Ilustración del incendio del Alcázar el 15 de enero de 1887

Ilustración del incendio del Alcázar el 15 de enero de 1887Juan Comba / La Ilustración Española y Americana XXXI

La historia envuelta en llamas: los tres grandes incendios a los que sobrevivió el Alcázar de Toledo

Restos cerámicos y diferentes utensilios hallados, sitúan en el lugar la presencia del pueblo romano, que ubicó el palacio del pretor justo donde se alza el Alcázar

Los avatares de la historia del Alcázar plantean por milagroso que todavía se mantenga en pie. Con vestigios de casi dos milenios de historia, cuesta encontrar un suceso que no haya acontecido entre sus muros. Todos los pueblos presentes en la historia de la Península, desde los romanos hasta hoy, han dejado su huella en uno de los símbolos más icónicos de Toledo.

A lo largo del tiempo, han variado sus fines y actividades. Ha sido palacio, residencia real, fortaleza y hasta prisión, aunque su objetivo principal siempre ha estado dirigido a la defensa del lugar. Actualmente es la Sede del Gobierno Militar, Museo del Ejército y también Biblioteca Regional.

Sin duda esta es su época más tranquila y después de mucho tiempo pueden descansar sus piedras, tras un largo camino en el que ha estado a punto de desaparecer en varias ocasiones. De todos los peligros acontecidos, obviando el asedio durante la Guerra Civil, han sido tres incendios los que han puesto en jaque al edificio.

El Alcázar antes de los incendios

Restos cerámicos y diferentes utensilios hallados, sitúan en el lugar la presencia del pueblo romano, que ubicó el palacio del pretor justo donde se alza el Alcázar. Muestra de ello traen los restos de muros e incluso fragmentos de un mosaico que adornaría el suelo.

La pretoría romana del siglo III cambiaría de manos a la llegada de los visigodos y sería Leovigildo el encargado de nombrar Toledo como capital en el 568. A su alrededor se construyeron iglesias conocidas como 'pretorienses' por su cercanía al palacio romano y los nuevos pobladores podrían haber enterrado a reyes como Wamba en la iglesia de Santa Leocadia.

Los musulmanes reconstruirían el lugar, aunque se desconocen muchas de sus características, por medio de Abd al-Rahman II en el 836 y más tarde por Abd al-Rahman III. Con función de fortaleza recibiría el nombre de 'Al Qasar' que perdura hasta nuestros días.

La Reconquista cristiana no tardaría en aprovechar el enclave defensivo y con la toma de la ciudad por Alfonso VI, se erigió una nueva fortaleza sobre los muros levantados por los musulmanes. Sus sucesores al trono seguirían embelleciendo y fortaleciendo el edificio, siendo Alfonso X 'El Sabio' el encargado de finiquitar la fachada oriental y de ordenar la construcción de cuatro torres en sus esquinas.

Con Al-Ándalus herido prácticamente de muerte en el siglo XIV, el Alcázar pasó a ser residencia real durante los reinados de Pedro I 'El Cruel' y sus sucesores hasta los Reyes Católicos. A la llegada de Carlos I, el Alcázar tomaría su forma definitiva, la más parecida a la que se ha ido remodelando tras los diferentes incendios. Tres arquitectos, Alonso de Covarrubias, Francisco de Villalpando y Juan de Herrera, se encargarían de la remodelación en 1535. De esta manera tomaría forma de residencia real, por entonces mirada de un Imperio, que mostraba el poderío de los Austrias. La decisión sería poco más que simbólica, porque con el reinado de Felipe II se trasladó la corte a Madrid y nunca regresaría a Toledo.

Guerra de Sucesión

La muerte de Carlos II sin vástagos a los que heredar su corona, provocó la Guerra de Sucesión Española entre 1701 y 1715. La continuidad del Imperio estaba en juego entre Borbónicos a favor del nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou, y los Austracistas en armas por Carlos de Habsburgo. Los Borbones contaban con el evidente favor francés y una mayoría española que veía con buenos ojos su victoria. Enfrente, una alianza poderosa formada por Austria, Gran Bretaña y la República Neerlandesa.

