Los Cortados de Villalba, en Cuenca

El pequeño pueblo de Cuenca al que llaman «la puerta al paraíso»

Es un nombre simbólico, pero real, porque a la localidad la rodean, entre otras maravillas, lo kárstico, con sus formaciones rocosas artísticas, o la serranía conquense con sus bosques, cascadas y lagunas

La puerta del paraíso es una obra del artista del Renacimiento italiano Lorenzo Ghiberti. Está en Florencia. Es una de las puertas del baptisterio, enfrente de la catedral de Santa María del Fiore.

Dicen que el nombre se lo puso Miguel Ángel, impresionado por su belleza y delicadeza. Vasari dijo que era la obra de arte más hermosa jamás creada. Mide cinco metros por tres de alto y en ella se muestran diez escenas del Antiguo testamento.

Puerta del paraíso de Ghiberti

Está hecha en bronce con una pátina dorada que realza los relieves maravillosos, similares a la figura de Han Solo cuando le congelan en El imperio contraataca. Esta es La Puerta del paraíso y luego está «la puerta al paraíso», que también es una obra, no de arte, pero sí humana.

Tragacete, en Cuenca, es el pequeño pueblo de apenas 200 habitantes llamado así porque a partir de él se pueden ver las obras de arte naturales de la serranía de Cuenca, como si fuera aquella espacial puerta a las estrellas (Stargate) a través de la cual se viajaba a otro mundo de otra galaxia.

Cuenca a veces, casi siempre, parece otro mundo e incluso otra galaxia por sus parajes incomparables de los que Tragacete es «puerta», la antesala de población de los tesoros en los que no vive nadie, en este caso la bienvenida despoblación castellanomanchega que preserva las joyas de su naturaleza.

Pascual Madoz dijo de él en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar que su clima era frío y «poco propenso a las enfermedades», que tenía «dos fuentes de buena agua» y que estaba «servida por un cura de primer ascenso y de provisión ordinaria».

«La puerta al paraíso» es un nombre simbólico, pero real, porque a la localidad la rodean, entre otras maravillas, lo kárstico, con sus formaciones rocosas artísticas, la serranía conquense con sus bosques, cascadas y lagunas. Sin duda un paraíso que permanece intocable, salvo por la mano de la naturaleza como la otra puerta florentina por la mano de Ghiberti.