Trasvase Tajo-Segura a su paso por Albacete

Trasvase Tajo-Segura a su paso por Albacete

El agua que no deja de salir de una Castilla-La Mancha sedienta, dividida y agraviada en guerras políticas

La reciente sentencia del Tribunal Supremo Tribunal Supremo obliga a aplicar de forma inmediata los caudales ecológicos del Tajo fijados para el año 2027. Para Page «el trasvase es historia tal y como se considera» en medio de conflictos con el PP

Nunca se ha ido el agua de la conversación y de la vida en Castilla-La Mancha (sí la misma agua de Castilla-La Mancha) en los últimos casi cincuenta años. El trasvase Tajo-Segura, como indica su nombre, «vacía» el abundante río Tajo para «llenar» el necesitado río Segura.

Bien para los murcianos y alicantinos de cultivos sedientos (ya no desde hace décadas) y mal para los castellanomanchegos que pierden inevitablemente su caudal y sus beneficios, un problema del que podría decirse precisamente que se ha «trasvasado» en múltiples direcciones en todo este largo tiempo desde que comenzó a funcionar el trasvase en 1979.

Las guerras políticas entorno al agua dividen incluso a los mismos partidos políticos, dependiendo de las regiones, en una cuestión difícil de entender y de explicar y llena de matices e intereses diversos. La Murcia del Partido Popular vio el pasado día 13 como su iniciativa de blindar los niveles del trasvase a los de 2014 no salió adelante en el Congreso.

El mismo PP castellanomanchego votó a favor de dicho blindaje en una decisión cuando menos llamativa y contradictoria para muchos por ser en principio perjudicial para su propia región, pero los detalles aparentemente incoherentes marcan la personalidad del asunto y las diferencias de percepción en todos los sentidos.

El Tajo contaminado y sin caudal

Unas diferencias que no son ni han sido ni mucho menos bloques a lo largo del tiempo, sino corrientes en el mismo, como las del mismo río, donde entran en juego contradicciones que influyen fundamentalmente en un acuerdo y una solución en este caso sobre un bien esencial.

En el principio la queja era común y simple: los excesivos (según los castellanomanchegos del PSOE y también del PP) volúmenes trasvasados que intentaron limitarse, pero el Congreso no lo permitió. El paso de los años ha producido consecuencias, ese «trasvase de secuelas multidireccional» del que se hablaba antes.

El Tajo está contaminado y sin caudal. Antes la gente se bañaba en sus abundantes y limpias aguas y desde los años setenta está prohibido. Los agricultores castellanomanchegos no disponen de («su») agua necesaria, quienes ven con indignación en muchos casos como viaja a las regiones beneficiadas.

El equilibrio no se alcanza y la guerra política hace que los bandos tiren desde sus propios extremos de la cuerda (que no son solo dos) para restablecer y mantener, respectivamente. A pesar de ser un bien esencial, los puntos de vista de la política, la responsable de solucionar el conflicto, se alejan de lo esencial para alcanzar lo social (donde se mete también lo ecológico y otras razones no precisamente prácticas) y alejarse con ello del acuerdo.

Del mismo modo que Murcia trató de blindar los niveles del trasvase, Castilla-La Mancha ha tratado de limitar los mismos. También establecer una reserva propia, intocable, para la región dadora (razón de ser del Pacto Regional de Agua, ahora en cuestión por los atávicos y también actuales cambios de criterio). Los distintos volúmenes transvasables, dependientes de distintas comisiones y organismos de las diferentes cuencas hidrográficas implicadas, también vienen a enredar esta madeja.

Con el paso de los años las insistencias han dado algunos (principios de) frutos. En 2022 el Ministerio de Transición Ecológica comenzó a limitar el trasvase. Limitaciones que prosiguen entre guerras políticas y territoriales, con el añadido de la acción de grupos vecinales, ecologistas y asociaciones de todo carácter que aportan sus propias perspectivas e intereses que vuelven a diversificar el problema, a enmarañarlo.

Los cambios políticos se suceden, los avances, si se quiere, en uno u otro sentido, pero el obstáculo permanece, como si fuese orgánico, patológico, irresoluble, en un tira y afloja que resulta en una parálisis que la sentencia del Supremo, por la que el Tajo ha de mantener un caudal mínimo, parece que podría empezar a mover. Para Page «el trasvase es historia», pero cualquier afirmación categórica al respecto parece aventurada a la vista precisamente de la historia.

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