Coppi recibe a Bahamontes en su triunfo en el Tour de Francia
El día que Coppi convenció a Bahamontes de ganar el Tour de Francia en una cacería en Talavera de la Reina
El legendario ciclista italiano aconsejó al 'Águila de Toledo' olvidarse de la montaña para poder pelear el maillot amarillo
El ciclismo ha tenido desde los principios de su existencia, la capacidad de escribir muchas de las más grandes hazañas, fanfarronadas, canalladas e incluso relatos de complicada credibilidad. La realidad supera con creces cualquier imaginativo y pocas de estas historias añejas pueden desmentirse. Ciclistas que esconden peroles de bacalao en el recorrido, asaltos a bares y tiendas por parte del pelotón o incluso competiciones enajenadas por lograr la maglia nera como premio al último clasificado en el Giro.
Estos son solo algunos ejemplos de una enorme cantidad de avatares, disparates y malandanzas que han acompañado siempre a las grandes gestas del que seguramente es el deporte más icónico y epopéyico del mundo.
El primer gran ciclista español, aunque los hubo antes sin el merecido reconocimiento, fue Federico Martín Bahamontes. Un hombre que volcó totalmente su personalidad a su estilo de pedalear. Un humor inabarcable y casi anacrónico desde el mismo día en que nació. Sus padres le bautizaron como Alejandro, pero su tío se saldría con la suya y el empeño porque llevara su nombre ha trascendido a nuestros días.
Bahamontes en su época como ciclista aficionado
Alejandro o Federico nació en 1928 en la Val de Santo Domingo, a unos 30 kilómetros de Toledo, donde acabarían mudándose apenas seis meses después de su venida. Su juventud estuvo marcada por la posguerra y bien joven ingresaría en el taller de bicicletas de Moisés Alonso. La bicicleta hallaría a un buen amigo y sobre ella, Bahamontes repartía en diferentes comercios y contribuía a la economía familiar también dedicándose al estraperlo.
Apodado en sus inicios como el 'Lechuga' por encontrarse siempre entre col y col, siendo col la palabra referida a puerto de montaña en francés (colline), como contó en una de sus última apariciones en 'La Resistencia', Bahamontes encontró una fuerte afición a las carreras amateur.
En una historia de victorias encadenadas, que daría para varias líneas, el talento se consideró innato y a ritmo de martillo se forjó un nombre en el pelotón hasta llegar en 1954 a su primera participación en el Tour de Francia.
El excentricismo de un helado de vainilla
En su primera participación dejó claro su idilio con la montaña y arrasó en cimas ya por entonces legendarias como el Aubisque. Con 95 puntos sumó el primero de los seis maillots de la montaña concedidos al mejor escalador. 'El Lechuga' ganaba respeto y admiración por su habilidad como escalador, pero quedaba fuera de las quinielas de la general por su irregularidad en descensos y llanos donde perdía toda la ventaja adquirida en subida.
En su primer año se ganó una fama que prácticamente le ha perseguido hasta el final de sus días. Llámenlo excéntrico o vanidoso, Bahamontes no le perdía la cara a nada y en su primer Tour coronó el Col de la Romeyère con varios minutos de ventaja sobre sus rivales, para ante el asombro de la prensa y aficionados presentes, bajarse de la bicicleta para dar unos lametazos a un helado de vainilla.
Dibujo de Bahamontes con el famoso helado
La realidad que acontecía al ciclista español refleja el estoicismo que presentaba ante las adversidades. Según contaba el propio Bahamontes a Perico Delgado en un programa de TVE, ese día encabezaban la fuga él y otros tres ciclistas. El coche de uno de sus acompañantes subió hasta su altura para decirle, al ciclista de dicho equipo, que no tiraran porque Bahamontes les iba a dejar subiendo y en el momento en que el coche por fin les sobrepaso, una piedra saltó y rompió dos radios de la bicicleta del 'Águila de Toledo'.
