'La Bicha' de Balazote

'La Bicha' de BalazoteMuseo Arqueológico Nacional

El enigma de la Esfinge de Balazote que los albaceteños llaman «bicha» y que desafía a los historiadores

La escultura del siglo VI a.C. presenta uno de los vestigios más importantes de la cultura íbera

En un lugar tranquilo de La Mancha se halló por casualidad en el siglo XIX una escultura que en su silencio aguarda grandes secretos. La piedra caliza tallada hace 2.500 años se atribuye a los íberos y tras casi dos siglos de múltiples estudios, sigue presentándose como un enigma donde su significado sigue sin estar del todo claro.

Los griegos a su llegada a la península denominaron como íberos a los pueblos indígenas, en referencia a los que se asentaban en el sur y levante del territorio. Lo poco que se sabe sobre sus costumbres, forma de vida y creencias viene de la mano de los escritos romanos y griegos, que dieron cuenta de algunas de las particularidades de estos pueblos, que por desgracia dejaron poca constancia de sus actividades.

Grecia da cuenta de los íberos

Sí se sabe gracias a los helenos, que el pueblo íbero compartía lengua, rituales religiosos y expresiones artísticas. Esta información la reflejan en algunos de sus escritos los historiadores griegos Heródoto y Polibio, este último de gran importancia en esta temática, ya que se conoce que habitó en la península ibérica durante las guerras celtíberas.

Gracias a ellos, entre otros, se puede llegar a una idea básica de la cultura íbera, que es llave clave para poder entender hallazgos como el de 'La Bicha' de Balazote.

Historia de un hallazgo asombroso

La escultura apareció, según se cree, en la zona del paraje de Los Majuelos dentro del término de Balazote, que ha unido por siempre su nombre a la pieza arqueológica. Corría cerca del ocaso del siglo XIX, concretamente 1879, año en el cual se registró la donación de un vecino de la villa a la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Albacete.

Seguramente, por la zona en que se halló y la espontaneidad del suceso, fue encontrada por algún agricultor faenando. Desde un principio se registró como ‘bicha’ y sobre este denominador hay varias teorías. La más sencilla pasa por la dificultad a la hora de denominar dicha talla, no es ninguna extrañeza, ya que en España al igual que se emplea la palabra bicho para insectos, también se da para determinar naturalezas extrañas y en este caso especial y única.

Por otra parte, se cuenta que podrían haber sido arqueólogos franceses que al creer que se trataba de la talla de una especie de ciervo, que en francés sería ‘biche’ si se trata de una hembra y podría haber sido adaptado a ‘bicha’ por los locales de la época, aunque parece más lógico el primer razonamiento.

La 'Bicha' como escultura

'Bicha' de Balazote

'Bicha' de Balazote

En un primer vistazo, se da cuenta de una suerte de híbrido entre hombre y animal. En este caso se trata de un toro androcéfalo o lo que es lo mismo, un toro con cara de hombre. La escultura está dispuesta en dos piezas, cuerpo y cabeza, de 93 centímetros de largo por 73 de alto.

La figura se encuentra en reposo, destacando la doblez de sus piernas al igual que lo haría un toro o una vaca, se aprecian con claridad las pezuñas y la cadera marcada a consecuencia de la postura tan representante de estos animales. La cabeza expresa la cara de un hombre de ojos grandes e inexpresivos, de cabello y barba larga, pero con orejas y cuernos de toro.

¿A quién representa?

El historiador Antonio García y Bellido dijo lo siguiente sobre la ‘bicha’: «Esta escultura es hija de helenos, y si se quiere, también nieta de fenicios y bisnieta de mesopotámicos». Con esta frase hace referencia a las grandes influencias que muestra del arte griego en su fase más arcaica y que coinciden con la hallada en Balazote, pero lo que sí es seguro es que la pieza en ningún caso sería griega y solo responde a lo íbero.

La pieza no está acabada, por lo que los arqueólogos tienden a pensar que se realizó para ser enclavada junto algún monumento, posiblemente funerario o religioso, como el también íbero sepulcro de Pozo Moro (Chinchilla).

Sepulcro íbero de Pozo Moro

Sepulcro íbero de Pozo MoroLuis Asín

En lo que se refiere a su significado se encuentra el mayor misterio. La mayoría de las teorías giran alrededor de una función protectora del lugar donde se encontraba, posiblemente un templo o tumba.

Aunque otra de las líneas de pensamiento alrededor de la escultura hallada en Balazote y que mejor refuta su idea, explica que podría tratarse de una representación de la fertilidad. En la antigua Grecia existió una gran corriente de adoración al dios Aqueloo, padre de los cursos fluviales, ríos y náyades. En la época, gran parte de la fertilidad o fecundidad dependía del agua del lugar, y los griegos representaban a la divinidad con cuerpo de toro y cabeza de hombre.

Esta representación viajó a Italia e Iberia, por lo que es muy posible que los íberos la acogieran entre sus creencias y, por tanto, lo representaran de la misma manera con la intención de rendir culto a este dios padre de la fertilidad, que protege y que vela por la salud.

Aqueloo es la divinidad griega personificada más antigua ligada a lo acuático y en algunas narraciones clásicas como las de Hesíodo, se dice que recibió estos poderes del mismo Poseidón. Otras de las referencias que acreditan esta posible respuesta son monedas griegas y mosaicos romanos que también representaron al dios con la forma que vemos en la misteriosa ‘Bicha’ de Balazote.

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