El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en el Comité Europeo de las RegionesJCCM

Page no ve ningún «drama» en acabar con el trasvase Tajo-Segura, pero ¿y los millones de personas afectadas?

El presidente castellanomanchego sustenta su postura en que el trasvase «ya estuvo inutilizado casi dos años» y que «el Levante español regó y bebió de la desalación»

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, se preguntó el miércoles: «¿Cuál sería el drama al que estaría abocado el Levante español si desapareciera, de repente, el trasvase?».

La pregunta la hizo desde Venecia, durante la Comisión de Recursos Naturales del Comité de las Regiones, en plena «escalada» de la posibilidad de dicha desaparición, después de la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a garantizar desde ya los caudales ecológicos previstos para el año 2027 en el Tajo.

Esta sentencia abre la posibilidad de una «enmienda a la totalidad» del trasvase como concepto y realidad. Una derogación, la suspensión del funcionamiento de una gran obra hidraúlica, de su sistema, de sus funciones y de su impacto económico y social que tendría consecuencias importantes, independientemente del «drama».

Es un capítulo más, uno avanzado, de la «guerra del agua» del Tajo, el río que todos quieren y del que casi todos beben. Page sugirió que no sería un «drama» la desaparición del trasvase, recordando que «ya estuvo inutilizado durante casi dos años», y «el Levante español regó y bebió de la desalación».

El coste de la desalación es aproximadamente cinco veces mayor que el del trasvase, por lo que, solo con esto, el «drama» económico, con todas sus afectaciones, se asoma. Hay una suerte de principio de cambio de paradigma (o de intento de) en la posición de Page cuando habla de «consenso en política agraria en el equilibrio de esta nueva etapa entre los factores ambientales y los factores agrarios».

El agricultor está empezando a preocuparse, pese a que la superficie de Castilla-La Mancha es enorme. Las plantas fotovoltaicas en tierras de cultivo son un buen ejemplo de esto, de la preocupación del agricultor y del principio de cambio de paradigma con el referido «equilibrio entre los factores ambientales y los agrarios».

Es un «equilibrio» que de primeras desequilibra al propietario de tierras al que expropian «por el medioambiente» y la «energía limpia». Pero, volviendo al trasvase, parece indudable que las zonas receptoras se verían seria y negativamente afectadas de forma casi inversamente proporcional a lo positivo que el propio trasvase ha supuesto para ellas en el casi último medio siglo.

Esto sí tiene, sin necesidad de demasiados análisis, tintes de «drama» para la parte recipiente en muchos aspectos, y no solo en los efectos perjudiciales para la agricultura, sino también en el abastecimiento de agua potable para los ciudadanos en tiempo de sequía, por ejemplo.

Y no es del que el trasvase estuviera inutilizado durante casi dos años, como dice Page. En realidad fueron distintos períodos, pero con máximos de unos meses entre paralización y reanudación y como consecuencia de importantes sequías y no de una situación sostenida y sostenible.

Las afectaciones de aquellas restricciones fueron variadas, según cada caso. Unas veces se suspendió el agua para riego, otras para el abastecimiento y otras por completo durante, como se decía, períodos de «solo» unos meses. Es de imaginar que Page plantea la desaparición con unas contraprestaciones en su «posición conservacionista en materia de agua», según aseguró el miércoles desde Venecia.

Pero no se sabe cuáles son, ni siquiera se imaginan teniendo en cuenta la cantidad de afectaciones que se presentan en la puerta con solo mencionar la cancelación de un trasvase que sería el desmoronamiento de un sistema y de una economía.

¿Qué sería de la huerta murciana? Cientos de miles de hectáreas de regadío dependen del trasvase. Para los propietarios de esas tierras ese sería el drama. Y para los transportistas y distribuidores, y así en una cadena lejana de millones de personas afectadas de distintas formas y con distintas gravedades.

La producción, el empleo, los costes, el suministro, la exportación... parecen sumas imposibles de restar en la operación de adiós al trasvase. Nada es imposible, pero lo posible, en este caso, parece que viene impepinablemente después del «drama» para el Levante por el que se pregunta Page.