En ese momento, contaba el ya fallecido ciclista que decidió atacar destensando el freno, pero que al llegar a la cima en solitario consideró una locura atacar el descenso asumiendo el peligro de no poder frenar con normalidad. Por ello, el toledano paró a esperar a su coche de equipo para reparar la bicicleta, auxiliarse del calor con un helado y esperar la ayuda mecánica para proseguir la etapa. Eso sí, la fama de excéntrico ya le perseguiría de por vida.
Coppi convenció al 'Rey de la montaña'
Como si de un chiste se tratara, un italiano llegó a una cacería en Talavera de la Reina. Resultó ser, nada más y nada menos, que el legendario ciclista italiano Fausto Coppi. Emperador del ciclismo por antonomasia en la época hasta el deslumbrar de Eddy Merckx. Era una jornada otoñal y se cuenta que tras cazar un puñado de perdices, liebres y conejos, se sentaron frente a un plato de migas manchegas, Coppi le ofreció su patrocinio y además le dio un consejo que cambiaría su vida.
El ciclista italiano aseguró a su compañero de cacería que si se olvidaba de la montaña «también podría ganar, si sabía dosificar y racionar los esfuerzos» el maillot amarillo que viste el campeón del Tour de Francia. Finalmente accedió y firmó por el equipo del italiano llamado 'Tricofilina Coppi' tras la cacería donde también estuvieron presentes Miguel Poblet y Raphaël Géminiani.
Coppi y Bahamontes vestido de amarillo
En la época en que Bahamontes se sumergió en el pelotón del Tour, se corría en equipos nacionales. La escuadra española afectada por el bloqueo y racionamiento que vivía España, se presentó a la salida de 'La Grande Boucle' con material de tercera y más preocupados por recolectar los recambios que belgas y franceses desechaban para venderlos a su vuelta a España.
El país envuelto en una situación carente de carisma, pedía a gritos la figura de un héroe nacional. España los encontraría en la raqueta de Manolo Santana y en los pedales de un Bahamontes, que estaba apunto de hacer historia. Coppi condicionó que el toledano prestara más atención a las primeras etapas y el ciclista llegó a la montaña con seis minutos de desventaja, lo que era poco tiempo en la época.
En la primera jornada montañosa se dejó hasta cuatro minutos en el ascenso al Tourmalet en los Pirineos. Aquí aparecería uno de los grandes condicionantes de la victoria que estaba por venir. El equipo francés con una constelación de estrellas en sus filas como Anquetil, Rivière o Mahé, no se entendía y dejó escapar la ventaja. El 'Águila de Toledo' seguía con vida.
Justo en la siguiente jornada, el toledano no asumió novedades, pero un semiprofesional francés llamado Henry Anglade hizo la guerra por su cuenta, ganó la etapa y sumó serias opciones de victoria en la general. El equipo francés explotó.
Bahamontes con Charly Gaul a rueda
La cronoescalada del Puy du Dôme escribiría las primeras palabras de la leyenda. El flaco español, catalogado incluso como 'genio del hambre', ganó la etapa en una exhibición para el recuerdo y se puso a cuatro segundos del amarillo dejando a un minuto a Gaul y a más de tres a Anglade, Anquetil y Rivière. Tres días después y rumbo a Grenoble, Bahamontes se alió con Charly Gaul y mientras los franceses discutían quien debía sacrificarse, aquel conocido en Toledo como el 'Lechuga', dinamitó el Tour.
Caprichos del destino, lo hizo en el mismo puerto donde en 1954 paró para presentarse al mundo del ciclismo comiéndose un helado. La etapa fue para Gaul y el amarillo para Bahamontes, que lo defendería con nueve minutos de ventaja en el bolsillo hasta llegar al Parque de los Príncipes como primer español ganador del Tour de Francia y figura heroica nacional.
Federico Martín Bahamontes dejó el mundo terrenal en 2023 a los 95 años. Su legado perdurará eternamente entre 'col y col' de la geografía francesa. Una 'Grande Boucle' que no puede escribir su historia sin dedicar capítulos de oro al que por seis veces fue 'Rey de la Montaña' y que por empeño del legendario Coppi soñó con ser el primer español en ganar el Tour de Francia.