Arco de San Francisco en Pastrana

Arco de San Francisco en PastranaSantiago López-Pastor

El sorprendente pueblo de La Alcarria donde Cela terminó su viaje y que esconde su propio Albaicín granadino

El barrio fue además un ejemplo primigenio de lo que hoy se llaman ensanches: un ensanche en el XVI, toda una modernidad

Contó Camilo José Cela en su libro maestro Viaje a La Alcarria que llegó a Pastrana «con las últimas luces de la tarde». Una mira el pueblo de lejos, o la villa, o la ciudad y los alrededores se dan un aire un poco más oscuro, menos blanco, al Albaicín de Granada, el barrio árabe de la metrópoli de La Alhambra.

El barrio del Albaicín de Granada

El barrio del Albaicín de Granada

Casi las mismas casas juntas, sin Sierra nevada que las refresque, aunque sí con cerros y montes que hacen las veces y arroyos que recuerdan la cultura del agua de la grandiosa y bella ciudad nazarí.

Moriscos de Granada en Guadalajara

Pastrana se parece al Albaicín, pero no solo por el aire curioso que se da en su mutua lejanía, sino porque verdaderamente tiene su propio barrio del Albaicín. Lo creó Ruy Gómez de Silva, el primer duque de Pastrana, en el XVI, llevando a cientos de moriscos a sus dominios para trabajar en la industria de la seda y del tapiz.

El Albaicín de Pastrana

El Albaicín de Pastrana

La mayoría eran del Albaicín de Granada, así que se decidió llamar igual al nuevo barrio pastranero, que fue un ejemplo primigenio de lo que hoy se llaman ensanches. Un ensanche en el XVI. Toda una modernidad. Algunas de las casas del ladrillo típico morisco todavía se conservan en la Pastrana del XXI. En su insólito Albaicín castellano en cuyo centro está la plaza de toros que en su día fue la plaza del antiguo mercado morisco.

Las hilanderas de Velázquez

Las Hilanderas de Velázquez

Tan importante fue esta industria alcarreño— granadina de la seda que el mismo Cela dijo que «Hay quien dice que Las Hilanderas de Velázquez, representan un telar de Pastrana», el lugar que nadie ha descrito mejor que el escritor de Iria Flavia en su caminar mítico donde se habla de la omnipresente Guardia Civil, de las muchachas y de los niños o de don Mónico, el alcalde.

Palacio Ducal de Pastrana

Palacio Ducal de Pastrana

Y de la plaza de la Hora donde una de sus puertas lleva al Albaicín y donde está el palacio de los duques «que da pena verlo» (se terminó a finales del XX, medio siglo después de cuando lo describió el Nobel), donde murió la princesa de Éboli. Y de Moratín, que escribió en la localidad su Sí de las niñas, y de sus iglesias y del convento y de su medievalismo esencial que con los siglos tuvo su particular ensanche del Albaicín, y donde en realidad Cela no acabó su viaje, sino en Zorita de los Canes, «donde mandó Alvar Fáñez», el lugarteniente de El Cid.

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