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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Carta a un hombre enamorado

Tienes razón, Pedro, robar de las mascarillas en plena pandemia, la guerra sucia a una adversaria, enchufar como catedrática a una tía sin título… todo es normal

Admirable Pedro, sabedor de que te encuentras de visita en Pekín, como Marco Polo y Putin, y conocedor de que gustas del género epistolar, con el que tantas veces nos iluminas y conmueves, me atrevo a garabatearte esta humilde misiva. Oso escribirte a sabiendas de lo muy ajetreado que estás en tu cumbre planetaria con Xi Jinping, ese faro de libertad, con el que según el Telediario de TVE mantienes «una absoluta sintonía». Con estas amistades, y con el aplauso de Hamás y la pegata de tu efigie en los misiles iraníes, raro será que este año no te caiga el Nobel de la Paz.

Reconozco, oh Pedro, que he sido un disidente contumaz. Pero he sentido una epifanía progresista y hoy confieso mi error. El hecho que me ha abierto los ojos ha sido el dolor de hombre profundamente enamorado que aflora en tu rostro cada vez que ese juez ultra intenta golpear el buen nombre de tu amada, nuestra seudo primera dama y tetraimputada. Como bien ha dicho la ministra portavoz, en una cerrada lucha con Bolaños y Puente por ver quién te hacía más la pelota, «Begoña Gómez es una mujer de trayectoria intachable» y «víctima de un procedimiento que desprestigia profundamente a la justicia».

Cuando una periodista se atrevió a preguntarte por ella en China, le respondiste, con un careto de cabreo cósmico, que «la justicia hará justicia» y que el tiempo «va a poner todo y a todos en su sitio» (esta vez se te pasó el obligado «todos y todas», pero te disculpamos, porque un enamorado herido por las villanías de la ultraderecha puede olvidarse hasta de la jerga inclusiva).

Pedro, tienes razón: todo es normal y estamos ante una cacería. Es normal que tu ministro estrella se lucrase con mordidas en el material sanitario mientras morían miles de españoles y que tú, que eras el presidente, no asumas responsabilidad alguna. Es normal que tus dos hombres fuertes en el PSOE fuesen unos choris que han pasado por la trena y también que circulasen por Ferraz fajos de billetes. ¿Qué problema hay? Ninguno. Tú ya has pedido disculpas: «Son las cinco, y no he comido».

Es absolutamente normal que a una paisana que no tiene título universitario le regalen una cátedra extraordinaria en la Complutense. El que no tiene una es porque no la pide. Es normal que una funcionaria de Moncloa ayudase a tu mujer en sus negocietes particulares. Es normal que Begoña, aprovechándose de tu cargo, le pasase la boina a las grandes empresas para que le financiasen sus aventurillas. Y es normal que pidiese pasta para un software para la Complutense y luego lo registrase a su nombre con toda la jeta. Solo un ultra como Peinado puede ver algo raro en todo eso.

Por supuesto es normal que persigas al juez, al que le has calzado dos querellas por prevaricación sin éxito alguno (se conoce que en las instancias superiores también son todos ultras). Es normal que el ministro de Justicia se cisque en Montesquieu y ponga a parir al juez, y hasta se permitan anunciar que le van a tumbar el procesamiento. Es normal que el energúmeno que todavía ocupa la cartera de Obras Públicas, cuya negligencia en el mantenimiento de las vías han provocado la muerte de 46 personas, salga a la rueda de prensa del consejo de ministros a propinar también mamporros al magistrado. Es normal que personal dependiente de ese ministro faltón se llevase de madrugada algunas pruebas del accidente de Adamuz sin dar aviso, según señala la Policía Judicial.

Por supuesto es normal que hayas enchufado a tu hermano a través del PSOE extremeño para que cobrase de la teta pública de la Diputación sin ir a currar. Y es muy normal que tributase en Portugal desempeñando su labor en España, o que lo tuvieses alojado a hurtadillas en la Moncloa. También resultará normal la condena que le va a caer tras el juicio que empieza el mes que viene, y será súper normal que tú no te des por aludido, aunque eres el condimento que liga todas las salsas corruptas que estamos digiriendo.

Es normal que tu fiscal general, que dependía de ti, según alardeabas en RNE, esté condenado por un caso cutre de guerra sucia política contra tu adversaria Ayuso. Y es muy normal que con tu mal perder y tu colérica mala leche busques la revancha y ya hayas puesto en marcha la maquinaria para que lo indulte tu Pumpido en el TC (reconvertido en un tribunal de casación para dar coces «progresistas» al Supremo).

Es normal gobernar sin presupuestos fumándose la Constitución, legislar a decretazo limpio y deberle el poder a separatistas que odian a España. Es normal que el presidente meta la zarpa en las empresas para someterlas a sus designios, como hacía el añorado Chávez (otro del «lado correcto de la historia», como Xi y tú). Es normal que hayas recuperado como mascota del PSOE al turbio intermediario Zapatero, amigo de dictaduras y con un horizonte judicial más oscuro que el cielo de una tormenta de noviembre en mi Coruña natal. Y es absolutamente normal que te comportes como un déspota que no atiende a los medios que no son de su cuerda, o que no puedas pisar una calle y circules con una escolta de sátrapa.

Todo es normal. Así que avanti, camarada, que no nos frenen jamás la ley, la moral y el sentido común.

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