Como bien es sabido, la Casa de Borbón se haría finalmente con el trono, pero por el camino quedaron heridas como la del incendio del Alcázar en 1710. El avance de la contienda derivó en la entrada de las fuerzas austriacas en Madrid, pero la presión borbónica obligó a Carlos de Habsburgo a replegarse en Barcelona. Por contra, sus tropas partieron a Toledo encabezadas por Starhemberg, que utilizaron el Alcázar como gran depósito de víveres.

La población se levantó en armas contra el ejercito austriaco, obligado a refugiarse en el edificio para finalmente huir a la noche, no sin antes prender fuego a la fortaleza. El incendio se alargó durante días acarreando graves daños y salvándose únicamente el cuarto del rey, la capilla y las cuatro torres. El edificio quedó abandonado y tuvieron que llevarse a cabo derrumbamientos controlados para evitar que un mal día terminara por derruirlo por completo.

Finalmente, en 1774 el Alcázar pasaría a ser una casa caritativa, que se completó en 1776 por orden del cardenal de Toledo, Francisco Lorenzana.

Guerra de la Independencia

El suceso durante la Guerra de la Independencia contra los franceses resulta, de los tres, el que más dudas deja. Diferentes versiones señalan varias posibilidades para justificar el incendio. En 1810, el 31 de enero para ser exactos, un virulento fuego se apoderó del lugar reduciéndolo a su estructura principal.

Las tropas napoleónicas ocupaban el Alcázar que usaron también para guardar reservas de artillería. Aunque no se conocen con certeza las causas, los franceses fueron señalados como culpables y por suerte, el incendio no fue a mayores. Si la gran cantidad de pólvora custodiada en sus entrañas hubiera explotado, media ciudad podría haber quedado arrasada.

Otras teorías dudan de la culpabilidad francesa. Una creencia popular defiende que los soldados lejos de haber prendido fuego al Alcázar, se encontraban fuera de la ciudad y al enterarse del incendio regresaron desalojando a marchas forzadas los cargamentos de pólvora para evitar la explosión.

Culpa de unos o de otros, el Alcázar quedó en su esqueleto y su restauración como Academia Militar quedaría finalizada en 1882. El nacimiento de la fotografía permite ver las ruinas resultantes del incendio de 1810 gracias a las fotos del irlandés, Edward King, y el alemán, Oppenheim.

Una de las primeras fotografías de Toledo donde se aprecian aun los daños en el Alcázar (1852)

Una de las primeras fotografías de Toledo donde se aprecian aun los daños en el Alcázar (1852)Edward King Tenison

El incendio de 1887

La reconstrucción tras la Guerra de Independencia fue motivo de alegría para los toledanos de la época. Isabel II aprovecharía para encumbrar grandes momentos de la historia de España, durante el reinado de Carlos I, en el Salón de Honor. Además, se colocaría una estatua de él hecha en bronce y en 1878 quedaría instalada la Academia de Infantería.

La alegría duró un suspiro, porque en 1887 llegaría el peor de los tres incendios. El fuego arrasó el edificio casi por completo, tras su restauración tan solo cinco años antes. Testimonios de la época dan cuenta de un incendio incontrolable y nunca antes visto. Una fuerza devastadora que perduró durante tres días con total virulencia y que no pudo sofocarse hasta pasado un mes.

El incendio se originó en la biblioteca existente desde 1878 con motivo de la llegada de la Academia de Infantería. El Alcázar se tambaleaba más que nunca, pero precisamente cuanto más herido estaba, más rápido tuvo lugar su resurrección. En 1900 la Infantería ya estaba de nuevo operativa en las instalaciones, aunque de nuevo sería por poco tiempo. El fuego daría tregua, pero la Guerra Civil estallaría en 1936 dejando a su paso el Alcázar prácticamente destruido.

El Franquismo lo mencionaría con letras de oro en el relato de su triunfo y lo restauraría con la apariencia actual. Unos muros que han servido de múltiples tareas y que por avatares del tiempo se han convertido en símbolo de la resistencia y resiliencia española.

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