después.
Solo salió un rato el miércoles por la tarde, discretamente, para grabar uno de sus vídeos de TikTok, en concreto en el OXO Museo del Videojuego de Madrid. Este viernes por la tarde, el presidente abandonará por primera vez su refugio oficialmente para desplazarse a Barcelona y clausurar el Foro European Pulse 2026, en el que políticos y empresarios debaten sobre el futuro del viejo continente. Pero tampoco allí romperá su silencio. Solo está previsto que dé un discurso, según fuentes gubernamentales.
Las primeras palabras de Sánchez sobre el juicio al que fuera su megaministro no se esperan hasta el próximo martes, coincidiendo con la quinta jornada en el Supremo. Y se producirán a más de 9.200 kilómetros de Madrid. Concretamente en Pekín, a donde el presidente y su mujer se trasladarán este finde de semana para iniciar el lunes un viaje oficial de tres días con mucha carga política, como informó El Debate.
Su equipo ha programado una rueda de prensa del presidente para las 7.30 de la mañana, hora española (las 13.30 horas allí). Teóricamente para valorar su cuarto viaje a China en tres años. Sin embargo, allí sí le será imposible seguir evitando a la opinión pública, como ha hecho en la primera semana de vista oral, enclaustrado en la Moncloa.
El lunes, Sánchez no tuvo agenda. Ese día, varios ministros y dirigentes del PSOE salieron a los medios en el inicio del juicio de la operación Kitchen (contra la cúpula del Ministerio del Interior de Mariano Rajoy) para intentar empatar el caso PSOE. El martes, presidió el Consejo de Ministros y, sin salir de la Moncloa, mantuvo un encuentro con la líder de la oposición en Bielorrusia y otro con la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño.
El miércoles recibió en el complejo presidencial al presidente ejecutivo del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, y tampoco hizo declaraciones. El jueves no tuvo agenda. Y este viernes, antes de viajar a Barcelona, se entrevista con el presidente de Botsuana en la Moncloa. «El encuentro contará con cobertura gráfica», advierte la convocatoria. O lo que es lo mismo: nada que decir.
No es una coincidencia, sino una estrategia premeditada. La de mantener un perfil bajo mientras dure la tormenta en el Supremo. Porque en el Gobierno tienen dos discursos. El público, en el que repiten que ya han demostrado su tolerancia cero contra la corrupción y que es el momento de la Justicia. Y el privado, en el que reconocen que ver desfilar ante el tribunal a las amantes de Ábalos y demás personajes de la trama les hace daño.
El resumen de tres sesiones
Solo en las tres primeras sesiones de juicio ha quedado acreditado que dos mujeres fueron enchufadas en empresas públicas del Ministerio de Transportes por orden del ministro. Que la trama pagó a una de ellas, Jésica, el alquiler de un piso en la Plaza de España de Madrid durante casi tres años, a razón de más de 2.700 euros al mes. Que el único directivo que intentó rebelarse fue amenazado por Koldo García para que dejara en paz a Claudia Montes, contratada de forma irregular en Logirail.
A mayores, la empresaria Carmen Pano se ratificó en que llevó 90.000 euros en efectivo a la sede de Ferraz, y en que Ábalos quería un chalet en Cádiz a cambio de sus gestiones para Villafuel, compañía que necesitaba que el Gobierno le expidiera una licencia para operar en el sector de los hidrocarburos. Su hija y expareja de Víctor de Aldama declaró que Air Europa pagó a Aldama y a Koldo García medio millón de euros por el rescate. Y el hermano de Koldo, Joseba, admitió que fue dos veces a la sede del PSOE a recoger dinero en metálico.
De propina, el empresario Julio Martínez Martínez, amigo y empleador de José Luis Rodríguez Zapatero, se protegió y protegió al expresidente al negarse a declarar ayer en la comisión de investigación del caso PSOE en el Senado. Dio la callada por respuesta cuando le preguntaron si su empresa, Análisis Relevante, era una sociedad pantalla para que Zapatero cobrara una comisión por su supuesta intermediación en el rescate de Plus Ultra. El expresidente siempre ha negado haber tenido nada que ver con esa operación, pero Ábalos afirma que Zapatero fue el muñidor.